La pluralidad de ancianos y la Confesión de Fe de Londres de 1689

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A menudo, las incipientes iglesias bautistas reformadas que se fundan en América Latina buscan tener un marco confesional para su eclesiología lo cual es sumamente bueno, pero ante la vasta diversidad de opiniones –sobre todo en Internet– escuchan en el camino «varias voces» en lo que se refiere al liderazgo eclesial que no siempre representa la posición confesional histórica. Desde iglesias unipastorales o aquellas que tienen un «pastor principal» y copastores, o un pastor a sueldo y ancianos laicos, son breves ejemplos a considerar que no obedecen a la eclesiología bautista.

Quizá una de las premisas a tener en cuenta en una iglesia joven o en formación debería ser: ¿Qué tiene para decirnos la Segunda Confesión de Fe Londres de 1689(1) respecto a la elección y función de los ancianos? O para decirlo de otra forma: ¿Qué interpretaron los bautistas históricos respecto al liderazgo espiritual de una congregación local por medio de una pluralidad de ancianos? ¿Cuál es el proceso correcto para escoger los mismos? Se analizará esta temática a la luz la 2CFL1689 y sus postulados bíblicos y se explicará cuáles serían aquellas posiciones a evitar (o mejorar) que no se ajusten a la doctrina bautista reformada –estrictamente hablando– de la pluralidad de ancianos, y cuál debería ser el proceso bíblico de selección de los mismos en iglesias en formación o en las ya establecidas

I. Ejemplos fuera del marco confesional

Se consideran algunas formas de gobierno que se han dado o dan en el espectro bautista.

A) El pastor único

Son muchas las iglesias a lo largo del tiempo que a pesar de haber sido bautistas confesionales solo han tenido en su existencia un solo pastor, y esto no fue porque no tuvieran otra opción, es decir, que no pudiera haber otros hombres con dones pastorales, sino que esto se dio de manera intencional. Es el caso del conocido pastor bautista Charles H. Spurgeon, donde funcionaba como el único pastor del Tabernáculo Metropolitano en Londres, asistido por una junta de diáconos. En este caso, los diáconos funcionaban como una especie de «supervisores» de la labor pastoral de Spurgeon más que como «ayudadores», que es lo que caracteriza su función. Esta supervisión de diáconos iba a tal punto que decidían a manera de «jueces» qué se debería hacer en el ministerio pastoral o no.

Para dar un ejemplo, en una biografía de C. H. Spurgeon se comenta cómo los diáconos se opusieron al intento de una predicación al aire libre: «Esta actividad iba en contra del consejo de sus diáconos, que consideraban la predicación al aire libre como algo indigno, una imitación de los metodistas».(2) Por otro lado, también se han dado casos de gobiernos «unipastorales» donde los diáconos son «meramente decorativos», ya que en este tipo de Junta todo el poder de decisión descansa sobre el pastor central. «El pastor lleva escrito a la reunión del cuerpo diaconal qué se va a hacer, cómo se va a hacer y cuándo se va a hacer; nadie opina, nadie sugiere; tampoco nadie contradice lo que el pastor presenta».(3)

Sea de una forma u otra, el concejo formado por un solo pastor y sus diáconos no cuadra con el modelo bíblico y confesional de una pluralidad de ancianos.

B) El pastor a sueldo y los pastores laicos

Otro modelo que se ha dado entre bautistas confesionales es el caso de las iglesias americanas, donde tienen un pastor a sueldo, mayormente el que tiene estudio y viene de un seminario, y por otro lado, ancianos a los que llaman «laicos» que son personas estables en la congregación. Los pastores a sueldo son traídos muchas veces de forma foránea con la aprobación de los ancianos laicos. A menudo esto se parece al concejo de diáconos que traen un pastor de afuera –como se mencionó en el caso anterior– nada más que en este caso se llaman ancianos laicos. Tampoco este es el modelo bíblico ni confesional, aunque muchas iglesias de EE.UU. funcionen así.

La mayoría de las iglesias de América Latina no funcionan así por otro lado, ya que rara vez tiene un pastor a sueldo que provenga de un seminario. Tampoco es correcto definir «ancianos laicos», ya que el uso de la palabra «laico» presupone un «clero», lo cual no tiene cabida en un marco confesional que no es «episcopal». Un libro que menciona este modelo es «Los ancianos de la Iglesia» del ministerio 9 Marcas: «La persona a quien normalmente llamamos “pastor” en nuestras iglesias es un anciano que recibe un salario, y la persona a quien típicamente llamamos “anciano” es un pastor laico que no recibe un salario».(4) El libro trata de corregir esa tendencia que ha sido y es un hecho en muchas iglesias.

