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Los principios teológicos que deben guiar la consejería

En estos días he disfrutado de meditar con los estudiantes del Seminario Bautista Confesional del Ecuador sobre las clases del pastor Jim Savastio sobre la teología pastoral. Hoy, consideramos el tema de la consejería pastoral y, aprovechando la excelente enseñanza de la clase, quise compartir con los estudiantes del seminario este artículo sobre principios de consejería pastoral que escribí hace unos meses. A través de Legado Bautista Confesional lo ponemos a disposición de todos aquellos que anhelen meditar un poco más sobre estos aspectos.

Introducción

El deseo de bienestar es una realidad humana. Todos buscan bienestar en su propia vida. Aconsejamos a otros con el propósito de brindarles ese bienestar. Sin embargo, la visión que el hombre tiene del hombre es deficiente porque solo puede hacer una observación “externa”, no tiene la capacidad de responder las preguntas más importantes sobre por qué el hombre hace lo que hace. Los principios que gobiernan nuestra consejería no pueden limitarse a meras especulaciones u observaciones del comportamiento externo, necesitamos una visión mucho más profunda que nos permita llegar al verdadero problema del hombre. La Palabra de Dios tiene la facultad de decirnos quién es el hombre, cuál es su verdadera necesidad y cómo puede vivir una vida plena en la tierra. Ella constituye el fundamento de los consejos que damos a otros. Por lo tanto, consideremos los principios teológicos que deben guiar nuestra consejería a otros.

1. Las Consecuencias Fatales de La Caída

¿Por qué el hombre hace lo que hace? En la psicología se ha buscado responder a esta pregunta de diversas maneras. Sin embargo, sus intentos son solamente una visión externa, superficial y a ciegas. La única manera de saber por qué el hombre actúa como actúa es desde una perspectiva interna, mirando su corazón.

¿Qué dice la Biblia sobre la Caída y la condición actual del corazón del hombre? Nos enseña que el hombre fue creado recto y perfecto, con una voluntad natural y el poder para actuar por elección propia, para querer y hacer aquello que era bueno y agradable a Dios. Sin embargo, por el pecado, cayeron de su justicia original y de su comunión con Dios. Por el hecho de que Adán era la cabeza representativa de la raza humana, cuando él cayó, todos nosotros caímos en él.

Por causa de este pecado, la muerte sobrevino a todos, viniendo a estar todos muertos en pecado y condenados a la muerte eterna. Además, todas nuestras facultades fueron corrompidas por completo. Por esta razón, el hombre ha perdido enteramente toda capacidad de la voluntad para cualquier bien espiritual que acompañe la salvación; está completamente opuesto a ese bien y muerto en pecado; no puede por sus propias fuerzas convertirse a sí mismo ni prepararse para ello.

Pero ¿cuáles son las implicaciones de las fatales consecuencias de la Caída? Que la verdadera fuente de la miseria humana es el pecado, que el pecado no tiene que ver con algo externo, pues es consecuencia de lo que el hombre es en su interior; que los pensamientos del hombre tienden siempre a buscar el problema fuera de sí, en otras personas y en las circunstancias, con el propósito de justificarse (consciente o inconscientemente). Que los problemas “más urgentes” y que traen “desesperación” a los hombres no son necesariamente su problema “más grave”. Todo hombre es pecador; está sumergido en una naturaleza pecaminosa; tiende a justificar sus acciones y a esconderse detrás de la culpa de otros; está luchando con aspectos resultantes de la maldición (conductas pecaminosas, luchas en su mente, culpabilidad, etc.) y la solución a su problema no puede ser simplemente un cambio de conducta, necesita una transformación.

Esto nos lleva no solo a tener una perspectiva correcta que ayudará a quien necesite ser aconsejado, sino también a nosotros, quienes aconsejamos. ¿Cuál debe ser la actitud y la disposición hacia personas así? Primero, sentir compasión por todos los hombres por entender su condición (que es igual a la nuestra). Segundo, tener una visión correcta de los hombres que nos libre de idealizar y nos dé un corazón capaz de amar en vez de sentirnos defraudados. Por ejemplo, al ver a un hombre luchando con su pecado y tratando de honrar a Dios, tener la certeza de que no estamos viendo a un hombre de Dios fracasando en su vida, sino a uno que está en su proceso de santificación. Tercero, entender que todos necesitan ser aconsejados.

