Resumen y aplicación de la eclesiología de John Cotton

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La eclesiología siempre será un tema importante. Con el creciente avance de la doctrina reformada en América Latina, nos encontramos con la necesidad de reformar también la forma en la que entendemos la vida práctica de la iglesia. El escenario entre las iglesias que buscan una reforma en su eclesiología es muy diverso, pero si consideráramos los dos extremos y generalizáramos, podríamos encontrar lo siguiente.

Por un lado, están aquellos hermanos que fueron rescatados de un trasfondo muy diferente al reformado, como los que vienen del movimiento carismático, la predicación y práctica de un evangelio fácil, el fundamentalismo o, incluso, de iglesias donde no había ninguna estructura eclesial. Muchas veces aun sin pretenderlo, conservan en su postura eclesiológica lo que aprendieron y, aunque han vivido una verdadera reforma en su soteriología, sus iglesias siguen sin experimentar una aplicación apropiada de lo que creen con respecto a la salvación y la nueva vida en Cristo que ya disfrutan.

Por otro lado, están aquellos que recibieron un maravilloso legado reformado de manos de misioneros y hombres dotados que fueron enviados por sus iglesias a Latinoamérica en la década de 1970 y 1980. Su práctica eclesiológica obedece a lo que aprendieron de estos hombres fieles. Sin embargo, dado el proceso de desarrollo que ha venido teniendo la doctrina bautista reformada y, especialmente, su eclesiología, muchas de las prácticas que recibieron se quedaron conectadas con un entendimiento no desarrollado de la Teología del Pacto, y esto los deja en una posición muy cercana a la eclesiología presbiteriana en algunas cosas. El resultado práctico de esto puede ser visto en el hecho de que algunas de estas iglesias han sufrido una pérdida de claridad sobre los límites de la autoridad de los ancianos y en cómo esta autoridad se relaciona con la libertad de la iglesia.

Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de volver a considerar los aspectos más prácticos de la eclesiología, pues realmente hay un anhelo por reformar todas las cosas a la luz de la Palabra de Dios. Entonces, ¿qué podemos hacer? Podemos empezar por volver a mirar a aquellos que caminaron antes que nosotros y ver cómo ellos entendieron los aspectos prácticos de la vida de la iglesia. En este breve artículo, me propongo resumir y aplicar la eclesiología de John Cotton como un modelo para las iglesias bautistas reformadas en general, pero específicamente, en Latinoamérica.

John Cotton y la importancia de su eclesiología para los bautistas

John Cotton fue un ministro congregacionalista que, aunque fue muy conocido en Inglaterra como un teólogo destacado, excelente predicador y pastor fiel, emigró a New England por causa de la persecución en su Inglaterra natal. Su ministerio pastoral y escritos fueron los instrumentos que Dios utilizó para solidificar y expandir el entendimiento congregacionalista de la iglesia.

Nació el 4 de diciembre de 1585 en Derby, en una localidad a las orillas del rio Derwent en Inglaterra.(1) Realizó sus estudios en Trinity College, Cambridge, donde destacó como alumno y rápidamente fue considerado para integrar el cuerpo de docentes. Cotton Mather, uno de sus biógrafos, comenta: «Más tarde fue profesor titular, decano y catequista en ese famoso colegio».(2) Sin embargo, aun con todos estos destellos de brillantes intelectual, ¡Cotton no había nacido de nuevo todavía! Después de siete años de tener una carrera intelectual muy próspera, la gracia de Dios quiso alcanzarlo a través de un sermón predicado por el Dr. Sibbs que hablaba de la necesidad de la regeneración.(3)

Su vida después de su conversión cambió radicalmente, especialmente en lo concerniente a su predicación, pues dejó de utilizar su capacidad intelectual para impresionar a sus oyentes y comenzó a predicar como un pobre hombre suplicando a otros que se arrepientan. En los años posteriores, la persecución religiosa comenzó a hacerse recia de parte de la Iglesia Anglicana hacia aquellos ministros no conformistas.

El terreno de “inconformidad” de Cotton con respecto a la Iglesia Anglicana radicaba en dos cosas: la eficacia e importancia que la iglesia daba a sus ceremonias religiosas y la autoridad absoluta que ésta se atribuía para establecer ceremonias que Cristo no había ordenado.(4) Aunque defendió con sabiduría sus convicciones, finalmente, en Julio de 1633, junto a los ministros Thomas Hooker y Samuel Stone, y a otras casi 200 personas, partió de Inglaterra hacia New England con el deseo de experimentar una verdadera libertad religiosa y adorar a Dios de la forma en la que entendía que la Palabra de Dios lo demandaba.(5)

Su ministerio en Boston fue grandemente bendecido por el Señor, llegando a tener un gran renombre no solo entre las colonias del nuevo mundo, sino en Inglaterra también. Con respecto a su ministerio en Boston, se ha dicho: «Si Boston es la sede principal de Nueva Inglaterra, [entonces] Cotton fue el padre y la gloria de Boston».(6) Debido a la creciente influencia del congregacionalismo en las colonias, John Cotton y otros ministros congregacionalistas fueron convocados a asistir a la Asamblea de Westminster para que “la forma de las iglesias de Nueva Inglaterra” pueda ser considerada en las discusiones de la Asamblea.

