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Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres (1677/89)

La Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres es una declaración doctrinal pública cuyo propósito era establecer, primero, una comunión firme con otras iglesias en una fe común, y, segundo, una comunión clara con otras iglesias, en la medida que había una correspondencia y coincidencia entre los artículos de su fe y los de esta confesión. Por lo tanto, la confesión de fe provee una plataforma doctrinal para la comunión con otros cristianos.

1.1 La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible (1) de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores; aunque la luz de la naturaleza (2) y las obras de la creación y de la providencia manifiestan la bondad, sabiduría y poder de Dios, de tal manera que dejan a los hombres sin excusa, aun así, no son suficientes para dar ese conocimiento de Dios y de Su voluntad que es necesario para la salvación. (3) Por lo tanto, agradó al Señor, en muchas ocasiones y de muchas maneras, revelarse a Sí mismo y declarar Su voluntad a Su Iglesia; y después, para preservar y propagar mejor la verdad, y para el establecimiento y consuelo más seguros de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó poner por escrito esa revelación en su totalidad; (4) lo cual hace que las Santas Escrituras sean sumamente necesarias, habiendo cesado ya aquellas maneras anteriores por las cuales Dios reveló Su voluntad a Su pueblo.

(1) 2 Tim. 3:15, 16, 17. Isa. 8:20. Luc. 16:29, 31. Efe. 2:20. (2) Rom. 1:19, 20, 21, etc.; y 2:14, 15. Sal. 19:1, 2, 3. (3) Heb. 1:1. (4) Pro. 22:19, 20, 21. Rom. 15:4. 2 Ped. 1:19, 20.

1.2 Con el nombre de Santa Escritura o la Palabra de Dios escrita, ya se incluye todos los Libros del Antiguo y el Nuevo Testamento, que son los siguientes: DEL ANTIGUO TESTAMENTO: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías. DEL NUEVO TESTAMENTO: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Hechos de los Apóstoles, La Epístola de Pablo a los Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón, la Epístola a los Hebreos, la Epístola de Santiago, La primera y segunda Epístola de Pedro, La primera, segunda y tercera Epístola de Juan, la Epístola de Judas, Apocalipsis.

Todos estos fueron dados por inspiración de Dios, (5) para que sean la regla de fe y vida.

(5) 2 Tim. 3:16.

1.3 Los libros comúnmente llamados apócrifos, como no son de inspiración divina, (6) no forman parte del canon (o regla) de la Escritura y, por lo tanto, no tienen autoridad para la Iglesia de Dios, ni debe ninguno de estos ser aprobado o usado de una manera distinta a como se hace con otros escritos humanos.

(6) Luc. 24:27, 44. Rom. 3:2.

1.4 La autoridad de la Santa Escritura, por la cual esta debe ser creída, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino enteramente de Dios (quien es la verdad misma) el Autor de la Santa Escritura; (7) por lo tanto, esta debe ser recibida porque es la Palabra de Dios.

(7) 2 Ped. 1:19, 20, 21. 2 Tim. 3:16. 2 Tes. 2:13. 1 Jua. 5:9.

1.5 El testimonio de la Iglesia de Dios puede movernos e inducirnos a tener una alta y reverente estima por las Santas Escrituras; y el carácter celestial de su contenido, la eficacia de su doctrina, la majestad de su estilo, la armonía de todas sus partes, el escopo de esta en su conjunto (que es dar toda la gloria a Dios), la plena revelación que hace del único camino de salvación para el hombre, y muchas otras excelencias incomparables y la totalidad de las perfecciones de la misma son argumentos por medio de los cuales da evidencia abundantemente de ser la Palabra de Dios; no obstante, nuestra persuasión y certeza plenas de su verdad infalible y autoridad divina provienen de la obra interna del Espíritu Santo, dando testimonio en nuestros corazones por medio de la Palabra y con la Palabra. (8)

(8) Jua. 16:13, 14. 1 Cor. 2:10, 11, 12. 1 Jua. 2:20, 27.

1.6 Todo el consejo de Dios concerniente a todas las cosas que son necesarias para Su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida está expresamente escrito o necesariamente contenido en la Santa Escritura, a la cual no debe añadirse nada en ningún momento, ni por nueva revelación del Espíritu ni por las tradiciones de los hombres.(9)

No obstante, reconocemos que la iluminación interna del Espíritu de Dios es necesaria para el entendimiento salvador de las cosas que están reveladas en la Palabra,(10) y reconocemos que hay algunas circunstancias concernientes a la adoración a Dios y el gobierno de la Iglesia que son comunes a las acciones y sociedades humanas, las cuales deben ser ordenadas a la luz de la naturaleza y la prudencia cristiana, conforme a las reglas generales de la Palabra, las cuales siempre deben ser obedecidas.(11)

(9) 2 Tim. 3:15, 16, 17. Gál. 1:8, 9. (10) Jua. 6:45. 1 Cor. 2:9, 10, 11, 12. (11) 1 Cor. 11:13, 14; y 1 Cor 14:26 y el 1 Cor 14:40.