2. La Conexión Inseparable entre el cuerpo y el alma

Tenemos que hacer una distinción entre alma y cuerpo, pero, al mismo tiempo, mantenerlas estrechamente relacionadas en nuestra mente, porque siempre tienen implicaciones entre sí.

¿Qué dice la Biblia sobre el alma y el cuerpo? De manera general, existen 2 posturas sobre la composición del hombre: la tricotomía y la dicotomía. Creemos que la postura correcta es la dicotomía por las siguientes razones. Primero, porque las palabras espíritu y alma aunque son distintas, se usan de manera intercambiable en la Palabra de Dios, pues apuntan a las mismas funciones en el hombre, esto es: su parte inmaterial (Luc. 1:46–47; Job 7:11; Jua. 13:21; 11:33; 12:27; Mat. 26:38). Segundo, porque no hay una separación del alma y el espíritu en el estado intermedio. En otras palabras, ¿qué parte del hombre está hoy en el cielo? Lo que está en el cielo es el alma o espíritu de los creyentes, que es lo mismo (Heb. 12:22–24; Apo. 6:9–10).

La conexión entre cuerpo y alma es muy importante en la consejería. La una repercute en la otra. Por ejemplo, considera a una persona que tiene un problema de ansiedad sobre su trabajo y comienza a experimentar un cambio fisiológico. Duerme poco, come mucho o poco y pasa mucho tiempo en el trabajo, inevitablemente su cuerpo comenzará a desarrollar ciertos patrones que manifestarán un problema físico. En la consejería bíblica debemos enfocarnos en su alma (es decir, aquellos pecados que lo llevan a comportarse de esa manera) pero sin dejar de considerar el impacto que el cuerpo pudiera tener en ello. Considera el ejemplo bíblico que encontramos en el Salmo 32:3–4 y el Salmo 31:9–13. El cuerpo y el alma están unidos entre sí de tal manera que, aunque son distintos, el uno afecta al otro.

Por lo tanto, saber esto nos permite considerar lo siguiente. Primero, que debemos enfocarnos en el verdadero problema del hombre, que es su corazón, su pecado. Segundo, que no debemos dejar de considerar la posibilidad de que algunas cosas sean el resultado del cuerpo afectando el alma. Esto puede ir desde lo más simple, hasta lo más complejo como la depresión y/o la ansiedad.

3. La centralidad indispensable de Cristo como salvador y modelo

La centralidad de Cristo significa que todo consejo cristiano está verdaderamente conectado a Él. De hecho, si nuestro consejo no está vinculado a Cristo, no es consejería cristiana. Ahora bien, la expresión “Cristo es la solución”, aunque es completamente verdad (y es de lo que se trata este punto), no debe ser tomada de manera simplista. “Cristo es la solución” no significa que rechazamos la necesidad física que algunos pudieran tener. No significa una predicación “escueta” del evangelio, sino la aplicación del glorioso evangelio a la vida de las personas, de manera que, así como un rayo aclara la verdadera ubicación de las cosas en una noche de lluvia y oscuridad, así también el evangelio muestra la verdadera condición del alma, su necesidad y a Cristo como la solución última.

¿Qué pasa cuando aconsejamos de una manera en la que Cristo no es indispensablemente el centro? Pasamos por alto el verdadero problema del hombre. ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Qué dice la Biblia? ¿Cómo lo perciben los hombres? Considera esta ilustración. Una niña que estaba jugando en el jardín de su casa sufre un accidente. Mientras corría, su pie se enredó en unas plantas y su cuello fue lastimado por unas puntas que sobresalían de un árbol. Su cuello comenzó a sangrar y comenzó a gritar por ayuda.