Sin embargo, Cotton y los demás no viajaron a Inglaterra, teniendo la convicción de que podrían ser de mayor ayuda a través de sus escritos. En este contexto, Cotton escribe el libro Las Llaves del Reino de los Cielos en el que expone la postura congregacionalista sobre el gobierno de la iglesia como una respuesta a la eclesiología de la Asamblea de Westminster.

Pero, ¿por qué es tan importante para los bautistas la eclesiología que Cotton presentó en este libro? La eclesiología de Cotton fue condensada en lo que se llamó “la plataforma de Cambridge”,(7) que fue el resultado de una asamblea celebrada por los ministros de las iglesias de New England en septiembre de 1646, en la Universidad de Harvard, Cambridge. El propósito de esta asamblea era revisar la influencia presbiteriana en las colonias y preparar «un modelo de gobierno eclesial» para las iglesias.(8) La mayoría de las iglesias en New England se suscribieron a este documento.

Por otro lado, los ministros congregacionalista en Inglaterra anhelaban una realidad similar en su país, por esta razón, Thomas Goodwin y Philip Nye publicaron el libro de Cotton “Las llaves del Reino de los Cielos” en Inglaterra en 1644 con el deseo de que pudiera convencer a los miembros de la Asamblea de la postura congregacionalista. Finalmente, aunque el libro no tuve un impacto en la Asamblea, sí lo tuvo en hombres e iglesias. John Owen fue uno de los hombres que fueron convencidos del congregacionalismo a través de este libro. Esto es lo que dijo con respecto a su interacción con el libro de Cotton:

En la prosecución y dirección de esta obra, muy al contrario de mis expectativas (en un tiempo y época en que no podía esperar otra cosa de este tratado que la ruina en este mundo, [pues] no conocía ni había hablado ni recibido la orientación de ninguna persona que tuviera estas convicciones), fui convencido de abrazar [esas convicciones] y aquellos principios a los que había pensado oponerme.(9)

Este impacto en ministros como Owen, Goodwin y Nye fue decisivo para la Asamblea celebrada el 12 de octubre de 1658 por las iglesias congregacionalistas en Inglaterra. En esta Asamblea, Thomas Goodwin y John Owen fueron los ministros que lideraban el comité designado para escribir una declaración de fe y una plataforma para el gobierno de la iglesia. Estos documentos fueron elaborados utilizando La Confesión de Fe de Westminster como base para La declaración de fe y La plataforma de Cambridge sobre el gobierno eclesial.(10)

En 1677, un grupo de iglesias bautistas particulares en Londres se reunieron y vieron la necesidad de que se escriba una confesión de fe. Muchos historiadores creen que el editor principal de esta confesión fue Nehemiah Coxe, uno de los pastores de la Iglesia Bautista de Petty France. El trabajo editorial se lo realizó utilizando la declaración de Savoy de los congregacionalistas como base para la confesión y, de manera intencional, se añadió en el Capítulo 26, que trata sobre la doctrina de la iglesia, un resumen de la plataforma de gobierno de Savoy.(11)

Esta inclusión nos muestra dos detalles muy importantes. En primer lugar, dado que una confesión de fe es un documento que establece la comunión entre iglesias y tiene el propósito de mostrar los fundamentos de la fe en la que se cree, la inclusión de 11 párrafos concernientes a la iglesia local demuestran que la eclesiología era un asunto tenido en muy alta estima y que el orden en la iglesia es algo que puede determinar la comunión con otros.

En segundo lugar, dado que lo que se incluyó en La Segunda Confesión de Fe de Londres tocante a la iglesia local es un resumen de La plataforma de gobierno de Savoy, la eclesiología de los bautistas particulares debe ser entendida como congregacionalista y puede rastrear su influencia a la eclesiología de John Cotton en su libro Las llaves del Reino de los Cielos. Por lo tanto, el estudio del libro de Cotton es un terreno sólido para tratar de entender la aplicación práctica de la eclesiología contenida en La Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres.

Resumen de la eclesiología de Las Llaves del Reino de los Cielos(12)

Este maravilloso tratado, que justamente ha sido llamado «discurso de oro»,(13) está escrito con un lenguaje sencillo y práctico, lleno de ilustraciones y de una estructura sencilla; sin embargo, está lejos de ser simple o mediocre. A través de sus páginas, es evidente que su autor es un pastor experimentado cuyo propósito fue presentar de una manera sencilla aquellas distinciones y aspectos de la eclesiología que a menudo son difíciles de entender.