II. La pluralidad de ancianos a igualdad

A) Sustento bíblico

La 2CFL1689 nos muestra con la Biblia que la forma normal que el Nuevo Testamento aborda el liderazgo espiritual de una iglesia local es por medio de la pluralidad de ancianos a igualdad. El sustento bíblico es amplio en el Nuevo Testamento, pero se pueden mencionar algunas referencias bíblicas al respecto, las cuales se pueden dividir en referencias explícitas y referencias implícitas.

1. Referencias explícitas

  1. El apóstol Pablo le pide a Tito que estableciera «ancianos» en cada ciudad (Tito 1:5). La preposición griega kata es la que nos da este carácter distributivo de “en cada” ciudad (polis) que también se puede interpretar como una pequeña población. El término griego presbíteros (ancianos) es plural como es de esperar. Por lo tanto, cada iglesia de una población específica debía contar con más de un anciano. Es importante notar que en el texto no especula si la población es grande o pequeña, ya que podría suponerse que una gran población grande demandaría ancianos –en plural– y que una pequeña se las podría arreglar con un solo anciano. La pauta que nos da es que la pluralidad tiene que existir independiente del tamaño de una iglesia. Claro está que una iglesia muy grande necesitará mayor cantidad de ancianos que una pequeña, pero el ideal bíblico es que siempre se parta de una pluralidad en la medida de lo posible.
  2. Santiago, en su epístola (Santiago 5:14) referente a la atención de venir a orar por un enfermo, no habla de «llamar al pastor», sino que dice «a los ancianos de la iglesia», dando por hecho de que es normal que haya más de uno. Conociendo el trasfondo judío de Santiago, esto nos dice que tanto en las iglesias que provenían del judaísmo como en la de los gentiles, la pluralidad de los ancianos es algo factual.
  3. El apóstol Pedro deja instrucciones para se apaciente la grey de Dios (la iglesia) a los «ancianos» (1 Pedro 5:1-2). Además, él mismo se reconoce como un anciano que suma a esta pluralidad.

B) Referencias implícitas

  1. El saludo de Pablo en su carta a los Filipenses capítulo 1, versículo 1, menciona en forma plural a los «obispos y diáconos». Esto descarta la idea de un pastor u obispo principal rodeado de diáconos. Quizá con el oficio de diáconos siempre se entiende su pluralidad a partir de los siete varones que se ordenaron en Hechos 6:3, pero la referencia implícita del libro de Filipenses nos muestra que esta pluralidad de ancianos tanto como de diáconos guarda «una simetría».
  2. Tanto al comienzo como al final del ministerio de Pablo, designó (o instruyó a otros para designar) un grupo de ancianos para cuidar de las iglesias que había fundado o establecido.(5) Como figura en Hechos 14:23, «constituyeron ancianos en cada iglesia». –no dice un anciano por cada iglesia­–.
  3. La carta de Pablo en 1 Tesalonicenses 5:12 hace referencia a tener un reconocimiento de los «que trabajan en la congregación» de los cuales destaca una triple función: trabajan, presiden y amonestan –en el Señor–. Si bien no mencionan explícitamente la palabra ancianos, esta es la función de los mismos en el marco neotestamentario. Nuevamente. al decir «los que trabajan», se hace referencia a una pluralidad.

III.  La designación congregacional de ancianos

A) Definición bíblica de anciano

La eclesiología bautista entiende que los términos obispos, ancianos o pastores son un mismo oficio espiritual al ponerlos como sinónimos.(6) Esto difiere de los presbiterianos donde hay un pastor principal con un cuerpo de ancianos. La Biblia utiliza estos tres términos, no porque sean diferentes cargos u oficios dentro de la iglesia, sino que cada palabra tiene un matiz de lo que incluye el servicio pastoral.