Cuando su madre llegó a atenderla, llamó de emergencia a unos paramédicos. Cuando estos llegaron, vieron que al herida estaba muy cerca de una de las arterias principales y que la vida de la niña corría peligro. Mientras los paramédicos hacían todo el trabajo de atenderla, la niña pedía con urgencia que le quitaran la astilla que tenía en su dedo porque le dolía mucho. Aunque la escucharon, no se apresuraron a quitarle la astilla hasta que su herida principal no estuviera sanada.

Así son los hombres con respecto a sus problemas. Son capaces de ser conscientes de los problemas que tienen, sentirse abrumados por ellos, pero no son capaces de ver su verdadera herida. En definitiva, la gracia del consejero es guiar toda necesidad a su verdadera solución, que es: Cristo. Todos los problemas se derivan de la forma en la que me relaciono con Cristo, tanto en los creyentes como en los que no lo son.

Puedes pasar toda tu vida aconsejando a la gente cómo vivir mejor, pero llegará el día en que se encuentren cara a cara con su principal problema. El día del juicio, todos los problemas que se experimentan en la tierra serán solamente un recuerdo insignificante ante los ojos flameantes del juez eterno. Pasamos por alto el verdadero propósito de la vida. Cuando Cristo no es el centro de nuestro consejo para la vida de las personas, insistimos en guiar a los hombres a poner su mirada y empeño en cosas transitorias de la vida, pero no en su propósito.

Por supuesto, no estoy diciendo que los problemas no sean importantes o que no tengamos que aconsejar sobre ellos, afirmo que los problemas de la vida, así como cada circunstancia, deben ser vistos desde la perspectiva de la pregunta: ¿para qué vivimos? Si la vida no está enfocada en Cristo, entonces cualquier propósito es insuficiente y trivial; y, finalmente, cuando Cristo no es el centro de nuestro consejo, corremos el riesgo de endurecer nuestro corazón y perder la visión apropiada de la vida.

Además, Cristo es el modelo o estándar de lo que el hombre debe ser. Esto está conectado con lo que hemos mencionado sobre el propósito de la vida: no es algo que deba irse descubriendo (en el sentido más general), sino una Persona a la que debemos imitar. Los psicólogos no creyentes no tienen un modelo con el que contrastar a la persona que acude a ellos. Su estándar es dinámico; depende de factores como la forma en la que se siente la persona con necesidad.

Por eso, la homosexualidad es considerada como una forma de ser y no como una desviación. Sin embargo, si Cristo es el modelo o estándar, entonces ser como Él es la meta más sublime que alguien puede querer alcanzar. Cristo es el postrer Adán que vino a renovar la imagen caída de Dios en Adán. Él es la medida del varón perfecto (Efe. 4:13), la meta de la vida de todo creyente (Gál. 4:19; Rom. 8:29; 1 Jua. 3:2).

4. La complementariedad necesaria de los medios de gracia

La consejería tiene que ver, en primer lugar, con la guía bíblica que le damos a alguien respecto a algún asunto específico con el que tenga que lidiar. Son palabras. Es una guía hablada que lo orienta a hacer lo que Dios quiere que haga en una determinada circunstancia. Sin embargo, el Señor diseñó nuestras vidas de tal manera que esta consejería debe ser complementada por los medios de gracia que Él ha dado a Su iglesia. ¿Qué son los medios de gracia? Los medios de gracia son aquellos medios señalados por Dios para que, a través de su uso legítimo, el creyente pueda crecer en la gracia que necesita para caminar su peregrinaje terrenal.

Con base en este concepto, debemos recordar que el creyente no solo necesita saber lo que está bien, sino también la fuerza necesaria para llevarlo a cabo. Esa es la complementariedad de los medios de gracia, pues a través de ellos la fuerza del creyente es renovada con el propósito de crecer y ser fortalecido en su vida espiritual. En la consejería cristiana, necesitamos recordar esto: la consejería no reemplaza lo que los medios de gracia hacen, sino que nos dirige a buscar la fuerza espiritual que necesitamos para cumplir con lo que sabemos que es agradable al Señor.

Consideremos a continuación algunos textos clave que nos permitirán ver esta verdad de una manera más clara y luego haremos algunas conclusiones con el propósito de guiar nuestra consejería en la vida de otros.