Está compuesto de siete capítulos a través de los cuales Cotton expone la autoridad absoluta de Cristo sobre Su iglesia, la identidad de los receptores de las llaves de los cielos y cómo estos deben interactuar entre sí con el fin de cumplir lo que el Señor ha determinado para Su iglesia. Esto es lo que permite que cada iglesia local pueda disfrutar de una independencia con respecto a otra, pues el Señor le ha dado toda la autoridad que necesita para ejercer lo que Él ha ordenado. No obstante, la independencia motiva la interacción con otras iglesias locales para el cumplimiento de la gran comisión, como iglesias hermanas que se relacionan sin que ninguna de ellas tenga una autoridad jerárquica sobre la otra. A continuación, consideremos un resumen breve de cada capítulo.(14)

En el capítulo 1, Cotton toma como punto de partida Mateo 16:19, y hace cinco preguntas al texto con el propósito de responder en qué consisten las llaves del reino de los cielos y a quien le fueron dadas.(15)

Primero, ¿qué se entiende aquí por el Reino de los cielos? Cotton responde: El reino de la gracia y el reino de los cielos. Esto es una referencia a la extensión de la autoridad que conllevan las llaves del reino. Es una autoridad relacionada con la iglesia y el impacto que esta tiene en el reino de los cielos.

Segundo, ¿cuáles son las llaves de este Reino y en qué consiste la entrega de las mismas? Cotton responde que son las ordenanzas y que eso implica una autoridad eclesiástica. Cotton explica brevemente uno de los principios esenciales de la eclesiología congregacionalista: la separación entre el estado y la iglesia. Las llaves entregadas a la iglesia tienen una verdadera autoridad, pero no es el “poder de la espada”, el cual le pertenece al gobierno civil. Con respecto a las ordenanzas, Cotton conecta la realidad de las ordenanzas como medios de gracia que deben celebrarse en el culto público cómo el campo de acción de esas llaves. En otras palabras, las llaves con un poder real, eclesiástico y está relacionado a la presencia del Cristo resucitado a través de los medios de gracia que Él mismo estableció.

Tercero, ¿cuáles son las acciones de estas llaves, de las cuales se dice que atan y desatan? Cotton responde que el poder de “atar y desatar” es el poder de perdonar y retener. Esta frase está conectada con la siguiente pregunta.

Cuatro, ¿cuál es el objeto de estas acciones, el cual debe ser atado o desatado y recibe el nombre genérico de «todo lo que» atéis? Esto es dicho con respecto a los pecados. Cotton no está afirmando que la iglesia local tiene el poder para perdonar los pecados de los que se arrepienten, sino que la iglesia tiene la autoridad de reconocer cuando eso sucede (a través de la manifestación externa del arrepentimiento) y declararlo de manera oficial con la autoridad de Cristo.

Quinto, ¿quién es el sujeto receptor de este poder, o a quién se le otorga este poder? La respuesta de Cotton es que el Señor otorgó las llaves a Pedro en su calidad de apóstol, como pastor y como miembro de la iglesia de Cristo, en estos tres sentidos a la vez. Su argumento es que en la Escritura se afirma que los apóstoles tienen autoridad en la iglesia (Jn. 20:21, 23), que los ancianos recibieron autoridad para gobernar en la iglesia (Heb. 13:17, 1 Tim. 5:17) y que la iglesia recibió autoridad para la expulsión de los miembros no arrepentidos (Mat. 18:17-18). Por lo tanto, es imprescindible hacer una distinción entre estos tres y mirar la diferencia que hay con respecto a la forma de ejercer esa autoridad.

En el capítulo 2, Cotton aborda lo que llama “la distribución de las llaves y su poder”. Después de hacer una evaluación de la forma en la que se ha hecho distinción entre las llaves en la iglesia y de argumentar sobre la deficiencia de ese tipo de clasificación, Cotton propone que hay dos tipos de llaves que Cristo le dio a Su iglesia, la llave de la fe y la del poder. Estas dos llaves son comunes a todos los creyentes.

La llave de la fe se refiere al conocimiento salvífico que todos los creyentes tienen. La llave del orden es “el poder por el cual cada miembro de la iglesia camina ordenadamente, conforme a su lugar en la iglesia, y ayuda a sus hermanos a caminar ordenadamente también”.(16) Aunque esta llave también es común a todos los creyentes, es necesario hacer una distinción en la forma en la que los ancianos y los miembros de la iglesia la utilizan. En los ancianos, esta llave significa autoridad para gobernar; en los miembros de la iglesia, esta llave es libertad para ser gobernada y guiada a la luz de lo que Dios demanda en Su Palabra.

El capítulo 3 es un apéndice del capítulo 2 en el que se especifica aun más cómo y a quién Dios a entregado las llaves de la fe (o conocimiento salvífico) y del orden.

En el capítulo 4, Cotton hace una exposición de cómo la llave del orden es aplicada en los miembros de la iglesia, es decir, la libertad de la iglesia. Son siete las libertades que una iglesia tiene.

