La vida de Lutero es de gran interés histórico. La teología de Lutero provee una vista de los principios más fundamentales e importantes de la Reforma, pero su teología no se quedaba en el ámbito intelectual, sino que él quería desarrollar una teología que afectara la vida. Aunque Lutero, en contraste con muchos de los humanistas reformadores, llega a la raíz teológica de los problemas de la iglesia católica romana, no ignora la conexión intima entre la teología y la práctica individual y eclesiástica que esa teología produce. Por eso, la reforma protestante era tanto una reforma del evangelio en las afirmaciones teológicas de la iglesia, como también del evangelio en su fruto práctico en la vida cotidiana de la iglesia y del creyente individual.
En esta serie artículos sobre ‘el legado práctico de Lutero y la reforma protestante’ resumiré siete lecciones prácticas que podemos derivar de la vida de Lutero. Los cinco artículos pasados se trataron de varias lecciones las cuales fueron: (1) la importancia de la consciencia sometida a la Palabra de Dios, (2) la ternura y naturaleza práctica del corazón pastoral, (3) la necesidad de paciencia para reformar la iglesia, (4) la realidad de la depresión y la guerra espiritual, y (5) el sufrimiento en esta vida a la luz del evangelio.
En este artículo veremos la sexta lección que tiene que ver con ‘la bendición recuperada del matrimonio bíblico’. La última lección lo veremos en los próximos días.
El matrimonio de Lutero, tanto en su teología como su práctica, fue una bomba en la iglesia católica del siglo XVI. El hecho de casarse el 15 de junio de 1525 cambiaría el mundo en muchas maneras como la publicación de las 95 tesis. William Lazareth, un historiador moderno, dijo: «El matrimonio de Lutero sigue siendo hasta hoy el símbolo evangélico central de la liberación de la Reforma y de la transformación de la vida cotidiana de los cristianos».(1) También, Michael Haykin dijo: «Al igual que la experiencia de conversión de Lutero resultó ser paradigmática para muchos en la Europa del siglo XVI para el redescubrimiento de la verdadera salvación cristiana, [así también] su experiencia del matrimonio se convirtió en un paradigma para la recuperación de la visión bíblica del matrimonio».(2) Y, Bainton dice: «El Lutero que se casó para dar testimonio de su fe fundó en realidad un hogar e hizo más que cualquier otra persona para determinar el tono de las relaciones domésticas alemanas durante los siguientes cuatro siglos».(3)
En el tiempo de Lutero, el matrimonio fue menospreciado por muchos en la población. La vida célibe era la preferencia para alguien que quería vivir una vida más espiritual y elevada. Era un requisito para la ordenación y todos los monasterios la exigencia de votos de celibato. Sin embargo, este requisito más bien servía para menospreciar el matrimonio, una ordenanza establecida y bendita por Dios; y, también, producía muchas inmoralidades en los sacerdotes. Es cierto que podían jactarse de no haberse casado, pero pocos podían decir que no habían cometido algún acto de inmoralidad con una concubina o con prostitutas.(4) Por lo tanto, Lutero regresa a la Biblia para ver la gloria y valor del matrimonio según la creación de Dios, para recomendar que los pastores se casen y para dar honor al matrimonio de los creyentes.
La Teología del Matrimonio
En primer lugar, consideremos el entendimiento de Lutero sobre el matrimonio en general.
Una Institución Divina
El matrimonio es especial porque Dios lo diseñó de una manera especial. Todos los animales fueron creados en pares, pero el hombre (Adán) fue creado primero y luego Dios le mostró su necesidad de una compañera. De hecho, el texto de Génesis 2 muestra que Dios mismo trajo a la mujer hacia el hombre y se la presentó. Al verla, «carne de su carne y hueso de su hueso», la amó con un amor matrimonial genuino y supo que era la compañera perfecta e idónea para él. Ninguno de los animales recibió su pareja de esta manera. Esto da un valor especial, tanto al matrimonio como a la feminidad y masculinidad. Las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer fueron parte de la buena creación de Dios, algo de gran dignidad y honor. Por lo tanto, «… Dios quiere que esta excelente obra sea honrada como creación divina y no que sea despreciada. El hombre no debe despreciar o burlarse de la mujer o de su cuerpo, ni la mujer del hombre. Por el contrario, cada uno debe honrar la imagen y el cuerpo del otro como una creación divina y buena que agrada a Dios».(5) La mujer, en contraste con [la visión de] los paganos y otras opiniones comunes, no es un mal necesario. La mujer es regalo de Dios y Su creación especial. Lutero buscaba restaurar el valor de la feminidad. Como dijo en su sermón de 1522:
Para que no procedamos como ciegos, sino que nos conduzcamos cristianamente, aférrate ante todo a esto: que el hombre y la mujer son obra de Dios. Mantén el control de tu corazón y de tus labios; no critiques Su obra, ni llames ‘malo’ a lo que él mismo ha llamado bueno. Él sabe mejor que tú mismo lo que es bueno y te beneficia, como dice en Génesis 1 [2:18]: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea». Ahí ves que llama a la mujer buena, ayudante. Si lo consideras de otra manera, ciertamente es tu culpa, no entiendes ni crees la palabra y la obra de Dios. Mira, con esta afirmación de Dios se les tapa la boca a todos los que critican y censuran el matrimonio.(6)