1.7 No todas las cosas en la Escritura son igualmente claras en sí mismas, ni son igualmente claras para todos;(12) sin embargo, aquellas cosas que es necesario saber, creer y obedecer para salvación se proponen y exponen tan claramente en uno u otro lugar de la Escritura que no solo los eruditos, sino también los que no lo son, pueden adquirir un entendimiento suficiente de tales cosas mediante el debido uso de los medios ordinarios.(13)

(12) 2 Ped. 3:16. (13) Sal. 19:7; y 119:130.

1.8 El Antiguo Testamento en hebreo (que era el idioma nativo del pueblo de Dios en la antigüedad) y el Nuevo Testamento en griego (que, en el tiempo en que fue escrito, era por lo general el idioma más conocido entre las naciones),(14) siendo inspirados inmediatamente por Dios y guardados puros en todas las edades por Su singular cuidado y providencia, son —por lo tanto— auténticos;(15) así que, en todas las controversias religiosas, la Iglesia debe apelar a estos como autoridad final.(16) Pero, debido a que estas lenguas originales no son conocidas por todo el pueblo de Dios, el cual tiene derecho a las Escrituras e interés en estas, y debido a que se le manda leerlas y escudriñarlas en el temor de Dios,(17) por lo tanto, deben ser traducidas a la lengua común de toda nación a la que sean llevadas,(18) para que, habitando en abundancia la Palabra de Dios en todos, puedan adorarle de manera aceptable, y para que, por medio de la paciencia y el consuelo de las Escrituras, tengan esperanza.(19)

(14) Rom. 3:2. (15) Isa. 8:20. (16) Hch. 15:15. (17) Jua. 5:39. (18) 1 Cor. 14:6, 9, 11, 12, 24, 28. (19) Col. 3:16.

1.9 La regla infalible de interpretación de la Escritura es la propia Escritura;(20) por lo tanto, cuando surge alguna duda acerca del verdadero y pleno significado de cualquier pasaje bíblico (significado que no es múltiple, sino uno solo), debe buscarse en otros pasajes que hablen más claramente.

(20) 2 Ped. 1:20, 21. Hch. 15:15, 16.

1.10 El juez supremo por el que deben decidirse todas las controversias religiosas, y por el que deben examinarse todos los decretos de concilios, las opiniones de escritores antiguos, las doctrinas de hombres y espíritus privados, y en cuya sentencia debemos descansar, no puede ser otro que la Santa Escritura entregada por el Espíritu; en dicha Escritura así entregada, nuestra fe se resuelve finalmente.(21)

(21) Mat. 22:29, 31. Efe. 2:20. Hch. 28:23.

2.1 El Señor nuestro Dios es el único Dios vivo y verdadero;(1) cuya subsistencia está en Él mismo y es de Él mismo,(2) infinito en ser y perfección, cuya esencia no puede ser comprendida por nadie sino solo por Él mismo;(3) es espíritu purísimo,(4) invisible, sin cuerpo, partes ni pasiones, es el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible,(5) que es inmutable,(6) inmenso,(7) eterno,(8) inescrutable, todopoderoso,(9) infinito en todos los sentidos, santísimo,(10) sapientísimo, libérrimo, absolutísimo, que obra todas las cosas conforme al consejo de Su inmutable y justísima voluntad,(11) para Su propia gloria;(12) es amantísimo, clementísimo, misericordiosísimo, longanísimo, abundantísimo en bondad y verdad, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, remunerador de los que le buscan con diligencia,(13) pero también justísimo y terrible en Sus juicios,(14) que odia todo pecado,(15) y que de ninguna manera dará por inocente al culpable.(16)

(1) 1 Cor. 8:4, 6. Deu. 6:4. (2) Jer. 10:10. Isa. 48:12. (3) Éxo. 3:14. (4) Jua. 4:24. (5) 1 Tim. 1:17. Deu. 4:15, 16. (6) Mal. 3:6. (7) 1 Rey. 8:27. Jer. 23:23. (8) Sal. 90:2. (9) Gén. 17:1. (10) Isa. 6:3. (11) Sal. 115:3. Isa. 46:10. (12) Pro. 16:4. Rom. 11:36. (13) Éxo. 34:6, 7. Heb. 11:6. (14) Neh. 9:32, 33. (15) Sal. 5:5, 6. (16) Éxo. 34:7. Nahum 1:2, 3.