  1. Escoger a sus oficiales (Hch. 1:15-26; 14:23; 6:3, 5‑6).
  2. Enviar a uno o más de sus ancianos, según lo requiera el servicio público de Cristo y de la iglesia (Flp. 2:25).
  3. Proponer cualquier objeción justa contra los que se ofrecen para ser admitidos a su comunión, o a la participación de las ordenanzas (Hch. 9:26‑27; 10:47).
  4. Participar junto a los ancianos de la iglesia en la indagación, escucha y juicio de pecados públicos y de pecados privados que se convierten en públicos a través del proceso de disciplina (Mat. 18:18).
  5. Recurrir a un sínodo (Hch. 15:1‑22).
  6. Apartarse de la comunión de aquellos de quienes la iglesia carece de autoridad para excomulgar (es decir, cuando todo el cuerpo de pastores insiste en permanecer en pecado y no hay ningún anciano que pueda sentenciar el pecado no arrepentido).
  7. Tener comunión con otras iglesias. En esta última libertad, Cotton añade siete beneficios y privilegios de esta comunión: (1) participación, (2) recomendación, (3) aconsejarse mutuamente, (4) convocar sínodos, (5) contribución, (6) amonestación mutua y (7) propagación o multiplicación de iglesias.

En el capítulo 5, Cotton expone en qué consiste la autoridad de los ancianos. Son once las cosas en las que los ancianos han recibido autoridad en la iglesia.

  1. Autoridad para trabajar en la predicación y en la enseñanza (Tit. 2:15), y para celebrar las ordenanzas.
  2. Autoridad para convocar a la iglesia a reunirse, según lo requiera cualquier ocasión importante (Hch. 6:2).
  3. Autoridad para examinar ya sea a oficiales o a miembros antes de ser recibidos por la iglesia (Apo. 2:2).
  4. Autoridad para la ordenación de oficiales (que el pueblo ha elegido), ya sean ancianos o diáconos (1 Tim. 4:14; Hch. 6:6).
  5. Autoridad para organizar y poner orden cuando la iglesia se reúne.
  6. Autoridad para preparar de antemano los asuntos que han de ser tratados por ellos mismos, o por otros ante la congregación (Hch. 21:18).
  7. Autoridad para presentar ante la iglesia lo que Dios demanda (jus dicere) y para sentenciar un pecado no arrepentido (sententiam ferre) con el consentimiento de la iglesia, después de haberse llevado a cabo el proceso bíblico.
  8. Autoridad para despedir a la iglesia con una bendición en el nombre del Señor (Núm. 6:23-26; Heb. 7:7).
  9. Autoridad para acusar a cualquiera de los miembros en privado con el propósito de que ninguno de ellos viva desordenadamente (2 Tes. 3:6, 8, 10-12).}
  10. Autoridad para representar a la iglesia local en un sínodo.
  11. Autoridad para apartarse (o separarse) de una iglesia que insiste en no querer obedecer lo que el Señor demanda de ella (Hch. 19:9; Éxo. 33:7; Mar. 6:11; Luc. 10:11; Hch. 13:46).

En el capítulo 6, Cotton presenta el poder y la autoridad otorgada a los sínodos. Este capítulo es un precioso recordatorio de que la doctrina de la independencia de la iglesia local no se contrapone al trabajo en conjunto con otras iglesias y a la interdependencia.

Cotton menciona tres causas bíblicas por las que pueden ser convocados los sínodos entre iglesias hermanas.

  1. Cuando una iglesia que carece de luz o paz en casa desea el consejo y la ayuda de otras iglesias, de unas pocas o más.
  2. Cuando alguna iglesia se encuentra bajo escándalo, por corrupción en su doctrina y práctica, y ya no haya manera de que pueda ser restaurada mediante más avisos privados por parte de sus propios miembros, o de sus ministros o hermanos más cercanos.
  3. Cuando en el caso de que el estado de todas las iglesias del país estuviera corrompido, y al comenzar a discernir su corrupción, desearan la participación y el consejo de otras iglesias, para una reforma rápida, segura y general.

Luego, desarrolla el resto del capítulo contestando tres preguntas: ¿Cuál es el poder que han recibido?, ¿en qué medida la fraternidad concuerda con el presbiterio en ello, la hermandad con los ancianos?, y ¿llega el poder que han recibido a la imposición de cosas que son indiferentes  tanto en su naturaleza como en su uso?

Las conclusiones de Cotton son que los sínodos no tienen una autoridad por sobre la iglesia local, que los representantes de la iglesia no tienen autoridad para tomar decisiones en un sínodo sin el consentimiento de la iglesia y que, a pesar de todo esto, los sínodos tienen una importancia especial y su dictamen, aunque sin una autoridad sobre las iglesias, debe ser considerado con seriedad y urgencia por cada una de las iglesia involucradas.

En el capítulo 7, Cotton cierra el libro con una exposición de la doctrina de la independencia de la iglesia en la que resume lo expuesto anteriormente y añade una estructura más sistemática. Cotton presenta cuatro proposiciones, las cuales argumenta y defiende en este capítulo:

  1. Que los miembros de una iglesia local son los primeros sujetos receptores del poder de la libertad de la iglesia.
  2. Que los ancianos de una iglesia local son los primeros sujetos receptores del poder de la autoridad de la iglesia.
  3. Que tanto los ancianos como los hermanos, caminando y uniéndose en la verdad y la paz, son los primeros sujetos receptores de todo poder eclesial que debe ser ejercido en su propio cuerpo local.
  4. Que en caso de que una iglesia local sea perturbada por errores o escándalos y estos sean mantenidos por una facción entre ellos. Entonces un sínodo de iglesias, o de mensajeros de estas, es el primer sujeto receptor de ese poder y autoridad por medio del cual el error es refutado y condenado, la verdad es investigada y determinada, y el camino de la verdad y la paz es declarado e impuesto a las iglesias.