No solamente Dios honra el matrimonio por su propia creación, sino que, incluso por la violación del pacto matrimonial, recibe un lugar entre el resumen de su Ley: los Diez Mandamientos. El sexto mandamiento muestra el amor que Dios extiende hacia el matrimonio por medio de incluir un mandato contra aquellos que tratarían de violar el pacto matrimonial por adulterio o cualquier pensamiento que inicie el adulterio. En esto, vemos como Dios le da honor y gloria al matrimonio. Como dice:
Debido a que este mandamiento está dirigido específicamente al matrimonio como un camino de vida y da la ocasión de hablar de él, debes notar cuidadosamente, primero, cuán altamente Dios honra y alaba este camino de vida, respaldándolo y protegiéndolo por el propio mandamiento de Dios. Dios lo respaldó arriba en el quinto mandamiento: «Honrarás a padre y madre». Pero aquí, como he dicho, Dios lo ha asegurado y protegido. Por las siguientes razones: Dios también desea que lo honremos, mantengamos y apreciemos como un camino de vida divino y bendito. Dios lo ha establecido antes que todos los demás como la primera de todas las instituciones. Dios creó al hombre y a la mujer de manera diferente (como es evidente) no para la indecencia, sino para ser fieles el uno al otro, para ser fructíferos, para engendrar hijos, y para criarlos y educarlos para la gloria de Dios. Por lo tanto, Dios ha bendecido esta forma de vida muy ricamente, por encima de todas las demás y, además, la ha provisto y dotado de todo lo que hay en el mundo para que esta forma de vida sea ricamente provista. La vida conyugal no es un asunto de broma o de curiosidad ociosa, sino que es una institución gloriosa y un objeto de la seria preocupación de Dios. Porque es de suma importancia para Dios que las personas sean educadas para servir al mundo, para promover el conocimiento de Dios, la vida piadosa y todas las virtudes, y para luchar contra la maldad y el diablo.(7)
Además, este mandamiento no solamente le da honor al matrimonio en general, sino que también prohíbe toda clase de inmoralidad sexual ya sea por hecho, palabra o pensamiento; también, positivamente manda que los esposos se amen y se honren mutuamente. La inmoralidad y falta de castidad es abandonada cuando los dos esposos están cumpliendo este mandato por un amor y honor mutuos. Como dice:
Dondequiera que se mantenga la castidad conyugal, es esencial sobre todo que los esposos vivan juntos en amor y armonía, queriéndose de todo corazón y con perfecta fidelidad. Esta es una de las principales formas de hacer atractiva y deseable la castidad. En tales condiciones, la castidad se impone siempre de forma espontánea, sin necesidad de ninguna orden. Por eso, San Pablo exhorta con tanta insistencia a los matrimonios a amarse y honrarse mutuamente. También aquí tenéis una preciosa obra buena —en realidad, muchas obras grandes— de la que podéis presumir felizmente frente a todos los «caminos espirituales de la vida» que se eligen sin la palabra y el mandamiento de Dios.(8)
Debido a que el matrimonio es el don de Dios, es algo que el Diablo odia y trata de destruir. Lo destruye a través de la inmoralidad o de las malas opiniones del estado matrimonial o de la mujer. Por otro lado, una persona puede atacar al diablo a través de amar el matrimonio y buscar llevar su matrimonio conforme al diseño de Dios. También, debido a esta institución divina, una persona casada puede estar convencida de que su vida matrimonial le agrada a Dios y esto es algo que debe traerle paz y felicidad porque sabe que es de Dios. Es por esto que Proverbios 18:22 dice que encontrar una esposa es encontrar algo bueno.
Eso es lo que significa encontrar una esposa. Muchos tienen esposas, pero pocos encuentran esposas. ¿Por qué? Son ciegos; no ven que su vida y conducta con sus esposas es obra de Dios y agradable a sus ojos. Si encontraran eso, entonces ninguna esposa sería tan odiosa, tan malhumorada, tan maleducada, tan pobre, tan enferma, que no encontrarían en ella el deleite de su corazón y nunca estarían reprochando a Dios por su obra, creación y voluntad. Y cuando vean que esta es la buena voluntad de su amado Señor, serán capaces de tener paz en el dolor, alegría en medio de la amargura y felicidad en medio de las tribulaciones, así como tienen los mártires en el sufrimiento.(9)
Por lo tanto, el amor matrimonial es el amor más elevado de todos los amores en el mundo:
Ahora bien, hay tres clases de amor: el falso amor, el amor natural y el amor conyugal. El amor falso es el que busca lo suyo, como el hombre que ama el dinero, las posesiones, el honor y las mujeres tomadas fuera del matrimonio y contra el mandato de Dios. El amor natural es el que se da entre el padre y el hijo, el hermano y la hermana, los amigos y los parientes, y otras relaciones similares. Pero, por encima de todos ellos, está el amor conyugal, es decir, el amor de la novia, que brilla como un fuego y no desea otra cosa que al marido. Ella dice: «Te quiero a ti, no a lo que es tuyo: No quiero ni tu plata ni tu oro; no quiero nada de eso. Sólo te quiero a ti. Te quiero en su totalidad, o no te quiero en absoluto». Todas las demás clases de amor buscan algo distinto de la persona amada: esta clase de amor sólo quiere tener al propio ser del amado por completo.(10)
