Introducción
El 22 de julio de 1689, un grupo de pastores bautistas particulares firmaron una carta y la enviaron a las iglesias de Londres con el propósito de convocarlas a una asamblea general para tratar diferentes temas, entre ellos:
…el gran descuido en cuanto al ministerio actual (…) de dar un estímulo adecuado y apropiado para levantar un ministerio capaz y honorable, para el porvenir.(1)
La constante persecución vivida en los años anteriores había desgastado mucho del brillo original de estas iglesias de Cristo y, ahora que se había promulgado el «Acta de Tolerancia» en toda Inglaterra, era el momento para comenzar a restaurar las grietas y los daños que el intenso dolor de la hostilidad había causado en el templo de Dios.
Este deseo y esfuerzo por reconstruir los daños se hizo evidente también a través de publicaciones que comenzaron a surgir en esos días. En 1689, el mismo año de la primera asamblea, se publicó un tratado llamado «El sostenimiento de los ministros del evangelio reivindicado» que trata sobre la obligación y el deber de las iglesias de proveer un apoyo financiero adecuado para sus ministros.(2)
Es en ese ambiente en el que surge este tratado al que dedicaremos estas reflexiones: El templo reparado, o un ensayo para revivir las ordenanzas largamente descuidadas, sobre el ejercicio del don espiritual de la profecía para la edificación de las iglesias y la ordenación de ministros debidamente cualificados,(3) escrito por Hercules Collins (1647-1702).
Collins sirvió como pastor de la iglesia bautista particular en Wapping, Inglaterra,(4) y es más comúnmente reconocido por ser el autor de «El Catecismo Ortodoxo»,(5) una revisión bautista al Catecismo de Heidelberg.
El templo reparado es la contribución de Collins al problema de esos días, en la que, de manera positiva, procura ayudar a rectificar la situación de los ministros y sus iglesias.(6) Este tratado no solo vuelve a darle el lugar central a la iglesia en la preparación de hombres para el ministerio, como «seminarios para los que aspiran a ser pastores y predicadores»,(7) sino que está lleno de consejos prácticos sobre cómo entender la Escritura (hermenéutica) y cómo predicarla (homilética).(8)
Propósito de esta serie de artículos
¿Cuál es el provecho que podemos obtener de este tratado antiguo escrito en otra época y bajo una circunstancia diferente a la que vivimos? ¡De mucho y de muchas maneras! Permíteme hacer algunas afirmaciones y, luego, explicarlas, con el propósito de mostrar la relevancia de este tema para nosotros en el siglo XXI, en el corazón de nuestra cultura hispanohablante.
También nosotros tenemos un templo que requiere de reparaciones
Quizá el causante de la pérdida de brillo en nuestras iglesias no es la persecución (en el sentido que nuestros padres bautistas particulares tuvieron que afrontarla), pero hay verdaderas causas que nos han llevado a perder el brillo que debería caracterizar nuestra bendita fe.
La falta de conocimiento de nuestra eclesiología
Una de las primeras áreas que debemos reparar es lo que tiene que ver con nuestra eclesiología. No es posible preparar hombres para el ministerio y esperar que les vaya bien en la tarea encomendada, si no tenemos un claro entendimiento de cómo debe funcionar la iglesia de Cristo según los principios que Él mismo estableció.
Es una bendición saber que la palabra congregacionalismo ya no es una novedad entre nuestras iglesias, sin embargo, necesitamos avanzar en la aplicación consecuente de los principios congregacionalistas a la vida de la iglesia, esto es: en la elección de pastores, la aceptación de nuevos miembros, la expulsión de miembros impenitentes y la vida asociativa de la iglesia.
Nuestro templo tiene grietas que han sido provocadas por una ausencia de consistencia en la forma en la que llevamos a cabo la vida de la iglesia, en el entrenamiento de hombres y la plantación de nuevas iglesias. Esas grietas han traído frustración y falta de avance, por esa razón, deben ser reparadas para que podamos disfrutar de un verdadero avance en la extensión del reino de Dios entre nosotros.
La falta de trabajo asociado a otros
Otro mal que ha «agrietado» nuestro templo es el individualismo eclesiástico y la falta de convicción en el trabajo formal en asociación con otras iglesias de la misma fe y práctica. Las divisiones y los conflictos han llegado a formar parte de nuestra herencia.
A veces, esta falta de trabajo en equipo es el resultado directo de una forma de eclesiología ajena a nuestra fe y confesión.(9) Otras veces, por pecados interpersonales no resueltos; y, aun otras veces, por un sentido de preminencia personal manifestado en una actitud de descalificación hacia otros.
Cualquiera que sea la fuente, esta falta de acuerdo con otros es la causante de algunas grietas importantes que deben ser reparadas cuanto antes.