Aplicación práctica de la eclesiología de Las Llaves del Reino de los Cielos

Aunque pudiera parecer que los principios presentados en el libro de Cotton resumen lo que la mayoría de las iglesias bautistas practican, una mirada más profunda y reflexiva nos permitirá notar que sí hay diferencias en las implicaciones que brotan de las cuidadosas distinciones presentadas por Cotton en la vida práctica de una iglesia local y, además, que resulta completamente necesario establecer un camino práctico de aplicación de estos principios en la vida de la iglesia con una política eclesial (o constitución) que nos ayude a ser coherentes con lo que creemos. A continuación se propone una aplicación práctica de los principios eclesiológicos del libro de John Cotton en las cuatro áreas principales de la vida de una iglesia local: la aceptación de nuevos miembros, la expulsión de miembros impenitentes, la elección y ordenación de oficiales, y la relación con otras iglesias.

Antes de abordar estas áreas en la vida de la iglesia y ver su aplicación práctica, es necesario recordar que como la llave del orden fue dada tanto a los ancianos como a los miembros de la iglesia, cada una de estas áreas de la vida de la iglesia requiere la participación de los ancianos y la membresía en su conjunto para un correcto ejercicio de esa autoridad. Aunque en algunos casos hay un énfasis mayor en uno u otro lado, el cerrojo de la puerta de la autoridad en la iglesia solo puede abrirse cuando se introducen las dos llaves.

La aceptación de nuevos miembros

Una parte vital de la vida de la iglesia local es la aceptación de nuevos miembros. Esta parte de la vida de la iglesia es la que evidencia el avance de la obra y el cumplimiento de la promesa del Señor de salvar a hombres y a mujeres a través del poder del Espíritu Santo y el evangelio. ¿Cómo debería practicarse la aceptación de nuevos miembros en la iglesia local? La iglesia ha recibido la libertad de «proponer cualquier objeción justa contra los que se ofrecen para ser admitidos en su comunión o la participación de las ordenanzas» (tercera libertad).

Esto demanda un involucramiento intencional por parte de los miembros de la iglesia en la vida de todos aquellos que visitan la congregación y, especialmente, en la de quienes muestran su deseo de ser miembros, esto con el propósito de conocer su profesión de fe y ser testigos de su conducta. Además, esta libertad también demanda que el anhelo de ser miembro debe ser conocido por los miembros de la iglesia y estos deben tener la facultad de presentar cualquier objeción justa que pudieran tener con respecto a los candidatos a miembros propuestos por los ancianos.

Por su lado, los ancianos han recibido la autoridad para «examinar ya sea a oficiales o a miembros antes de ser recibidos por la iglesia» (tercera área de autoridad). Esto significa que para que alguien sea considerado para ser un candidato a miembro, primero debe tener la aprobación de los pastores de la iglesia. Esta área de autoridad demanda que los ancianos sean intencionales en conocer a todos aquellos que anhelen ser parte de la iglesia con el propósito de conocer su profesión de fe y ver su conducta.

Además, juntamente con esta área de autoridad, los ancianos recibieron autoridad para llevar a cabo el proceso formal de recibimiento, esto a partir de la autoridad que recibieron para convocar a la iglesia a reunirse (segunda área de autoridad), organizar y poner orden cuando la iglesia se reúne (quinta área de autoridad) y preparar de antemano los asuntos que han de ser tratados por ellos mismos (sexta área de autoridad). Esto demanda que el orden siempre sea que los pastores propongan a la iglesia los candidatos a miembros y la convoquen con el propósito de hacer la votación formal para recibirlos.

Este mismo principio de liderazgo en las reuniones y procesos por parte de los ancianos se repite en la expulsión de un miembro impenitente y la elección de oficiales; los ancianos son los que convocan, proponen y dirigen las reuniones de la iglesia.

La expulsión de miembros impenitentes

Dado que la iglesia local debe ser el reflejo visible de la Iglesia universal, la cual está compuesta únicamente de hombres regenerados que tienen la ley escrita en su corazón, conocen a Dios de manera salvífica y sus pecados les han sido perdonados, cuando uno de los miembros de la iglesia local deja de guardar la profesión de su fe o su conducta comienza a contradecir lo que ha afirmado con sus labios y no está dispuesto a arrepentirse después de haber sido llamado en múltiples ocasiones a hacerlo, es necesario expulsarlo de la membresía de la iglesia. Este proceso es tan importante en la vida de la iglesia local, que los reformadores no dudaron en ver la disciplina eclesiástica como una de las marcas de una iglesia verdadera.