Un anciano bíblico no tiene que ver con la edad, sino con la madurez. Es una persona con experiencia espiritual capaz de guiar y aconsejar a una congregación local. El término obispo viene del griego episkopos que significa un «sobreveedor». Contrario al pensamiento común de considerar esto como un «supervisor» como si fuera el área laboral, el término obispo nos habla de la capacidad de «ver espiritualmente más allá» del cristiano promedio, advirtiendo peligros posibles y pecados que no saltan a simple vista en la congregación.

Es decir, el término obispo presupone un grado de discernimiento mayor. El prefijo epi sitúa la mirada (skopos) por encima del cristiano promedio, como quien desde una posición más elevada puede ver «todo el panorama congregacional» y no solo una parte de este. Por otro lado, el término pastor (poimen) es el mismo utilizado para pastor de ovejas, por lo que nos habla de la función de alimentar, guiar y cuidar la grey. Por lo tanto, un anciano no solo tiene funciones descritas, sino también un carácter que cumplir. El carácter del hombre que está calificado para ocupar este oficio se describe en 1 Timoteo 3:1–7 y Tito 1:6–9.(7)

Una vez que una persona califica moralmente como anciano, el aspecto espiritual requerido es que sea apto para enseñar, lo que no implica que deba ser un predicador de gran nivel, sino alguien capaz de transmitir con claridad la Palabra de Dios tanto desde un púlpito como fuera de él en discipulados personales o charlas de consejería. A menudo los pastores pueden tener una de las dos vocaciones -la predicación de púlpito o la enseñanza personalizada- más acentuadas, o ambas. Por eso muchas iglesias dividen a los ancianos en: ancianos de predicación y ancianos de gobierno.

B) La designación en iglesias que comienzan

Las iglesias que comienzan pueden denominarse al principio como «avanzadas misioneras» o «anexos» de la iglesia que apoya o envía un misionero. El ideal de la obra misionera es mandar a un pastor-misionero a comenzar una nueva obra. Una persona preparada y probada en su congregación –y quizá funcionando ya varios años como pastor– es el indicado para abrir una nueva obra. Fuera de esa situación ideal se dan otro tipo de situaciones donde surgen grupos que necesitan el apoyo de una iglesia. El apoyo de una iglesia es fundamental, más en un tiempo peligroso como el de hoy en donde muchos se autoproclaman pastores sin mediar ningún proceso congregacional.

En este caso el ejemplo de Tito  es el paradigma a seguir. En Tito 1:5 se nos habla que tenía que constituir ancianos en los diferentes pueblos de la isla de Creta. El término griego para constituirkazístemi– es el mismo que se utiliza para la designaciones políticas –Hechos 7:10– o de los sumos sacerdotes del Antiguo Testamento –Hebreos 8:3–, con lo cual es un reconocimiento oficial delante de una congregación. Se infiere que Tito no sería alguien que simplemente «señale a dedo» a una persona para el oficio pastoral, sino alguien que acompañe a la congregación para identificar las cualidades y  aptitudes de su futuro pastor.

Por eso en la epístola contiene una serie de cualificaciones dadas por el apóstol Pablo muy similares a las que da en la epístola pastoral a Timoteo. En una obra que recién inicia el ideal es comenzar con una pluralidad pastoral, pero en muchos casos se comienza con un solo pastor por cuestiones fortuitas de la obra. Si este fuera el caso, nunca se debe perder de vista que la iglesia deben apuntar a la pluralidad, lo que se describe en el siguiente punto.

C) La designación en iglesias ya establecidas

Puede haber dos posibilidades, una que haya previamente varios ancianos constituidos o que haya uno solo. En la 2CFL1689 esto se expresa de la siguiente manera:

«El oficio de obispo o anciano en una iglesia es que sea escogido para ello mediante la votación ordinaria de la iglesia misma, y que sea solemnemente apartado mediante ayuno y oración con la imposición de manos de los ancianos de la iglesia, si es que hay algún otro anciano constituido anteriormente en esta».(8)

Si no hay anciano constituido anteriormente, nos situamos en el punto anterior de «las iglesias que comienzan», pero si los hay en la actualidad , esos mismos ancianos son los encargados de formar nuevos y de presentarlos a la congregación para una votación común. Formar nuevos ancianos puede llegar a ser una tarea de años, siempre y cuando la persona tenga este don; no se puede perfeccionar lo que no se tiene, pero sí estimular a que se «despierte» o «avive el don» como en el caso de Timoteo –2 Timoteo 1:6–.