Tristemente, este amor diseñado y creado por Dios para la relación matrimonial se ha perdido en la caída. Hoy en día, el hombre quiere a su esposa debido al placer sexual que recibe de ella, o viceversa. Si no fuera por la caída, la pareja casada sería la vista más hermosa de toda la creación; pero, el pecado ha introducido todo tipo de perversión. Aunque estas perversiones se ven más claramente fuera del matrimonio en la lujuria, adulterio, prostitución, y en cualquier otro tipo de inmoralidad sexual, incluso en los pensamientos malos. Sin embargo, según Lutero, también se encuentra en el matrimonio. Debido a la caída, es raro ver que el esposo y esposa se quieran el uno al otro solo para la otra persona y no para recibir placer sexual o algo más de ellos. Por lo tanto, aunque las relaciones sexuales son licitas solo dentro del matrimonio, aun allí puede estar contaminado por el pecado. De hecho, «Lutero quedó atrapado, por lo tanto, en el tradicional desprecio agustiniano por la lujuria sexual».(11) Lutero seguía el pensamiento de Agustín que el pecado reside en el acto sexual mismo. No es así por creación, sino por el pecado original (cf. su comentario sobre Salmo 51:5). En uno de sus sermones sobre el matrimonio dijo:
Con toda esta exaltación de la vida matrimonial… no he querido atribuir a la naturaleza una condición de impecabilidad. Por el contrario, digo que la carne y la sangre, corrompidas por Adán, son concebidas y nacidas en el pecado, como dice el Salmo 51[:5]. La relación [sexual] nunca está exenta de pecado; pero Dios la excusa por su gracia, porque el estado del matrimonio es obra suya, y conserva en [medio de] el pecado y a través de él todo el bien que ha implantado y bendecido en el matrimonio.(12)
Es cierto que el matrimonio ayuda a restringir el pecado del hombre, pero el hombre egoísta y llevado por sus pasiones puede contaminar incluso el lecho matrimonial:
De este modo, Dios se encarga de que la carne sea sometida para que no haga estragos donde y como quiera, y permite dentro de esa fidelidad una ocasión más que suficiente para engendrar hijos. Pero, por supuesto, el hombre tiene que controlarse y no hacer de su matrimonio una inmundicia.(13)
Has Schwarz comenta que «Lutero ve el amor sexual… desde una doble perspectiva: desde la perspectiva de la buena creación de Dios y desde la perspectiva de su distorsión por el pecado».(14) Debido a que es creación de Dios, cuando el amor sexual se lleva a cabo en el pacto de fidelidad, que es el matrimonio, y en un amor desinteresado, es decir, que buscan solo amar a la otra persona y consumar ese amor y no para servirse del cuerpo del otro, es algo bueno de parte de Dios. Incluso es bendito cuando no es puramente para la intención de la procreación. Sin embargo, después de la caída, este tipo de amor puro y desinteresado es tan raro que se puede decir que «la relación [sexual] nunca está exenta de pecado». Entonces, desde la perspectiva de la creación y diseño de Dios, es bueno y honroso; pero de la perspectiva de la caída, es algo pecaminoso, aunque Dios supera el pecado en su misericordia.
Símbolo del Evangelio
Además de que el matrimonio es honroso por su institución original y por ser la manifestación de un amor superior a todos los demás, también recibe valor y honor porque es un símbolo o sacramento de la realidad espiritual y celestial de la unión del creyente con Cristo como Pablo dice en Efesios 5: «Como la unión del hombre y la mujer significa un misterio tan grande, el estado del matrimonio debe tener este significado especial».(15) Otro aspecto del valor del matrimonio, y una manera en que sirve a la protección de la tentación, es que es un pacto de fidelidad perpetua:
El matrimonio es un pacto de fidelidad. Toda la base y la esencia del matrimonio es que cada uno se entrega al otro, prometen permanecer fieles el uno al otro y no entregarse a ningún otro. Al atarse el uno al otro, y entregarse mutuamente, se cierra el paso al cuerpo de cualquier otro y se contentan en el lecho matrimonial con su única compañía.(16)
Una Simiente Piadosa
Un tercer beneficio y valor del matrimonio es que produce hijos. Sin embargo, el matrimonio cristiano no debe estar contento con tener muchos hijos o un crear un linaje, ni con solo disfrutar el placer de los niños; sino que debe procurar criar a los hijos en el Señor. Esta, en verdad, es la obra más gloriosa de toda la creación:
Pero esto, al menos, deberían saberlo todos los casados. No pueden hacer una obra mejor ni más valiosa para Dios, para la cristiandad, para todo el mundo, para ellos mismos ni para sus hijos, que educar bien a sus hijos. En comparación con esta obra, la de educar bien a sus hijos, no hay nada en absoluto en las peregrinaciones a Roma, Jerusalén o Compostela, nada en absoluto en la construcción de iglesias, la dotación de misas o cualquier otra obra buena que pueda nombrarse. Porque educar bien a sus hijos es el camino más corto hacia el cielo. De hecho, el cielo mismo no podría estar más cerca o alcanzarse más fácilmente que haciendo este trabajo. Es también su trabajo designado. Cuando los padres no son conscientes de esto, es como si todo fuera al revés, como el fuego que no quema o el agua que no moja.(17)
Tres años después, en 1522, Lutero habló en un lenguaje aún más elevado del deber de criar a los hijos en el Señor:
Sin embargo, el mayor bien de la vida conyugal, lo que hace que todo el sufrimiento y el trabajo valgan la pena, es que Dios conceda descendencia y ordene que se eduque para adorarle y servirle. En todo el mundo ésta es la obra más noble y preciosa, porque para Dios no puede haber nada más querido que la salvación de las almas. Ahora bien, puesto que todos estamos obligados a sufrir la muerte, si es necesario, para llevar una sola alma a Dios, podéis ver cuán rico es el patrimonio del matrimonio en buenas obras. Dios ha confiado a su seno almas engendradas de su propio cuerpo, en las que puede prodigar toda clase de obras cristianas. Ciertamente, el padre y la madre son apóstoles, obispos y sacerdotes para sus hijos, pues son ellos quienes les dan a conocer el Evangelio. En resumen, no hay autoridad más grande ni más noble en la tierra que la de los padres sobre sus hijos, pues esta autoridad es tanto espiritual como temporal. Quien enseña el evangelio a otro es verdaderamente su apóstol y obispo. La mitra y el báculo y los grandes patrimonios producen ciertamente ídolos, pero la enseñanza del Evangelio produce apóstoles y obispos. ¡Ved, pues, cuán buena y grande es la obra y la ordenanza de Dios!(18)
El deseo de casarse, tener hijos y reproducirse es parte de ser un humano. Es tan natural como ser hombre o mujer. Dios diseñó al hombre para querer a la mujer y a la mujer para querer al hombre, y para tenerse en el pacto matrimonial.(19) Y el deseo de resistir este orden natural es lo que produce todo tipo de inmoralidad sexual:
Por lo tanto, así como Dios no ordena a nadie que sea hombre o mujer, sino que los crea como tienen que ser, tampoco les ordena que se multipliquen, sino que los crea para que se multipliquen. Sin embargo, dondequiera que los individuos traten de resistirse a esto, [descubre que] sigue siendo irresistible y [entonces] sigue su camino a través de la fornicación, el adulterio y los pecados secretos; porque esto es una cuestión de naturaleza y no de elección.(20)
Dios ha provisto una exención para los eunucos [que son] de nacimiento, [o hechos] por la obra de alguien más, o por el reino de Dios (Mat 19:12); pero fuera de esta clase nadie puede tomar un voto de celibato. De hecho, Dios no honra tales votos a menos que uno pertenezca a uno de estos tres grupos. Esto tuvo grandes implicaciones para el entendimiento de Lutero en cuanto a los votos monásticos, como él desarrolla en un libro sobre este tema en 1521 y también en su sermón de 1522:
A partir de esto puedes ver ahora el alcance de la validez de todos los votos del claustro. Ningún voto de ningún joven o doncella es válido ante Dios, excepto el de una persona de una de las tres categorías que Dios mismo ha exceptuado. Por lo tanto, los sacerdotes, los monjes y las monjas tienen el deber de renunciar a sus votos siempre que encuentren que la ordenanza de Dios de producir simiente y multiplicarse es poderosa y fuerte en ellos. No tienen poder por ninguna autoridad, ley, mandato o voto para impedir esto que Dios ha creado en ellos. Sin embargo, si lo impiden, puedes estar seguro de que no permanecerán puros, sino que inevitablemente se mancharán con pecados secretos o fornicación. Porque simplemente son incapaces de resistir la palabra y la ordenanza de Dios en su interior. Las cosas seguirán su curso como Dios lo ha ordenado.(21)
Debido a esta gloria del matrimonio y la crianza de hijos, debemos tener mucho cuidado de ser guiado por la razón humana o la cultura y no por la palabra de Dios. Esta realidad bíblica llena los deberes matrimoniales y de la paternidad con gran esplendor, y es algo que agrada a Dios y le glorifica. Escucha estas palabras de Lutero en su sermón sobre el Estado Matrimonial de 1522:
Ahora bien, observen que cuando esa inteligente ramera, nuestra razón natural (que los paganos siguieron para tratar de ser más inteligentes), echa un vistazo a la vida matrimonial, levanta la nariz y dice: «¡Ay! ¿Tengo que mecer al bebé, lavar sus pañales, hacer su cama, oler su hedor, quedarme despierto por las noches con él, cuidar de él cuando llora, curar sus sarpullidos y llagas, y además cuidar de mi mujer, mantenerla, trabajar en mi oficio, ocuparme de esto y de lo otro, hacer esto y lo otro, soportar esto y lo otro, y cualquier otra cosa de amargura y monotonía que implica la vida matrimonial? ¿¡Qué!? ¿Debo convertirme en una prisionera de mí misma? ¡Oh!, pobre y desdichado, ¿has tomado una esposa? Es mejor permanecer libre y llevar una vida pacífica y sin preocupaciones; me haré sacerdote o monja y obligaré a mis hijos a hacer lo mismo».
Entonces, ¿qué dice la fe cristiana a esto? [La fe cristiana] abre los ojos, mira todos estos deberes insignificantes, desagradables y despreciados en el Espíritu, y [ella] es consciente de que todos estos deberes están adornados con la aprobación divina como con el oro y las joyas más costosas, y dice: «¡Oh Dios! Ya que tengo la certeza de que me has creado como hombre y has engendrado de mi cuerpo a este niño, también sé con certeza que esto se ajusta a tu perfecta complacencia. Te confieso que no soy digno de mecer al pequeño ni de lavar sus pañales, ni de que se me confíe el cuidado del niño y de su madre. ¿Cómo es que yo, sin ningún mérito, he llegado a esta distinción de estar seguro de servir a tu criatura y a tu preciosísima voluntad? Oh, con qué gusto lo haré, aunque los deberes sean aún más insignificantes y despreciados. Ni la helada ni el calor, ni la fatiga ni el trabajo, me angustiarán o disuadirán, porque estoy seguro de que así es agradable a tus ojos».
