Reseña: De Dios y su Decreto (Samuel Renihan)

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Este libro es una recopilación teológica organizada y explicada de dos mil años de cristianismo ortodoxo sobre la profunda doctrina de Dios, su esencia, naturaleza, Trinidad, atributos; y del misterio del Decreto eterno de Dios, y la predestinación. Es un libro que expone la Teología Propia reformada y ortodoxa tanto bíblica, histórica, como también confesional. Este es sin duda uno de esos libros que querrás leer nuevamente al terminarlo. El Dr. Renihan comenta algo que es totalmente cierto a medida que vamos leyendo su libro:

En este libro, mi deseo e intención es presentar la doctrina de Dios por las Escrituras, la doctrina de Dios que ha sido defendida por la Iglesia a lo largo de su historia, la doctrina de Dios expresada en las confesiones de fe de las iglesias reformadas y sus herederos, la doctrina de Dios en la que el hombre encuentra su sumo bien y bienaventuranza.(1)

Este libro está compuesto principalmente de tres partes: (1) De Dios en su Unidad; 2) De Dios y en su Trinidad; 3) De Dios y su Decreto. El desarrollo de cada parte combina un estudio bíblico, histórico y confesional sobre la teología propia correspondiendo a los capítulos dos y tres de la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1677/89. Es interesante notar que mucha de la misma terminología confesional es el legado de una teología propia que no era precisamente de su tiempo sino desde mucho antes, mostrando así la unidad en el pensamiento en cuanto al profundo tema de la doctrina de Dios mismo.

Si bien es cierto que no podemos abarcar el todo de Dios, sí es posible hacerlo verdaderamente en aquello que Dios mismo ha querido revelar de Él. El mismo autor nos comenta: «todo este discurso y tratado de teología propia solo tiene como objetivo describir y expresar lo que el único Dios vivo y verdadero nos ha revelado. Y el resultado será nada más y nada menos que un vislumbre de lo sublime, una descripción de lo indefinible». Y aun así Dios se presenta de tal manera que con nuestra finitud podamos conocer verdaderamente al único y sabio Dios todopoderoso.

Cabe aclarar que este libro contiene mucho pensamiento filosófico necesario para profundizar en ciertas verdades bíblicas. Por eso debemos entender que aunque Dios nos ha dado la capacidad de razonar, siempre debemos empezar a razonar con la revelación de la Palabra de Dios en nuestra mente y como guía, ya que:

La distinción entre el Creador infinito y la criatura finita presenta un problema. ¿Cómo podrá la criatura finita aprender y hablar del Dios infinito? Y la respuesta es que Dios nos ha enseñado cómo pensar y hablar de Él.(2)

La Palabra de Dios es quien nos guía en nuestro pensar y hablar de Dios, y este libro es una gran herramienta para conocer cómo podemos pensar y hablar de Dios según Dios mismo quiere que lo hagamos. Por lo tanto, nosotros como estudiantes de la escuela de Cristo teniendo la Palabra de Dios y una mente renovada por el Espíritu debemos esforzarnos por amar a Dios con toda nuestra mente ya que, como dice el autor:

[…] es necesario hacer más que simplemente usar el nombre de Dios y suponer su significado. Ciertamente, Dios prohíbe que usemos Su nombre en vano. Entonces, la doctrina de Dios es importante porque queremos hablar de Dios, y hablar a Dios, de una manera que proteja y mantenga la reverencia que Dios exige de Sus criaturas.(3)

Es por ello que la tradición cristiana ha desarrollado un lenguaje preciso que busca no sólo sacar el mayor provecho de la Palabra de Dios sobre Dios mismo sino también cuidar el santo nombre de Dios para no usarlo en vano. Este libro puede parecer un poco complejo en algunas palabras, pero realmente es la búsqueda de la precisión lo que sale a la luz. Bien nos dice el autor, en cuanto a términos como esencia, acto puro, subsistencia, distinciones modales, propiedades relativas y términos similares que podemos entender que la Palabra de Dios usa para hablarnos de Dios mismo, que:

El lenguaje técnico de subsistencias, distinciones modales, propiedades relativas y relaciones personales es difícil de entender. Pero tales categorías y distinciones son las mejores herramientas que la tradición cristiana ha descubierto para expresar y proteger la verdad de la Trinidad de Dios. Si abandonamos este lenguaje, lo hacemos por nuestra propia cuenta y riesgo.(4)

Entonces, en este libro verá un esfuerzo por parte del autor de traernos de vuelta la rica terminología teológica aparentemente compleja pero que ha sido usada para preservar el santo nombre de Dios y reflejar lo más posible la verdad del Dios trino. Esta es la importancia vital de este libro el cual recomiendo mucho leer una y otra vez.

