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Principio rector para la predicación Cristocéntrica (parte 1)

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Introducción

Este artículo,(1) y el que sigue, trata sobre la predicación Cristocéntrica del Antiguo Testamento; lo cual significa: predicar toda la Revelación de Dios que aparece en el Antiguo Testamento teniendo en cuenta que la vida y la obra de Jesucristo son el tema central de toda la Escritura, lo que le da su pleno significado y, por tanto, la luz que alumbra las sombras bajo las que Dios se reveló en el pasado.

Cuando el apóstol Pablo escribió su primera carta a los corintios dijo acerca de su labor y la de sus compañeros: “…nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor. 1:23)(2), y en el capítulo siguiente les repitió: “me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Cor 2:1-2). Su predicación era Cristocéntrica. Esto es, a fin de cuentas, la comisión entregada a cada predicador: predicar a Cristo crucificado. El pastor John MacArthur escribió que “el Evangelio que debe predicarse hoy día es el mismo mensaje al que Pablo consagró su vida y proclamación”.(3)

Predicar a Cristo parece evidente si se trata de predicar desde el Nuevo Testamento, pero parece diferente si se trata de predicar a Cristo desde el Antiguo Testamento. Dice Graeme Goldsworthy que “predicar teniendo de base el Antiguo Testamento presenta muchos problemas para el predicador cristiano”.(4) Debido a esto algunas predicaciones del Antiguo Testamento se vuelven más parecidas a un discurso motivacional y de auto ayuda, o a lecciones de moralidad en las cuales Cristo y su obra están ausentes. El mismo Goldsworthy escribió:

Sin duda alguna, al predicar desde el Antiguo Testamento muchos predicadores cristianos abordan el tema de Dios en Los Salmos, o la vida de fe de alguno de los héroes de Israel, sin conectarlos a la vida y la obra de Cristo.(5)

Cuando eso sucede, los hombres y los sucesos del Antiguo Testamento son mirados como ejemplos a imitar y de esa manera se presenta a la congregación: ¡Debes ser como Abraham! ¡Debes ser como Moisés! ¡Debes ser como David!

Es fácil desconectar el Antiguo Testamento de Cristo si se tiene una concepción fragmentaria de la estructura básica de la Biblia. Obviamente, dentro de los círculos evangélicos no se ha llegado al punto de la interpretación del Antiguo Testamento que tenía Marción, el cual excluyó esta porción de la Biblia e hizo su propio Canon,(6) porque entendió que el Dios del Antiguo Testamento era un Dios diferente al del Nuevo Testamento.(7) No obstante, tal concepción fragmentaria ha traído consecuencias negativas.

Por otro lado, algunos predicadores convencidos de que su deber es predicar a Cristo, prefieren fundar sus sermones solo sobre las páginas del Nuevo Testamento y así evitar los riesgos relegando así al Antiguo Testamento a una categoría sub-cristiana.

Otros, sin embargo, predican a Cristo usando el Antiguo Testamento sin hacer las conexiones correctas entre el uno y el otro sacando a Cristo de cualquier texto de la misma manera en que un mago saca al conejo de su sombrero. Dice Sidney Greidanus que son muchas “las historias de horror de predicadores que tuercen el texto del Antiguo Testamento para aterrizar milagrosamente en el Calvario”.(8)

La pregunta central de este artículo es: ¿Hay algún principio rector en la revelación de Dios que dirija al predicador a la predicación Cristocéntrica del Antiguo Testamento? Y lo que se pretende en esta serie de artículos es mostrar que el carácter (1) progresivo y (2) orgánico de la revelación de Dios revela a Cristo como la unidad esencial de los dos Testamentos, por lo que esto constituye el principio rector que dirige al predicador a la predicación Cristocéntrica del Antiguo Testamento.

Para el desarrollo de este estudio, se analizará, a partir de algunos textos del Nuevo Testamento, el carácter progresivo y orgánico de la Revelación de Dios como principio rector por el cual el Nuevo Testamento interpreta al Antiguo de forma Cristocéntrica y las causas de la progresión orgánica de la Revelación.

Un análisis del argumento sobre el cual el Nuevo Testamento interpreta al Antiguo Testamento de forma Cristocéntrica

Analizaremos, a partir de algunos textos del Nuevo Testamento, el carácter progresivo y orgánico de la Revelación de Dios como el principio rector sobre el cual el Nuevo Testamento interpreta de forma Cristocéntrica al Antiguo y cuáles son las causas de este principio rector.