También la esposa debe considerar sus deberes bajo la misma luz, cuando amamanta al niño, lo mece, lo baña y lo cuida de otras maneras; y cuando se ocupa de otros deberes y presta ayuda y obediencia a su marido. Estas son obras verdaderamente doradas y nobles. Así también es como se puede consolar y animar a una mujer en los dolores del parto, no repitiendo leyendas de Santa Margarita y otros tontos cuentos de viejas, sino hablando así: Querida Grete, recuerda que eres una mujer, y que esta obra de Dios en ti le es agradable. Confía con alegría en Su voluntad y deja que se salga con la suya. Trabaja con todas tus fuerzas para dar a luz al niño. Si esto significase tu muerte, entonces parte [de este mundo] felizmente, pues morirás en una obra noble y en sumisión a Dios. Si no fueras mujer, desearías ahora serlo sólo por esta obra, para poder así sufrir gloriosamente y hasta morir en el cumplimiento de la obra y voluntad de Dios. Dime, ¿no es esto (como dice Salomón [Prov. 18:22]) «obtener el favor del Señor», incluso en medio de tal extremo?(22)
Lutero a veces se refería al matrimonio como «la escuela de carácter». Es decir, es el lugar donde uno puede ser conformado a la imagen de Cristo en fe, servicio y amor. Cuando uno disfruta del matrimonio en fe, entonces uno convierte todas las incomodidades, sufrimientos, y dolores en placer y gloria espiritual: «Digo estas cosas para que aprendamos cuán honorable es vivir en ese estado que Dios ha ordenado. En él encontramos la palabra y el beneplácito de Dios, por el cual todas las obras, la conducta y los sufrimientos de ese estado se vuelven santos, piadosos y preciosos».(23) Es increíble pensar que Lutero estaba diciendo estas cosas dos años antes de casarse. Pero, quizás uno podía decir que Lutero no había experimentado las dificultades del matrimonio y entonces no tenía derecho de decirlo; pero dijo Lutero: «me baso en la Escritura, que para mí es más segura que toda experiencia y no puede mentirme. Quien encuentra otras cosas buenas en el matrimonio se beneficia aún más y debe dar gracias a Dios. Todo lo que Dios llama bueno tiene que serlo siempre, a no ser que los hombres no lo reconozcan o lo utilicen perversamente».(24)
La Práctica del Matrimonio
Mucho de lo que hemos visto viene de sus escritos antes de casarse, pero incluso se mantuvo en esta perspectiva y se maduró aún más en su entendimiento después de casarse con Katarina.
Mientras él estuvo en el Wartburg, un sacerdote llamado Carlstadt, se casó, y otro colega, Gabriel Zwilling, un agustiniano como Lutero, empezó a defender el matrimonio de no solamente el clero sino también los monjes. Lutero había defendido el matrimonio del clero, pero todavía respetaba la validez de los votos monásticos. Por esto, Lutero se sorprendió con este abandono de los votos monásticos de monje y monja y dijo: «No me podrán dar a mí una esposa». A través de Zwilling, muchos de los monjes y monjas empezaron a salir de sus monasterios y casarse, a veces entre sí. Lutero hizo su propio estudio del tema y escribió su libro De los Votos Monásticos en el que defendió el matrimonio del clero. Lutero determinó que la vida monástica supone que hay una vida más elevada para el cristiano, una vocación más elevada, pero él respondió diciendo que cada creyente tiene una vocación de Dios y puede glorificar a Dios, incluso como campesino, minero, carpintero, o como parte del clero. El monasterio cerca de Wittenberg decidió respetar esta postura y daba permiso para que sus monjes salieran o se quedaran según sus propias convicciones.
Lutero empezó a tomar un rol más activo en oficiar las bodas y recomendar a las monjas y monjes que se casaran. En 1523, un grupo de monjas escribieron a Lutero buscando ayuda para poder salir del convento y poder casarse. Aunque era un crimen capital, Lutero logró conseguir la ayuda de Leonardo Kopp, un hombre que transportaba pescado a los conventos, para dar escape a estas monjas. Él les ayudó a escapar del convento en barriles de pescado que estaba entregando un día, y tres de las monjas se fueron a sus hogares mientras 9 fueron llevadas a Wittenberg. Todas las mujeres pudieron encontrar un esposo, pero una mujer, Katarina von Bora (1499-1552), no pudo casarse. Aprovechó el tiempo aprendiendo los deberes de la casa, y estaba planificando una relación con un hombre, pero él terminó casándose con alguien más. Después, Lutero trató de organizar su matrimonio con alguien más pero ya no quería un esposo cualquier, ya tenía su vista fijada en Lutero mismo. Lutero, aunque recomendando el matrimonio para otros, no estaba interesado en casarse debido a la amenaza constante de su ejecución como bandido del imperio y hereje de la iglesia. Sin embargo, él decidió que era necesario para mostrar su verdadera convicción en la bendición del matrimonio y que los monjes son libres para casarse. Así fue y se casaron el 13 de junio de 1525.