2.2 Dios, teniendo en Sí mismo y de Sí mismo toda vida,(17) gloria,(18) bondad y bienaventuranza,(19) es el único todosuficiente, en Sí mismo y para Sí mismo, no teniendo necesidad de ninguna de las criaturas que ha hecho, ni derivando ninguna gloria de ellas,(20) sino manifestando solamente Su propia gloria en ellas, por medio de ellas, hacia ellas y sobre ellas; Él es la única fuente de todo ser, de quien, por medio de quien y para quien son todas las cosas,(21) teniendo sobre todas las criaturas el más soberano dominio para hacer, por medio de ellas, para ellas o sobre ellas todo lo que le agrade;(22) todas las cosas están al descubierto y desnudas ante Sus ojos,(23) Su conocimiento es infinito, infalible e independiente de la criatura, de modo que para Él no hay ninguna cosa contingente o incierta;(24) es santísimo en todos Sus consejos, en todas Sus obras y en todos Sus mandatos;(25) a Él se le debe, por parte de los ángeles y los hombres, toda adoración,(26) todo servicio u obediencia que como criaturas deben al Creador, y cualquier cosa adicional que a Él le plazca demandar de ellos.

(17) Jua. 5:26. (18) Sal. 148:13. (19) Sal. 119:68. (20) Job 22:2, 3. (21) Rom. 11:34, 35, 36. (22) Dan. 4:25, 34, 35. (23) Heb. 4:13. (24) Eze. 11:5. Hch. 15:18. (25) Sal. 145:17. (26) Apo. 5:12, 13, 14.

2.3 En este Ser divino e infinito hay tres subsistencias, el Padre, el Verbo o Hijo y el Espíritu Santo,(27) de una misma sustancia, un mismo poder y una misma eternidad, teniendo cada uno toda la esencia divina, pero la esencia indivisa;(28) el Padre no es de nadie ni es engendrado ni procede de nadie, el Hijo es eternamente engendrado del Padre,(29) y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo,(30) todos infinitos, sin principio, por lo tanto, son un solo Dios, que no ha de ser dividido en naturaleza y Ser, sino distinguido por varias propiedades relativas peculiares y relaciones personales; dicha doctrina de la Trinidad es el fundamento de toda nuestra comunión con Dios y nuestra consoladora dependencia de Él.

(27) 1 Jua. 5:7. Mat. 28:19. 2 Cor. 13:14. (28) Éxo. 3:14. Jua. 14:11. 1 Cor. 8:6. (29) Jua. 1:14, 18. (30) Jua. 15:26. Gál. 4:6.

3.1 Dios, desde toda la eternidad, por el sapientísimo y santísimo consejo de Su voluntad, ha decretado en Sí mismo,(1) libre e inalterablemente, todas las cosas, todo lo que llega a suceder; pero, de tal manera que por ello Dios ni es autor del pecado, ni tiene comunión con nadie en el mismo,(2) ni se hace violencia a la voluntad de la criatura, ni se quita la libertad o contingencia de las causas secundarias, antes bien son establecidas,(3) en lo cual se manifiesta Su sabiduría en disponer todas las cosas, y se manifiesta Su poder y fidelidad en el cumplimiento de Su decreto.(4)

(1) Isa. 46:10. Efe. 1:11. Heb. 6:17. Rom. 9:15, 18. (2) Stg. 1:15, 17. 1 Jua. 1:5.
(3) Hch. 4:27, 28. Jua. 19:11. (4) Núm. 23:19. Efe. 1:3-5.

3.2 Aunque Dios sabe todo lo que podría o puede llegar a suceder en todas las condiciones que se puedan suponer,(5) aun así, nada ha decretado porque lo previera como futuro o como aquello que llegaría a suceder en tales condiciones.(6)

(5) Hch. 15:18. (6) Rom. 9:11, 13, 16, 18.

3.3 Por el decreto de Dios, para la manifestación de Su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados o preordinados para vida eterna, por medio de Jesucristo,(7) para alabanza de la gloria de Su gracia;(8) a otros se les deja actuar en su pecado para su justa condenación, para alabanza de la gloria de Su justicia.(9)

(7) 1 Tim. 5:21. Mat. 25:41. (8) Efe. 1:5, 6. (9) Rom. 9:22, 23. Jud. 4.

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