Definición del carácter progresivo de la Revelación

Al hablar de carácter progresivo de la Revelación se quiere decir, primero, que la Revelación no fue dada toda en un instante, no es estática, sino que se fue dando en el transcurso de muchos años. Segundo, que esa revelación tuvo cierto aumento en la medida en la que Dios revelaba Su voluntad.

Hebreos 1:1-4 y el carácter progresivo de la Revelación como argumento para la interpretación Cristocéntrica del Antiguo Testamento

El escritor a los Hebreos en su primer versículo señala maravillosamente a Dios como el autor de la revelación del Antiguo como del Nuevo Testamento. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (Heb 1:1-2).

Nótese que con respecto a la revelación dada en el Antiguo Testamento se dice que Dios habló muchas veces y de muchas maneras, lo cual significa que la revelación no apareció toda al mismo tiempo, sino que se desarrolló en la historia.

Por otro lado, el hecho de que Dios habló de muchas maneras, no solo señala el derecho de Dios a escoger las formas en las que Él traía su revelación a los hombres; sino también que en aquel otro tiempo “existía un estado de cosas no definitivo”(9) que implicaba necesariamente la progresividad que se ha señalado como cualidad distintiva de la revelación.

Además, este progreso da por hecho que las primeras etapas de la revelación no tenían la claridad y detalles que fueron apareciendo a medida que Dios la fue dando; por lo que la revelación en épocas posteriores es cuantitativamente mayor que en épocas anteriores.

Hebreos 1:2 y los versos siguientes señalan también la progresividad de la revelación al notar que cada una de estas formas sucesivas alcanzan su cumbre en la revelación de Dios dada por medio de Su Hijo. El texto dice:

… en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. (Heb 1:2-4).

Este progreso de la revelación de Dios, está marcado en el pasaje por los claros contrastes que en él se encuentran. (1) Los profetas y Cristo como profeta supremo; (2) en otro tiempo y estos postreros días; (3) las muchas veces en las que Dios habló y su hablar definitivo por el Hijo; (4) los padres como los receptores de aquellas muchas veces en que Dios habló y los creyentes neo-testamentarios que son los receptores de la revelación definitiva por el Hijo; y, finalmente, (5) las muchas formas en las que Dios habló y Dios mismo viniendo a hablar en la persona del Hijo.

Ahora bien, con el fin de señalar que la revelación dada por Cristo es mayor que aquella que dieron los profetas, el autor inspirado identifica a Cristo llamándolo el Hijo y ofrece información precisa sobre Él. Señala que Cristo es el heredero de todo, es aquel por medio de quien Dios creó el universo. Dice, además, que Cristo es la imagen misma de la sustancia del Padre y quien sustenta todas las cosas con su Palabra.

Sin embargo, el autor inspirado no solo presenta la identidad de Cristo en cuanto a su naturaleza y su relación con el mundo como Heredero, Creador y Sustentador; sino que también lo presenta en relación a su obra redentora. Cristo es quien llevó a cabo la redención y, después de haberla concluido sobre la tierra, fue exaltado por encima de todo sentándose a la diestra de Dios con más honor incluso que los ángeles.

El argumento del escritor a los hebreos es el siguiente: Hay necesariamente un progreso en la revelación de Dios porque las muchas veces y muchas maneras en las que Dios habló en el pasado hacían notar un progreso con el propósito de llegar a cierta plenitud, la cual se manifiesta en el agente por el cual Dios se reveló en estos postreros días, quién es mayor en todos los sentidos que aquellos agentes de revelación por los que habló a los padres muchas veces y de muchas maneras.

Límite de la progresión de la Revelación

Hay que señalar, además, que esta progresión en la revelación de Dios no es una sucesión eterna de actos reveladores, sino que su progreso está destinado a culminar con la llegada del objetivo más amplio de cada acto de revelación en sí.

Al decir que “en estos postreros días Dios ha hablado por el Hijo a quien constituyó heredero de todo y por quien así mismo hizo el universo”, y presentar la identidad del Hijo como agente de revelación, el autor marca un fin a la sucesión.

Se sabe que el propósito del Escritor de la Epístola a los Hebreos es mostrar la superioridad de Cristo sobre Moisés, sobre los ángeles, su sacrificio sobre los sacrificios del Antiguo Testamento, su sacerdocio sobre el sacerdocio levítico, el pacto del cual es ministro sobre el Antiguo Pacto, etc.