Al principio tuvo tres razones principales para casarse: (1) para airar al papa y el diablo, (2) para mostrarse como uno que práctica sus enseñanzas y sellar ese testimonio antes de su martirio anticipado y (3) porque no quería negar a sus padres el tener nietos y un legado. Aunque en el contexto histórico podemos apreciar la importancia de estas razones, por otro lado, es un poco cuestionable ver esto como su razón para casarse. Especialmente como una protesta a la iglesia católica, como T. Stork, un historiador, dijo:
Fue un paso tan decidido contra el romanismo como [lo fue] la quema de la bula papal; pues fue una proclamación solemne al mundo de la ordenación divina del matrimonio para el sacerdote y el pueblo, y una protesta práctica del líder de la Reforma contra los enormes males del celibato.(25)
Sin embargo, rápidamente él se enamoró en gran manera con su «Kati querida». La amó grandemente. La dinámica de su vida cambió en gran manera. Antes, tenía una vida llena de trabajo en que nunca había tendido su cama y la paja de su colchón estaba mojado de sudor, pero siempre se acostó tan cansado que nunca lo notó. Pero, ahora Katy cuidaba bien de su casa, cambió la paja, y tuvo que acostumbrarse a cada mañana despertarse con el cabello largo de su esposa en la almohada a su lado.
Confió mucho en ella. Respetó su sabiduría y su espíritu más moderado que su personalidad violenta. Incluso, se refirió a ella en varias preguntas de la Biblia y la práctica, y a veces le llamaba «la doctora Lutero». Katarina ayudaba a Lutero en muchas maneras, le ayudaba a preservar su piedad familiar y no siempre estar ocupado en sus escritos y viajes. Claro, Lutero era un hombre difícil debido a sus compromisos y su rol en la Reforma, pero Katarina le ayudó a mantener el enfoque y encontrar consuelo en momentos de dificultad. Después de seis años de matrimonio, él dijo: «No cambiaría mi Kati por toda Francia o Venicia».(26)
Aunque se casaron con casi nada de dinero, y aunque Lutero solo recibía un pago pequeño de la universidad, ellos recibieron el claustro negro de la orden agustiniana que había sido casi abandonada por los monjes que dejaron sus votos o se mudaron. También, el elector aumentó el sueldo de Lutero y les ayudó a vivir más cómodamente. Su casa era casi una mansión bien grande de tres plantas y con 40 habitaciones en la planta baja. Lutero estaba bien ocupado en este tiempo, viajando o recibiendo personas, y su casa se convirtió en un tipo de hotel para predicadores o estudiantes que pasaban por la ciudad. Fue de estas conversaciones alrededor de la mesa que sus estudiantes luego produjeron una colección de sus Charlas de sobremesa. También, en el tiempo de la plaga su casa se convirtió en un hospital. Katarina cuidaba de la casa, manteniendo a sus animales, cuidando de los huéspedes y también teniendo su propia cervecera. Se convirtió en una escuela para seis niños que Katarina y Lutero tuvieron juntos: Hans (7 de junio de 1526), Isabel (10 de diciembre de 1527; muriendo con 8 meses), Magdalena (17 de diciembre de 1529; 1529-1542), Martín (9 de noviembre de 1531), Pablo (28 de enero de 1533), Margarita (17 de diciembre de 1534). Además de sus propios hijos, también recibieron los hijos de su hermana quien falleció, y crio cuatro de ellos y tuvo otros bajo su cuidado en varios momentos.
Katarina y Lutero eran una pareja muy normal. Katarina se dedicaba a las cosas de la casa, incluyendo el presupuesto, los siervos, y los niños. Lutero trabajaba en sus estudios y enseñanza teológica y también por las tardes servía a su familia y enseñaba a los niños. Katarina tenía un huerto y algunos animales y también una cervecería. Además, ella era consejero y asistente de Lutero en muchos de sus discursos más personales en su casa, o también era un refrigerio en medio de sus depresiones. Celebraban los cultos familiares y Lutero enseñaba los catecismos a sus niños. De hecho, Lutero consideraba sus catecismos como sus obras más importantes de todas. Además, escribía himnos para ser cantados en sus cultos familiares.(27)
También, Katarina solía preocuparse por el bien estar de su esposo. Lutero solía ser golpeado por dolores de cabeza y otras enfermedades, viajaba mucho, y también a veces se cerraba en su cuarto por algún tiempo. Una vez, estudiando el salmo 22, Lutero se encerró en su estudio por unos tres días. Y ella, pensando que se había muerto y habiendo buscado y tocado todas las puertas de la casa, llamó al cerrajero para abrir la puerta de estudio para encontrarlo allí sentado y consumido en sus estudios, y Lutero le dijo: «¿Creéis que he hecho algo malo? ¿No sabéis que debo trabajar mientras sea de día, porque llega la noche en la que nadie puede trabajar?».(28) También, en una ocasión, Lutero le escribió una carta reprendiéndole por su ansiedad y preocupación por él, indicando en una manera sarcástica que su preocupación no le hacía nada de bien:
[Eisleben,] 10 de febrero de 1546
Martín Lutero a la santa dama, llena de preocupaciones, la señora Katharina, doctora, la señora de Zölsdorf, en Wittenberg, mi graciable y querida señora de la casa
¡Gracia y paz en Cristo! ¡Santa señora doctora! Le agradezco muy amablemente su gran preocupación que le quita el sueño. Desde la fecha en que [empezasteis a] preocuparos por mí, el fuego de mis aposentos, justo fuera de la habitación, intentó devorarme; y ayer, sin duda por la fuerza de vuestras preocupaciones, casi me cayó una piedra en la cabeza y casi me aplastó como en una trampa para ratones. Porque en nuestra cámara secreta se ha estado cayendo mortero durante unos dos días; llamamos a algunas personas que [simplemente] tocaron la piedra con dos dedos y se cayó. La piedra era tan grande como una almohada larga y tan ancha como una mano grande; pretendía pagaros vuestras santas preocupaciones, si los queridos ángeles no me hubieran protegido. [Ahora] me preocupa que, si no dejas de preocuparte, la tierra acabará por tragarnos y todos los elementos nos perseguirán. ¿Así aprendiste del Catecismo y la fe? Ora y deja que Dios se preocupe. Ciertamente, no se te ha ordenado que te preocupes por mí o por ti mismo. «0Echa tu carga sobre el Señor, y él te sostendrá», como está escrito en el Salmo 55[:22] y en muchos otros pasajes….