En su primera parte, De Dios en su Unidad, el autor comienza hablando de la esencia de Dios. En este punto nos encontramos con una infinitud a la vista, la esencia de Dios no puede ser totalmente explicada:

No hay un género del cual Dios sea una especie. No hay una categoría de la cual Dios sea un ejemplo. Hay un solo Dios vivo y verdadero. No hay otro. Dios es uno y singular.(5)

Si bien este libro no es un tratado de argumentos que prueban la existencia de Dios, realmente profundiza un poco en cómo nosotros conocemos la existencia de Dios. Y esto lo hace explicando la existencia de Dios en sí mismo, su aseidad:

La aseidad de Dios significa que Dios es la única y suficiente explicación de Su propia existencia. Dios no causa Su propia existencia; Dios simplemente existe. Su nombre divino expresa Su autosuficiencia y autoexistencia: «Dios dijo a Moisés: YO SOY EL QUE SOY» (Éxo. 3:14). […]

Dios es el único ser que existe de Sí mismo, a se, y por eso es la fuente de toda existencia. Pablo declara esto en Romanos 11:36: «Porque de Él y por medio de Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén». Si Dios no es a se, de Sí mismo, entonces todas las cosas no pueden ser de Él y por medio de Él y para Él, porque Dios sería de algo, y ese «algo» sería Dios.(6)

Con eso en mente, el autor comienza a explicar cómo Dios existe de sí mismo, y cómo nosotros podemos conocer su existencia. Cabe destacar que el término existencia hablando de Dios no es el mismo que hablando del hombre (esa distinción es importante). Y es por ello que el autor nos habla de dos maneras de cómo Dios es conocible: (1) por medio de la razón, es decir, (a) por causación, (b) por negación o remoción y (c) por eminencia; y (2) por medio de la revelación, aquí entendemos cómo Dios se adecúa a nuestro nivel de entendimiento finito para darnos un conocimiento no total pero sí verdadero en las Santas Escrituras.

Seguido a esto, se exponen los atributos de Dios, que es precisamente lo que compete a la revelación especial. Aquí es importante notar la elección particular de la categorización de estos atributos de Dios. El autor dice:

Los atributos de Dios son propiedades esenciales que Dios, en las Escrituras, se atribuye a Sí mismo. Hay varios métodos para distinguir u organizar los atributos de Dios, y cada uno tiene sus ventajas y desventajas; pero todos son insuficientes. Es imposible enumerar o distinguir los atributos de Dios exactamente, completamente, o perfectamente, porque Dios es infinito e incomprensible. Organizaremos nuestro estudio de los atributos de Dios en una triple división: atributos negativos, atributos relativos y atributos positivos.(7)

En esta sección, bastante amplia, entran los temas de la simplicidad de Dios, un asunto sumamente importante al momento de conocer la esencia de Dios y cómo se nos es descrita en la Palabra de Dios. Además de su eternidad, inmensidad, inmutabilidad e impasibilidad, y su infinidad. En cuanto a los atributos relativos, se habla de Dios como creador, soberano, benigno, misericordioso, redentor y justo. Y en la sección de atributos positivos tenemos su santidad, sabiduría, voluntad, libertad, onmipotencia y perfección. Son temas sumamente importantes ya que es Dios mismo hablando de sí mismo en un lenguaje que nosotros podemos entender y, sin embargo, no lo podemos abarcar completamente.

Ahora, en la segunda parte de este libro, De Dios en su Trinidad, comienza explicando el fundamento de esta doctrina desde el Antiguo Testamento y con el Nuevo. Luego pasa a describir la distinción de las personas de la Trinidad. Aquí vemos términos precisos (y a veces algo complicados de usar) sobre la subsistencia, varios tipos de distinciones, las propiedades relativas (generación, filiación, procesión); relaciones personales (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo). Y cómo se describe la unidad de las tres personas de la Trinidad. Y finaliza esta parte hablando de la comunión de la criatura con el Dios Trino en cuanto a la salvación, adoración, obediencia y nuestra unión.