Nuestro primer texto es Efesios 1:18-21. Esta petición de oración de Pablo nos muestra que el poder es una necesidad en la vida del creyente y por eso su petición tiene que ver con que ellos sean conscientes del poder que ellos han recibido por causa de su salvación. Poder aquí debe ser entendido como la capacidad espiritual que ahora tenemos por causa de nuestra vida espiritual. Hemos recibido poder en Cristo.

Segundo texto: Efesios 6:10-18. En este texto se muestra por qué es tan importante el poder en la vida de los creyentes: por la guerra espiritual que batallan cada día.

Tercer texto: 2 Tim. 2:1–3. Pablo le dije a Timoteo que se fortalezca en la gracia. La palabra “fortalécete” significa estar habilitado/capacitado para hacer algo. Es decir, tener el poder para hacerlo.

Cuarto texto, Col. 1:9–12. Es evidente que necesitamos ese poder espiritual, pues el llamado en la vida cristiana no es solo a saber lo que es correcto, sino a vivirlo y ponerlo en práctica.

Al considerar todos estos texto, surge la pregunta: ¿cómo somos fortalecidos? ¿cómo se puede crecer en ese poder? En el texto de Efesios 1:18 se nos dice: “para que sepáis”, que implica crecer en un conocimiento de lo que ya tenemos en Él. Y en Efesios 6 afirma que toda la armadura de la fe comienza con la verdad. Con el pasaje de 2 Timoteo 2:1 vemos que debemos fortalecernos en la gracia. En el pasaje de Colosenses 1:9-12 nos indica que la oración de Pablo era para “que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual” para que en su andar sean “fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria”.

Todos estos pasajes nos muestran la conexión de la verdad con el poder que el creyente necesita en su vida espiritual. Esta conexión es la que nos muestra la complementariedad necesaria de los medios de gracia en la consejería. La Palabra es dada a través del consejo (es decir, la dirección bíblica con respecto a un asunto específico en la vida del creyente); luego, necesitamos el poder espiritual para aplicarla. Y, aunque todo creyente tiene ese poder o capacidad por causa de la obra del Espíritu Santo en su salvación, aun así es necesario que ese poder sea incrementado a través de los medios de gracia.

En Efesios 4:11-16 se muestra la iglesia como el centro de ese fortalecimiento espiritual a través del ministerio de la Palabra y la obra del ministerio entre creyentes. En el versículo 11, encontramos la cláusula principal: “Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros”. Dios le concedió a la Iglesia estos dones, que son hombres cualificados por Dios para llevar a cabo Su propósito.

Luego, en el versículo 12, encontramos tres propósitos por los que Dios dio estos “dones” a los hombres. Primero, “a fin de capacitar a los santos”. Segundo, “para la obra del ministerio”; y, tercero, “para la edificación del cuerpo de Cristo”. En el versículo 13, encontramos la cláusula de duración, es decir, la cláusula que nos indica la duración o el tiempo que durarían estos dones (v. 11) cumpliendo estos propósitos (v. 12): “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

Luego, en los versículos 14-17, Pablo añade dos razones para esto, una positiva y una negativa. Razón negativa: “para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error” (v. 14). Razón positiva: “sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor” (v. 15-16).

5. La colocación equilibrada de la gracia común

Inevitablemente uno debe preguntarse: ¿cuál es el rol de la psicología en la consejería cristiana? ¿Hay algo rescatable en ella o en algún estudio hecho por el hombre? ¿Qué deberíamos pensar con respecto a los medicamentos y las psicoterapias? Debemos responder estas preguntas de una manera apropiada a la luz de la Palabra de Dios, definitivamente es muy fácil perder el equilibrio y desviarse a conclusiones guiadas por un espíritu ciego más que por una mente informada teológicamente y de hechos reales.

¿Cuáles son los extremos? Por uno lado, abrazarse de las observaciones y conclusiones humanas poniendo toda la confianza en ello. Los que están en este extremo dicen: ¡los profesionales son la solución! Por el otro lado, negar completamente cualquier observación y conclusión humana descartando que de ello pueda aportarse algún bien.