Siervo voluntario de Su Santidad,
Martín Lutero(29)
Lutero también fue un buen esposo que buscaba proveer por su esposa. Ya que sufría de muchas enfermedades y siempre se enfrentaba con la amenaza de tener su vida quitada, se puso a escribir su ultimo testamento el 6 de enero de 1542. Él se preocupaba por el bien de su esposa y también confiaba en ella mucho. En ese tiempo, era la práctica que un guardián sea apuntado para heredar la propiedad de un esposo difunto en lugar de la esposa, pero Lutero escribió su testamento, aunque sin el apoyo de un abogado legalizado, en que otorgó a su esposa todos sus bienes. No tenían mucho: dos propiedades, y los bienes de su casa con algunas cosas de plata y oro. Pero, él dice: «Lo hago porque, sobre todo, como esposa piadosa y fiel me ha tenido en todo momento querido, digno y bien y con las ricas bendiciones de Dios dio a luz y crio para mí cinco hijos vivos (que aún viven, que Dios les conceda una larga vida)».(30) Por eso, él confiaba completamente en ella para heredar sus propiedades y para poder seguir gobernándolas bien con toda fidelidad. Además, él confiaba en ella para cancelar las deudas que tenía. Al reflexionar en esto, dice que lo sorprendente de su testamento no es que tiene tan poco dinero, sino que no hay más deuda.
También, esperaba que debido a que él había tenido tantos ataques del Diablo, que esto iba a seguir después de su muerte. Él había visto esto en chisme, en el descuido de los niños, y muchos otros ataques. «Lo pido por esta razón, porque el Diablo, ya que no puede acercarse a mí, sin duda perseguirá a mi Katie de todas las maneras posibles por esta sola razón de que ella era, y (Dios sea alabado) todavía es, la esposa del Dr. Martin».(31) Por lo tanto, Lutero pide que los niños honren y cuiden de su mama, le da permiso a ella para casarse de nuevo con la condición de seguir amando y cuidando de los niños de lo cual tenía toda confianza que seguiría haciendo. Además, él pide a sus amigos que la protejan y cuiden después de su muerte de chisme o los que busquen sacar provecho de ella: «También pido a todos mis buenos amigos que sean testigos de mi querida Katie y que ayuden a defenderla, cuando algunos chismosos ociosos quieran molestarla o difamarla, como si tal vez tuviera una suma de dinero en efectivo a la mano, que robaría o malversaría de nuestros pobres hijos».(32)
Aunque no fue por un canal autorizado, Lutero pedía que este testamento sea honrado conforme al evangelio y con el testimonio de tres de sus amigos, incluyendo Melancthon, Kaspar Cruciger, y Bugenhagen. En esto, vemos el cuidado de Lutero para con su esposa en una manera practica y también la confianza que tiene en ella de heredar todos sus bienes y gobernarlos correctamente y también de poder criar a sus hijos.
Conclusión
Aunque Lutero se casó por razones poco románticas, él aprendió por experiencia la hermosura y gloria de la vida matrimonial. No era una distracción ni una vida inferior, era una vida elevada y una vocación especial lo que le dio oportunidad para reflejar el amor de Dios, aprender paciencia, tener contabilidad y tener compañerismo en los sufrimientos inevitables de la vida. Por eso, él dijo: «Moriré como uno que ama y alaba el matrimonio».
Lutero mismo comentaría acerca de la gloria del matrimonio,
Junto a la Palabra de Dios, no hay tesoro más precioso que la sagrada ordenanza del matrimonio. El más alto regalo terrenal de Dios es una esposa de mentalidad espiritual, alegre, temerosa de Dios y cuidadora del hogar, con la que puedas vivir en paz y a la que puedas confiar tus bienes, tu cuerpo y tu vida.(33)
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Notas al pie:
(1) Citado en Joel Beeke, “The Family Man: Luther at Home”, en Nichols y Sproul, Legacy of Luther.
(2) Michael A. G. Haykin y Victoria J. Haykin, The Christian Lover: The Sweetness of Love and Marriage in the Letters of Believers (Lake Mary, FL: Reformation Trust Publishing, 2009), 1.
(3) Bainton, Here I Stand.