Dada esa importancia, ¿cómo deberíamos llevar a cabo esta responsabilidad? Una vez más necesitamos considerar la forma en la que interactúan las llaves recibidas por los ancianos y los miembros de la iglesia en el cumplimiento de este deber. Los miembros de la iglesia recibieron la libertad de «participar junto a los ancianos de la iglesia en la indagación, escucha y juicio de pecados públicos y de pecados privados que se convierten en públicos por el proceso de disciplina correctiva» (cuarta libertad). Esta participación comienza cuando un proceso de disciplina llega al tercer paso; es decir, cuando la persona que fue confrontada por su pecado no quiso oír en privado, ni quiso oír la exhortación de dos o más testigos que evaluaron su caso y lo hallaron culpable, y lamentablemente el proceso se convierte en un pecado público que debe ser dicho a la iglesia.

La libertad de la iglesia consiste en que ella tiene la responsabilidad de comprobar que el hermano que está pecando está en realidad cometiendo un pecado, que se ha hecho todo el proceso que el Señor demanda en privado y que, a pesar de haber sido publicado su pecado ante la iglesia, sigue en un estado de impenitencia y no está dispuesto a arrepentirse. La iglesia tiene el derecho de saber que no se está cometiendo una injusticia, sino que se está aplicando lo que el Señor ha demandado de Su iglesia. Esta «comprobación» es necesaria porque la iglesia debe atestiguar y dar su consentimiento para que se efectúe la expulsión del impenitente.

Por su lado, los ancianos recibieron la autoridad para “presentar ante la iglesia lo que Dios demanda (jus dicere) y para sentenciar un pecado no arrepentido (sententiam ferre) con el consentimiento de la iglesia, después de haberse llevado a cabo el proceso bíblico” (7ma área de autoridad). Esto significa que Dios le dio a los ancianos la responsabilidad de traer el caso a un escenario público (“dilo a la Iglesia”) y presentar lo que el Señor dice con respecto al pecado cometido. Esto es lo que significa jus dicere.

Después de presentar el caso, la iglesia es informada y comienza a ejercerse la responsabilidad de la iglesia de participar en la investigación del caso. Después de haberse tratado el asunto y que la iglesia haya comprobado que se trata de un caso de impenitencia que evidencia que ese miembro no es un verdadero creyente, entonces los pastores tienen la autoridad para dictar sentencia (sententiam ferre).

Esta interacción es útilmente ilustrada por Cotton con la participación del jurado y del juez en un juicio. La iglesia es el jurado que debe ser comprobado por las evidencias presentadas. Los ancianos son el juez que tiene la autoridad para sentenciar a un culpable. Sin embargo, ni el jurado puede sentenciar sin el juez, ni el juez puede dar un veredicto sin el jurado. Las dos partes son necesarias para que se establezca un verdadero caso de justicia en la corte. Esa fue la forma en la que Dios diseñó el proceso de excomunión en Su iglesia.

Cotton incluyó una salida bíblica a este principio, tanto en la libertad de la iglesia como en la autoridad de los ancianos, cuando ya sean los ancianos o los miembros de la iglesia no estén dispuestos a hacer lo que Dios ordena. La iglesia tiene la libertad de “apartarse de la comunión de aquellos de quienes la iglesia carece de autoridad para excomulgar (es decir, cuando todo el cuerpo de pastores insiste en permanecer en pecado y no hay ningún anciano que pueda sentenciar el pecado no arrepentido)” (6ta libertad) y los ancianos tiene la autoridad para “apartarse (o separarse) de una iglesia que insiste en no querer obedecer lo que el Señor demanda de ella” (Undécima área de autoridad).

Aunque el principio de la necesidad de la iglesia y de los pastores para la excomunión nunca se quiebra, existe una salida bíblica cuando una de las dos llaves no quiere obedecer al Señor de la iglesia. Esto protege a la iglesia de ser “secuestrada” por hombres impíos e impenitentes. Aunque esto es un caso extremo, lo importante es resaltar que ni la iglesia está obligada a someterse a hombres contumaces que rechazan los mandamientos de Cristo, ni los ancianos están obligados a gobernar una iglesia completamente corrompida de hombres y mujeres rebeldes al Señor. ¡La iglesia es del Señor!

La elección y ordenación de oficiales

El Cristo resucita dio dones a Su Iglesia con el propósito de que todo el cuerpo de Cristo crezca y sea conformado a la imagen de Cristo, el varón perfecto. En la aplicación de esta gracia, el Señor pone en distintos hombres el anhelo por servir a Su iglesia y los dota de capacidades naturales y espirituales para cumplir el encargo del ministerio. Este “anhelo” que Dios pone en el corazón debe ser necesariamente confirmado por una iglesia local reconociendo en estos hombres su idoneidad para el ministerio conforme a la regla de Cristo y, entonces, los llama formalmente y los aparta al ministerio a través de la votación solemne de la iglesia local y la aprobación e imposición de manos de los ancianos de esa iglesia.

En el ejercicio de esta responsabilidad, una vez más puede ser vista la sabiduría de Dios al determinar que la libertad de la iglesia y la autoridad de los ancianos interactúen en la aplicación de esta área de la vida de la iglesia.