La forma de reparar el templo de Dios sigue siendo la misma
Aunque seguramente podríamos considerar más razones, la verdad sigue siendo la misma: ¡tenemos cosas que reparar en nuestro templo! Pero ¿cómo repararlas? Collins nos recuerda en su tratado que la solución no está en buscar lo que funciona mejor, sino volver a las Escrituras.
Las grietas son expuestas y, al mismo tiempo, reparadas, por medio de la misma herramienta, la Palabra de Dios. Este tratado está saturado de principios bíblicos que tienen el propósito de apelar a la verdad de Dios en las debilidades que las iglesias tenían y brindarles respuestas que vinieran de Él.
No obstante, hay un principio más que debemos considerar, el cual también lo aprendemos en El templo reparado, y ese es: el trabajo en comunidad, esto es, que es legítimo que pastores de diferentes iglesias trabajen en la formación de hombres para el ministerio con el propósito de suplir todas las cosas requeridas para ese fin. Si no fuera así, ¿por qué escribiría Collins estos principios en forma de tratado para las iglesias? Al igual que los hombres que convocaron la Asamblea de 1689, él creía que este tipo de necesidad se debía suplir en unidad con otras iglesias de Cristo.
Somos llamados a reparar el templo
Finalmente, necesitamos recordar que este es «nuestro tiempo», es decir, somos nosotros los llamados a identificar las grietas y repararlas con la ayuda del Señor.
De manera personal, eso es lo que estamos haciendo en Ecuador en nuestra Asociación de Iglesias Bautistas Reformadas del Ecuador. Dios ha bendecido grandemente la obra en nuestro país. Iglesias siguen plantándose, hombres se están entrenando y se envían, pastores están ayudando a otras iglesias en sus procesos con la meta de que puedan organizarse «conforme a la voluntad de Cristo»(10) y estamos gozando de una dulce comunión en el campamento de la Jerusalén de Dios. No obstante, se descubren grietas que deben ser reparadas, porque queremos que Su obra se siga extendiendo.
Una de esas grietas es la formación de hombres para el ministerio. No podemos «quitar» pastores de una iglesia para «ponerlos» en otro lugar, pues, aunque diera la impresión de un avance, en realidad el problema se está haciendo mayor. La verdadera necesidad es la de preparar hombres para el ministerio en procesos claros de instrucción que lleven al proceso natural de reconocimiento de sus dones y cualificaciones bíblicas por parte de sus iglesias locales.
Quiero invitarte a que me acompañes en esta serie de artículos sobre El templo reparado de Hercules Collins. Reflexionemos juntos y pongámonos «manos a la obra». Es cierto que hay mucho por reparar, pero ¡qué privilegio es ser parte de este trabajo para la gloria del Rey!
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NOTAS:
(1) James M. Renihan, La fe y la vida para los bautistas: Los documentos de las asambleas generales bautistas particulares en Londres (1689-1694) (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2022), 6.
(2) Renihan, La fe y la vida para los bautistas, 193.
(3) Título original en inglés: The Temple Repaired: Or, An Essay to revive the long-neglected Ordinances, of exercising the spiritual Gift of Prophecy for the Edification of the Churches; and of ordaining Ministers duly qualified (1702). Nota editorial: Aunque estamos trabajando en una traducción fiel al original de este documento, recientemente se publicó una traducción al español de este tratado en un folleto de Chapel Library.
(4) Para uno de los trabajos biográficos más completes sobre Hercules Collins, véase: G. Stephen Weaver, Jr., Orthodox, Puritan, Baptist: Hercules Collins (1647-1702) and Particular Baptist Identity in Early Modern England (Bristol, CT, USA: Vandenhoeck & Ruprecht, 2015).
(5) Hercules Collins, Un Catecismo Ortodoxo, que constituye la suma de la Religión Cristiana contenida en la ley y el evangelio (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2022).
(6) Hercules Collins, «Devoted to the Service of the Temple»: Piety, Persecution, and Ministry in the Writings of Hercules Collins, ed. Michael A. G. Haykin, Steve Weaver and Joel R. Beeke, Profiles in Reformed Spirituality (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 2007), 18-19.
(7) Michael A. G. Haykin, A Cloud of Witnesses: Calvinistic Baptists in the 18th Century (Darlington, England: Evangelical Times, 2006), 24.
(8) G. Stephen Weaver, Jr., Orthodox, Puritan, Baptist: Hercules Collins (1647-1702) and Particular Baptist Identity in Early Modern England (Bristol, CT, USA: Vandenhoeck & Ruprecht, 2015), 64.
(9) A pesar de la inmensa evidencia histórica y confesional, hay algunos bautistas reformados que rechazan las asociaciones eclesiásticas formales y prefieren una forma más informal de trabajo con otros.
(10) Esto es lo que afirma la 2CBFL en el 26.8.