(4) «Pues nadie tiene tan poco amor e inclinación por la castidad como aquellos que, bajo la apariencia de una gran santidad, evitan el matrimonio y se entregan a la fornicación abierta y descarada, o hacen en secreto cosas aún peores, demasiado malas para mencionarlas, como desgraciadamente se ha experimentado con demasiada frecuencia. En resumen, aunque se abstengan del acto, sus corazones permanecen tan llenos de pensamientos impuros y malos deseos que sufren incesantes desvaríos de pasión secreta, que pueden evitarse en la vida matrimonial. Por tanto, todos los votos de castidad fuera del matrimonio son condenados y anulados por este mandamiento; es más, a todas las pobres conciencias cautivas engañadas por sus votos monásticos se les ordena incluso que abandonen su existencia impúdica y entren en la vida matrimonial» Kirsi I. Stjerna, «The Large Catechism of Dr. Martin Luther», en Word and Faith, ed. Hans J. Hillerbrand, Kirsi I. Stjerna, y Timothy J. Wengert, vol. 2, The Annotated Luther (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2015), 334.
(5) Lutero, «On the Estate of Marriage», en Christian Life in the World, ed. Hans J. Hillerbrand, Kirsi I. Stjerna, y Timothy J. Wengert, vol. 5, The Annotated Luther (Minneapolis, MN: Fortress Press, 1522), 41; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(6) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:65; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(7) Kirsi I. Stjerna, «The Large Catechism of Dr. Martin Luther», en Word and Faith, ed. Hans J. Hillerbrand, Kirsi I. Stjerna, y Timothy J. Wengert, vol. 2, The Annotated Luther (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2015), 332.
(8) Stjerna, «The Large Catechism of Dr. Martin Luther», 2:335.
(9) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:66-67; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(10) Luther, Martin Luther’s Basic Theological Writings, 388; = Sermón sobre el Estado del Matrimonio (1519).
(11) Hans Schwarz, True Faith in the True God: An Introduction to Luther’s Life and Thought, Revised and Expanded Edition. (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2015), 204.
(12) Marjorie Elizabeth Plummer, «On the Estate of Marriage», en Christian Life in the World, ed. Hans J. Hillerbrand, Kirsi I. Stjerna, y Timothy J. Wengert, vol. 5, The Annotated Luther (Minneapolis, MN: Fortress Press, 1522), 77. Énfasis agregado.
(13) Plummer, «A Sermon on the Estate of Marriage Revised and Corrected by Dr. Martin Luther, Augustinian at Wittenberg», 5:27.
(14) Schwarz, True Faith in the True God, 205–206.
(15) Luther, Martin Luther’s Basic Theological Writings, 389; = Sermón sobre el Estado del Matrimonio (1519).
(16) Luther, Martin Luther’s Basic Theological Writings, 389; = Sermón sobre el Estado del Matrimonio (1519).
(17) Luther, Martin Luther’s Basic Theological Writings, 390; = Sermón sobre el Estado del Matrimonio (1519).
(18) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:75; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(19) «[S]e debe recordar también que no es sólo un camino de vida honroso, sino también necesario; está solemnemente ordenado por Dios que, en general, tanto los hombres como las mujeres de toda condición, que han sido creados para ello, se encuentren en este estado. Ciertamente, hay algunas (aunque raras) excepciones a las que Dios ha eximido especialmente, en el sentido de que algunos no son aptos para la vida matrimonial, u otros a los que Dios ha liberado por un don elevado y sobrenatural para que puedan mantener la castidad fuera del matrimonio. Sin embargo, cuando la naturaleza funciona como Dios la implantó, no es posible permanecer casto fuera del matrimonio; porque la carne y la sangre siguen siendo carne y sangre, y las inclinaciones y estímulos naturales proceden sin freno ni trabas, como todos observan y experimentan. Por eso, para facilitar que los hombres eviten en cierta medida la falta de castidad, Dios ha establecido el matrimonio, para que todos puedan tener la parte que les corresponde y estar satisfechos con ella, aunque también en este caso se requiere la gracia de Dios para mantener puro el corazón», Kirsi I. Stjerna, «The Large Catechism of Dr. Martin Luther», en Word and Faith, ed. Hans J. Hillerbrand, Kirsi I. Stjerna, y Timothy J. Wengert, vol. 2, The Annotated Luther (Minneapolis, MN: Fortress Press, 2015), 333–334.
(20) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:42; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(21) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:43-44; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(22) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:67-68; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(23) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:70; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(24) Luther, «On the Estate of Marriage», 5:71-72; = Del Estado del Matrimonio (1522).
(25) T. Stork, Luther at Home (Philadelphia: Lutheran Board of Publication, 1872), 34.
(26) Luther’s Works, 54:7.
(27) Foto de Stork, Luther at Home, 46. Lutero, familia y visitas cantando himnos.
(28) Stork, Luther at Home, 38.
(29) Haykin y Haykin, The Christian Lover, 4.
(30) Hans J. Hillerbrand, «Luther’s Will», en Christian Life in the World, ed. Hans J. Hillerbrand, Kirsi I. Stjerna, y Timothy J. Wengert, vol. 5, The Annotated Luther (Minneapolis, MN: Fortress Press, 1542), 13.
(31) Hillerbrand, «Luther’s Will», 5:14–15.
(32) Hillerbrand, «Luther’s Will», 5:14.
(33) Citado en Needham, 2000 Years of Christ’s Power, 3:125.