La iglesia ha recibido la libertad de “escoger a sus oficiales” (1era libertad). Esto significa que ningún oficial puede ser impuesto a la iglesia, sino que la iglesia tiene una participación muy activa en la designación de estos hombres. Esta libertad demanda algunas responsabilidades por parte de la iglesia.

Primero, la iglesia debe aprender a desarrollar una actitud de “búsqueda y reconocimiento” para con aquellos que sirven en medio de ella. Esta actitud se desarrolla a través de una comprensión apropiada de las cualificaciones que debe tener un hombre para el ministerio, la necesidad bíblica de los oficiales en la iglesia y la responsabilidad que la iglesia ha recibido en este proceso. Esta compresión es el resultado de la enseñanza fiel de estos aspectos en la Palabra de Dios por parte de los ancianos.

Segundo, la iglesia debe prepararse para los tiempos de consulta y votación con respecto a futuros oficiales, a través de buscar la dirección del Señor en una actitud de oración y cumplir con la responsabilidad de conocer a los candidatos buscando comprobar que estos cumplimiento con los requisitos dados por el Señor. Tercero, la iglesia debe estar presente cuando los ancianos convocan a una reunión para la consulta o votación formal para reconocer a nuevos oficiales.

Por el otro lado, los ancianos han recibido la autoridad para “examinar ya sea a oficiales o a miembros antes de ser recibidos por la iglesia” (3ra área de autoridad) y para la ordenación de oficiales (que el pueblo ha elegido), ya sean ancianos o diáconos” (4ta área de autoridad). Aunque la iglesia tiene la responsabilidad de escoger a sus oficiales, los pastores tienen la responsabilidad de guiar a la iglesia a través de examinar a los hombres antes de ser puestos como candidatos al ministerio, guiar el proceso de votación y ordenar a los hombres que sean apartados por la iglesia para el ministerio a través de este orden guiado por los ancianos.

Aunque hay diferentes maneras de llevar a cabo este proceso siendo consistente con la libertad de la iglesia y la autoridad de los ancianos, encuentro que el siguiente proceso no solo es consistente con ello, sino que puede ser de gran ayuda para el ejercicio constante de esta responsabilidad.

Primero, todos los años los ancianos llaman a una “consulta nominativa” a la iglesia en la que le piden a cada miembro que responda dos preguntas: (1) ¿Crees que el Señor ha equipado a alguno de los miembros de nuestra iglesia con los dones para ejercer el oficio ministerial?, y (2) ¿Podrías mencionar algunas de las razones por las que lo crees?

Segundo, los ancianos se reúnen para revisar el resultado de la consulta y para ver si el Señor está mostrando a través de este reconocimiento inicial de la iglesia que hay algún hombre que deba ser evaluado por los ancianos para el ministerio.

Tercero, después de evaluar el resultado, los ancianos reúnen a la iglesia para compartirles el resultado de la consulta nominativa y, si hay algún hombre que deba ser presentado ante la iglesia como candidato al ministerio, los ancianos hacen la petición de poner a ese hombre en un estatus de candidato al ministerio con el propósito de que la iglesia pueda evaluarlo por un tiempo prudencial de manera más específica y los ancianos puedan seguir trabajando con él en las áreas que se requieran.

Cuarto, en la fecha acordada, y después de orar y de haber cumplida cada uno su responsabilidad para con este candidato, la iglesia debe reunirse para hacer la votación solemne para ver si este hombre será llamado formalmente al ministerio.

Quinto, si la votación cumple con el porcentaje determinado para recibir a un hombre como oficial, entonces los ancianos establecen un día del Señor para la ordenación de este hombre para el ministerio.

La relación con otras iglesias

Cuando existe una relación jerárquica entre iglesias (como en la Iglesia Anglicana), la relación con otras iglesias es una obligación, pues juntas forman parte de una iglesia universal. Esta relación no es voluntaria ni tiene una identidad doctrinal necesariamente, su origen es denominacional. Sin embargo, cuando hablamos de la relación entre iglesias independientes, la relación con otras iglesias es una de las libertades que toda iglesia ha recibido, y existen maravillosos beneficios en ello. Pero, ¿cómo debería llevarse a cabo la responsabilidad de relacionarse con otras iglesias siendo consistente con la libertad de la iglesia y la autoridad de los ancianos?

La iglesia ha recibido la libertad de “recurrir a un sínodo” (5ta libertad) y “tener comunión con otras iglesias” (7ma libertad). Los ancianos han recibido la autoridad de “representar a la iglesia local en un sínodo” (décima área de autoridad). Estas libertades recibidas nos guían hacia los siguientes principios.

Primero, la relación con otras iglesias no es un asunto pastoral solamente, sino una decisión congregacional. Segundo, los sínodos son legítimos y es parte de la libertad que las iglesias disfrutan. Un sínodo sirve para buscar la sabiduría de otros pastores y atender circunstancias que puedan servir para el bien común de las iglesias representadas.