Aquí empezamos a ver las razones y el uso confesional de ciertos términos y frases usados en el capítulo dos de la confesión de fe (1689), como la palabra “subsistencia”, “sin cuerpo, miembro ni pasiones”, “única fuente de todo ser”, “no hay ninguna cosa contingente o incierta”, “esencia indivisa”, “el Hijo eternamente engendrado”,  “distinguido por varias propiedades relativas peculiares y personales” y términos así. En esta parte del libro se nos abre mejor el entendimiento del uso de tales frases y palabras en cuanto a la doctrina de Dios. Definitivamente, conocer verdaderamente a Dios no es un tema sencillo, pero es grandioso y nos eleva a una mayor adoración.

Finalmente, en la tercera parte de este libro, De Dios y su Decreto, el autor nos profundiza en este terreno bastante polémico y a veces difícil de entender: el decreto eterno. Pero, sorprendentemente, una vez que hemos conocido a Dios verdaderamente y un poco más profundamente, la doctrina del decreto de Dios resulta ser más una consecuencia del entender correctamente a Dios que un desafío intelectual o moral.

Entendiendo a Dios como acto puro y simple, siendo eterno, libre, inmutable, el autor relaciona estas características con el decreto de Dios, lo que nos ayuda a entender que el decreto no es algo separado de Dios. El autor dice:

Cuando decimos que el decreto es un acto de Dios por el cual Él determina todas las cosas, reconocemos que Dios decretó todas las cosas «en Sí mismo» (Confesión bautista de fe, 3.1). El origen del decreto es Dios mismo, sin relación a ninguna otra fuerza, simplemente porque no existe otro ser, u otra fuerza, aparte de Dios, que decrete todas las cosas.(8)

Es por eso que para entender el decreto de Dios, es necesario comprender a Dios mismo. Esta es la razón del por qué este libro tiene estos dos temas juntos: De Dios y [luego] su Decreto. Ya que así como Dios es acto puro, su decreto también lo es, así como Dios es eterno, el decreto también lo es. Al comprender la esencia de Dios, comprendemos mejor la esencia del decreto divino.

Luego pasa a describir cómo se lleva a cabo el decreto de Dios. Y aquí nos trae el importante tema de la doctrina de la concurrencia divina. En todo este desarrollo teológico y filosófico entendemos el uso confesional (del capítulo tres) de frases como: “Dios ni es autor del pecado”, “ni se hace violencia a la voluntad de la criatura, ni se quita la libertad o contingencia de las causas secundarias, sino que mas bien las establece”, “[Dios] ha preordenado todos los medios para ello”, y similares, donde se unen las acciones de la criatura con el decreto de Dios. Aquí el uso de la filosofía es importante para aclarar asuntos relacionados al pecado y la maldad en el decreto. Finalmente trata el tema de la predestinación donde nos habla de la elección, la preterición, los ángeles, el ordo salutis, y la seguridad de salvación.

Simplemente esta es la clase de libros que nos elevan la mente y el corazón hacia el único Dios eterno y perfecto. Este tipo de libro nos motiva a pensar correctamente en Dios. Es el libro que vas a leer nuevamente para seguir asombrándote de nuestro único Dios Trino. Este libro hace honor a la enseñanza y deseo de Cristo:

«Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero,
y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn. 17:3).

No tiene desperdicio este grandioso libro. Conocer a Dios debe ser nuestra mayor meta y deleite, ya que, al final, pasaremos la eternidad conociendo cada vez más […] al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, para que a Él sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. (1 Tim. 1:17).

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(1) Samuel Renihan, De Dios y su Decreto (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2021), pp. 2-3.

(2) Renihan, De Dios y su Decreto, p. 15.

(3) Renihan, De Dios y su Decreto, p. 1.

(4) Renihan, De Dios y su Decreto, p. 97.

(5) Renihan, De Dios y su Decreto, p. 7.

(6) Renihan, De Dios y su Decreto, pp. 10-11.

(7) Renihan, De Dios y su Decreto, p. 31.

(8) Renihan, De Dios y su Decreto, p. 117.

Luis J. Torrealba

Nacido en la ciudad de Barquisimeto, Venezuela. De familia de madre cristiana. Graduado como músico ejecutante en el 2012 y de Ingeniero Mecatrónico en el 2018. Es Bautista Confesional (apegado a la Confesión de Fe Bautista de Londres de 1689) desde finales del 2014. Miembro activo de la Iglesia Bautista Reformada de Barquisimeto desde el 2015, sirviendo como músico. Fundador, administrador y traductor de la página «Federalismo 1689 español» donde recopila y pone a disposición en español material de teología pactual bautista reformado y temas relacionados. Trabaja en como coordinador de comunicaciones y revisor final de libros en la editorial Legado Bautista Confesional. Está casado con Stéfani Arias y a la espera de su primer hijo.
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