1. La imposición de manos

Vemos esta práctica para el encargo misionero o pastoral –1 Timoteo 4:14–, donde un presbiterio –o consejo de ancianos– impone sus manos a la persona que se designa. En caso de haber un solo pastor, es claro que este es el que impone las manos. Ahora, la imposición de manos no tiene nada místico ni espectacular en la eclesiología bautista, sino que es una muestra externa de «conferir responsabilidad» de manera pública al nuevo pastor que la congregación aprueba. La Biblia no menciona nada si deben participar pastores de otras congregaciones para «imponer las manos», pero esto tendría sentido si esos pastores «externos» tuvieron algún grado de participación en la formación del nuevo pastor o en el caso de una avanzada misionera, la formación de ella.

La imposición de manos es la manera oficial ante la congregación de designar a un pastor. La Biblia no habla de estos futuros pastores que tengan que someterse a un «tribunal de escrutinio», pero sí que «sean probados» –como el caso de los diáconos en –1 Timoteo 3:10–. Esta «prueba» quizá se dé normalmente en un período de tiempo de formación previa –al lado de otros pastores– más que definida un único evento escrutador –lo cual tampoco está mal si se hace–.

Conclusión

Toda iglesia o grupo en formación que se identifique con la 2CFL1689 tendría que examinar si su liderazgo espiritual se ajusta a la pluralidad de ancianos, o si habiendo una pluralidad existente los procesos por los cuales llegaron estos hombres al liderazgo fueron los bíblicos. Puede pasar muchas veces que por haberse recibido información diversa acerca de la formación de una iglesia, sus líderes se encuentren en un modelo que no se ajusta a la confesión de fe que se apunta sustentar. Lo aconsejable es enseñar a la congregación acerca de las cualificaciones pastorales tanto como de los procesos de selección para que todo esto vaya al modelo escritural.

Como todos los grandes cambios a implementar en una congregación local tienen que ser paulatinos y bien explicados para que el proceso no sea contraproducente. Las obras nuevas tienen que apoyarse en sus «Titos» que los ayudarán a fundar una iglesia conforme al modelo neotestamentario. Los ancianos de iglesias constituidas tienen que formar sus «nuevos Timoteos»  los cuales se sumarán al gobierno plural de la misma. En la historia bautista hay casos de aciertos y desaciertos respecto al liderazgo de la iglesia. Busquemos aquellos ejemplos históricos que han seguido la pauta bíblica y confesional de la pluralidad de ancianos.

 Bibliografía

  •  Segunda Confesión Baptista de Fe de Londres. Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2021.
  • Dever, Mark y Alexander, Paul. La iglesia deliberante. Burlington, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2009.
  • Hayden, Eric. Hechos notables de Charles Spurgeon. México: Logos, 2011.
  • Rinne, Jeramie. Los ancianos de la iglesia. Washington: 9 Marks, 2015.
  • Strauch, Alexander. Liderazgo bíblico de ancianos. Cupertino, CA: Lewis and Roth Publishers, 2001.
  • Valenzuela, Silverio Manuel Bello. Diaconado eficiente para la Iglesia de hoy. México: Logos, 2011.

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(1) Abreviada: 2CFL1689

(2) Eric Hayden, Hechos notables de Charles Spurgeon (Mexico: Logos, 2011), 80.

(3) Silverio Manuel Bello Valenzuela, Diaconado eficiente para la iglesia de hoy (México: Logos, 2011), 89.

(4) Jeramie Rinne, Los ancianos de la iglesia (Washington: 9 Marks, 2015), 17.

(5) Alexander Strauch, Liderazgo bíiblico de ancianos, (Cupertino, CA: Lewis and Roth Publishers, 2001), 35.

(6) Segunda Confesión Baptista de Fe de Londres, (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2021), 81.

(7) Mark Dever y Paul Alexander, La iglesia deliberante, (Burlington, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2009), 90.

(8) Anónimo, Esto creemos: Confesión Baptista de Fe de 1689, 96.

Alejandro D. Riff

Casado con Marcela y padre de dos hijas, es pastor en la Iglesia Cristiana Bíblica de Rosario en Argentina. Desde su fundación en 2009, esta congregación se identifica con la Confesión de Fe de Londres de 1689. Para más información, visita el sitio web de la iglesia en www.ICBR.com.ar y el blog pastoral en AlejandroRiff.com.ar
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