Sin embargo, ¿qué debemos pensar? Consideremos los siguientes tres puntos principales a través de los cuales procuraremos encontrar un buen equilibrio.

A. Algunas Definiciones Importantes

Gracia Común – Es la gracia que Dios le da a todos los hombres a través de la cuál Él restringe su pecado (el hombre no es todo lo malo que podría ser) y les permite llegar a conclusiones a través de la observación de su revelación.

Revelación General – Es la revelación de Dios a través de todas las cosas hechas. A través de esta revelación, el hombre puede observar, pensar, razonar y llegar a conclusiones que le permiten entender cómo funciona el mundo de Dios, aunque por causa de su pecado, la conclusión final siempre es enemistad con Dios.

¿Qué son las ciencias? La observación que el hombre ha hecho de las cosas creadas. ¿Qué es la psicología? ¿Qué es la psiquiatría? Son el resultado de lo que hombres han observado a través de los años. Por lo tanto, cualquier conclusión debe estar conectada con esta realidad. No todo es descartable, pero todo debe ser evaluado porque el principio controlador del alma del hombre es siempre enemistad con Dios.

B. Algunos Hechos Importantes

¿En qué han aportado la psicología y la psiquiatría? Primero, los diagnósticos psiquiátricos. son descripciones de los pensamientos, emociones y comportamientos, el DSM (el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) que constituye el estándar que la ciencia ha establecido para el diagnóstico del comportamiento de una persona. Sin embargo, las limitaciones del DSM es que describe el pensamiento, la emoción y el comportamiento humanos, pero no explican por qué la persona tiene esas experiencias. Además, dado que la psicología no toma como patrón que el hombre fue hecho a la imagen de Dios, sino que su patrón de conducta es influenciado por los valores socioculturales, por lo tanto, siempre corren el peligro de que los diagnósticos psiquiátricos tiendan a hacer anómalo lo normal a través del diagnóstico excesivo y a redefinir el comportamiento humano “medicalizando” lo que la Biblia llama pecado.

Segundo, el uso de medicamentos psicoactivos. El término medicamento “psicoactivo” se refiere a aquellas sustancias químicas que están diseñadas para entrar en el tejido cerebral desde el torrente sanguíneo para producir cambios en el estado de ánimo, los pensamientos, las emociones y el comportamiento. Los términos “psicotrópicos” y “psiquiátricos” son sinónimos de psicoactivo. ¿Cuáles son? Antidepresivos (contra la depresión), los estabilizadores de ánimo (usados para el trastorno bipolar), los antiobsesivos (contra las obsesiones y compulsiones), psicoestimulantes (hiperactividad, déficit de atención), antipsicóticos (para la psicosis que incluyen alucinaciones y delirios típicos de la esquizofrenia), los ansiolíticos (contra la ansiedad), los hipnóticos (contra el insomnio). ¿Qué sabemos sobre ellos?

Primero, que pueden ayudar, sin embargo, pueden causar mucho daño también por eso deben ser regulados por una entidad médica y por especialistas. Segundo, que no hay manera de medir el verdadero impacto o funcionamiento que estos tienen en los seres humanos (precisamente porque tiene que ver con el cerebro). Tercero, que mucho de los que se cree que los medicamentos hacen no está basado en hechos científicos sino en el anhelo de aquel que lo toma.

Los estudios elaborados por los psiquiatras parecen demostrar que la combinación de psicoterapia y medicación puede ser superior al uso exclusivo de la psicoterapia o de la medicación, la investigación secular no promueve una superioridad de los medicamentos en el tratamiento de todas las severidades de la depresión. Otros problemas, tales como los síntomas psicóticos de la esquizofrenia o la manía del trastorno bipolar, generalmente requieren el uso de medicamentos para una estabilización inicial y una gestión de largo plazo.