Tercero, aunque los ancianos tienen la autoridad para representar a sus iglesias en un sínodo, las decisiones o determinaciones consideradas en un sínodo no pueden ser impuestas a la iglesia, sino que deben ser presentadas y aprobadas por los miembros. Por lo tanto, las asociaciones eclesiásticas deben ser formadas a través de procesos claros que involucren a las iglesias representadas y que tengan lineamientos claros sobre la base de la comunión entre las iglesias y los propósitos específicos por los que están caminando juntas.

Conclusión

La eclesiología del libro Las Llaves del Reino de los Cielos de John Cotton contiene la esencia de una eclesiología que es un ejemplo de la aplicación de la antigua frase ecclesia reformata, semper reformanda. Los congregacionalistas caminaron un paso más hacia una reforma bíblica con respecto a los criterio que las iglesias reformadas tenían sobre la relación entre el estado y la iglesia, la membresía de la iglesia y la independencia de la iglesia local. Los bautistas particulares encontraron en la eclesiología congregacionalista una exposición consistentemente bíblica; por esa razón, añadieron estos principios eclesiológicos en los párrafos 26:5-15 de la Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres.

Por eso, es apropiado y justo afirmar que los bautistas particulares fueron congregacionalistas en su eclesiología (aunque con algunas diferencias menores). Congregacionalismo no significa democracia, significa creer que tanto los ancianos como los miembros de la iglesia, recibieron una autoridad legítima en la iglesia, la llave del orden. Esta llave en las manos de los ancianos es autoridad para gobernar la iglesia, y en las manos de la iglesia, libertad para demandar que se cumplan las ordenes de Cristo, la verdadera Cabeza de la Iglesia.

En medio de este proceso de reforma que vivimos en Latinoamérica, es necesario buscar guías seguras para nuestro proceso de reformar nuestra eclesiología, y John Cotton ciertamente lo es.

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(1) McClure, A. W., John Cotton: Patriarch of New England from The American Puritans Series, Book 1 (H&E Publishing, Kindle Edition), pg. 9.

(2) Mather, Cotton, COTTON MATHER: Magnalia Christi Americana (1702), Volume 1 (of 2) (p. 175). Kindle Edition.

(3) McClure, A. W, John Cotton: Patriarch of New England, p. 14.

(4) Mather, Cotton, COTTON MATHER: Magnalia Christi Americana, p. 179.

(5) McClure, A. W., John Cotton: Patriarch of New England, p. 54.

(6) Mather, Cotton, COTTON MATHER: Magnalia Christi Americana, p. 174.

(7) Emerson, Everett H., John Cotton, 2nd Edition (New York, NY: Twayne Publishers, 1990), 57.

(8) Ziff, Larzer, The Career of John Cotton: Puritanism and the American Experience (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1962), 211-12.

(9) Owen, John, The Works of John Owen, ed. William H. Goold, vol. 13 (Edinburgh: T&T Clark, n.d.), 223.

(10) Bremer, Francis J., “The Puritan experiment in New England, 1630–1660”, in Coffey, John; Lim, Paul C. H. (eds.), Cambridge Companion to Puritanism (Cambridge: Cambridge University Press, 2008), 139.

(11) Renihan, James M., Confesando la Fe en 1644 y 1689 (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2020), 18.

(12) Cotton, John, The Keyes Of the Kingdom of Heaven, And Power thereof, according to the Word of God. By That Learned and Judicious Divine, Mr. John Cotton, Teacher of the Church at Boston in New‑England, Tending to reconcile some present differences about Discipline (Printed by M. Simmons for Henry Overton, and are to be sold at his Shop entring into Popes head Alley out of Lumbard Street, 1644), cover page.

(13) Mather, Cotton, COTTON MATHER: Magnalia Christi Americana, 191.

(14) Debido a la extensión limitada de este ensayo no podré considerar la argumentación presentada por Cotton, sino que me remitiré a sus conclusiones. Sin embargo, es digno de mencionar que su argumentación está fundamentada sobre una hermenéutica que no solo considera el contexto histórico-gramatical de cada pasaje que utiliza, sino que considera un método teológico-pactual también. El uso de algunos pasajes debe ser analizado cuidadosamente, sin embargo, este libro constituye una preciosa invitación a leer lo que otros han entendido sobre los textos utilizados por Cotton.

(15) Cotton, John, The Keyes Of the Kingdom of Heaven, 1.

(16) Cotton, The Keyes Of the Kingdom of Heaven, 7.

Jorge A. Rodriguez V.

Es uno de los pastores de la Iglesia Bautista Reformada Gracia Soberana en Santo Domingo, Ecuador. Recibió una maestría en divinidad del Covenant Baptist Theological Seminary. Es el director del Seminario Bautista Confesional del Ecuador y miembro de la Junta de Directores del Covenant Baptist Theological Seminary en Owensboro, Kentucky. Ha estado involucrado en la educación teológica por más de quince años en Ecuador, así como en otros países de Latinoamérica. Está casado hace 15 años con su amada esposa Lady y tienen tres hijos: Natalia, Jorge Esteban y Sofía.
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