Sin embargo, no solo mostrar es la superioridad de Cristo sino también mostrar a Cristo como el profeta definitivo, el sacerdote definitivo, el sacrificio definitivo, el pacto del cual es mediador como el pacto definitivo y su revelación como la revelación definitiva. La carta a los Hebreos no va más allá de Cristo porque no hay nada más allá de Él. En palabras de F. F. Bruce: “es una historia de progresión hasta Cristo, pero no hay progresión después de él”.(10)

Así que, cuando presenta a Cristo como superior, da por hecho el fin de la sucesión de todas las otras cosas incluyendo la revelación; porque para que la progresión de la revelación tenga lugar después del Hijo debe haber un profeta mayor que él, un sacerdote mayor que él, un sacrificio mayor que el suyo, un pacto mayor que el suyo y una revelación mayor que Él, a quien en la carta a los Hebreos se llama: el Hijo.

Además, es importante notar el contraste que existe entre el pasado y el presente de la revelación. Considera la tabla a continuación.

Hebreos 1:1-4 Antiguo Testamento Nuevo Testamento
Quien habla Dios Dios
Cómo habla Muchas veces y de muchas maneras (en parte) De una vez (completa)
En qué tiempo habla En otro tiempo (tiempo de la promesa) En estos postreros días (el tiempo del cumplimiento)
A quienes habla A los padres A nosotros
Por medio de quienes habla Por los profetas (simples hombres) Por el Hijo (Dios hecho hombre)

La revelación que Dios dio por los profetas muchas veces y de muchas maneras fue en otro tiempo y la revelación de Dios por medio de Cristo fue en estos postreros días. La palabra “πάλαι”(11) traducida como “otro tiempo” apunta al tiempo de las profecías y los anuncios de algo superior.

Por otro lado, la frase “ἐπʼ ἐσχάτου τῶν ἡμερῶν τούτων”(12) traducida como “en estos postreros días” señala los días en los que las profecías del Antiguo Testamento habían de cumplirse, los días en que lo que se había anunciado llegaba a su cumplimiento. Comentando esa frase F.F. Bruce dice:

… es una traducción literal de la frase hebrea que se utiliza en el Antiguo Testamento para denotar la época en que las palabras de los profetas iban a ser cumplidas, y su uso aquí significa que la aparición de Cristo una sola vez en la plenitud de los tiempos ha inaugurado esa época de cumplimiento.(13)

Esto deja claro que no debe esperarse más progresión después de Cristo, porque cada acto de revelación en la historia tiene su cumplimiento en la revelación que es dada por el Hijo y en el Hijo en estos postreros días, en los cuales cesa la progresión de la revelación.

[Sigue leyendo la parte 2]

*****

NOTAS:

(1) Nota del editor: Esta serie artículos se tomaron y adaptaron de la introducción y el capítulo 1 de la tesis de maestría del autor, llamada: Towards a Christ-Centered Preaching of the Old Testament {trad. no oficial: Hacia una predicación Cristocéntrica del Antiguo Testamento}, entregada en la Carey International University of Theology, Havana, Cuba, 2023.

(2) A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas son tomadas de la Biblia Reina Valera de 1960.

(3) John F. MacArthur, Avergonzados Del Evangelio (Grand Rapids, MI: Portavoz, 2001), 154.

(4) Graeme Goldsworthy, Como Predicar a Cristo Usando Toda La Biblia (Kiama, Australia: Torrentes de Vida, 2012), 12.

(5) Goldsworthy, Como Predicar a Cristo Usando Toda La Biblia, 21.

(6) G. Báez-Camargo, Breve Historia Del Canon Bíblico, 3rd ed., colección claustro (Iluminar, 1980), 39.

(7) A. W. Robertson, El Antiguo Testamento En El Nuevo (Buenos Aires, Argentina – Grand Rapids, MI: Nueva Creación and William B. Eerdmans Publishing Co., 1996), 36.

(8) Sidney Greidanus, Preaching Christ from the Old Testament: A Contemporary Hermeneutical Method (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1999), 2.

(9) Juan Calvino, Comentario a La Epístola a Los Hebreos (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 1977), 32.

(10) F.F. Bruce, La Epístola a Los Hebreos (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2002), 3.

(11) Michael W. Holmes, ed., El Aparato Crítico Del Nuevo Testamento Griego: Edición SBL (Bellingham, WA: Lexham; Society of Biblical Literature, 2014), Heb 1:1.

(12) Holmes, El Aparato Crítico Del Nuevo Testamento Griego: Edición SBL, Heb 1:2.

(13) Bruce, La Epístola a Los Hebreos, 3.

Yéremi Blanco

Es pastor en Iglesia Bíblica de la Gracia en la ciudad de Matanzas, Cuba. Recibió una Licenciatura en Teología y Biblia en el Seminario Evangélico de Cuba Los Pinos Nuevos y una Maestría en Estudios Teológicos de Carey International University of Theology. Yéremi vive en la ciudad de Matanzas con su esposa Adelys y juntos tienen tres hijos.
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