Todo esto nos lleva a la pregunta: ¿cuál es la importancia de los medicamentos para la consejería? Primero, que proporcionan estabilidad al cuerpo que permite tratar con su alma. Segundo, nos recuerdan que el cuerpo tiene valor como un objeto legítimo e importante para el ministerio. Esto es así debido a la conexión inseparable que hay entre el cuerpo y el alma, así como es legítimo enfocarnos en el alma, lo es también hacerlo con el cuerpo. Por esa razón, el uso o no uso de medicamentos no es algo que está en contraposición con la consejería bíblica, pero sin duda necesita mucha sabiduría porque depende mucho de la circunstancia particular de cada caso. Esto implica “caminar sobre la cuerda floja”.

C. Algunos Principios Importantes

¿Qué debemos hacer con lo que el hombre ha dicho sobre el comportamiento humano y con aportes como el de los diagnósticos psiquiátricos y los medicamentos psicoactivos? Debemos reconocer la gracia común a través de la revelación general y colocarla en el lugar correcto. Lo contrario a esto es rechazar todo y el externo perverso sería: abrazar todo. Debemos colocar todo en su lugar correcto haciendo uso de nuestro discernimiento a través del conocimiento de la Palabra de Dios. Proverbios 26:4, 5 es un pasaje que nos enseña la necesidad de tener discernimiento y equilibrio, pues las cosas no siempre se resuelven de la misma manera.

¿Cuál es el lugar correcto de estas cosas? Primero, ver los diagnósticos psiquiátricos como una herramienta que ayudar a organizar a quienes sufren en categorías que ayudan a brindar una atención enfocada y a reconocer ciertos patrones que sugieren severidad y peligro. Segundo, los diagnósticos nos recuerdan que la experiencia de esta persona es verdaderamente distinta a la mía (pues aunque yo no la esté viviendo, hay muchos otros que sí lo viven y “recoger” esas experiencias ayuda a sentir compasión e interés en el problema de los demás). Tercero, algunos diagnósticos nos recuerdan que el cuerpo tiene un rol más decisivo en el problema de la persona. Cuarto, en el que en algunos casos es necesario el uso de medicamentos para estabilizar el cuerpo, con el propósito de que el alma pueda sanar.

Como en el caso de aquel hombre que se rompe una pierna y necesita usar muletas. Las muletas no tienen la función de crear una dependencia perpetua en este hombre, pues, aunque son útiles mientras la pierna sana, si se convierten en algo que el hombre necesitará para siempre para caminar, entonces su pierna nunca recuperará por completo su capacidad de caminar. Luego de que la pierna se sana, las muletas ya no son necesarias.

Conclusión

En 1 Tesalonicenses 4:18, el apóstol Pablo dice: «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras». Con estas palabras, el apóstol no solo nos recuerda que la consejería es necesaria y que debe hacerse por todos en la iglesia («los unos a los otros»), sino también que el contenido de la consejería debe ser lo que la Palabra de Dios dice, pues afirma que debe ser: «con estas palabras», refiriéndose a la resurrección y a la venida gloriosa del Señor que son la revelación esperanzadora de parte de Dios para consolar los corazones de los tesalonicenses con respecto a los hermanos y seres queridos murieron. Así, «estas palabras» se refieren a lo que Dios ha dicho, Su revelación para el bien de Su pueblo.

La consejería es necesaria, pero la única capaz de guiar, ayudar y bendecir verdaderamente es la que viene de parte de Dios. Aprender los principios que hemos considerado y aplicarlos en nuestra consejería puede ser una manera eficaz de alentar, reprender y consolar «con estas palabras».

Jorge A. Rodriguez V.
Es uno de los pastores de la Iglesia Bautista Reformada Gracia Soberana en Santo Domingo, Ecuador. Recibió una maestría en divinidad del Covenant Baptist Theological Seminary. Es el director del Seminario Bautista Confesional del Ecuador y miembro de la Junta de Directores del Covenant Baptist Theological Seminary en Owensboro, Kentucky. Ha estado involucrado en la educación teológica por más de quince años en Ecuador, así como en otros países de Latinoamérica. Está casado hace 15 años con su amada esposa Lady y tienen tres hijos: Natalia, Jorge Esteban y Sofía.
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