Principio rector para la predicación Cristocéntrica (parte 2)

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Introducción

En el artículo anterior vimos cómo la revelación progresa hasta Cristo, quien es el fin de la revelación. Dijimos que esa revelación, a medida que fue transcurriendo el tiempo, fue haciéndose mayor. Esto hace que nos hagamos una pregunta: ¿El hecho de que la revelación fue haciéndose mayor por medio de su progreso hace que la misma sea sustancialmente diferente? En otras palabras, ¿cada suceso y mensaje de revelación anunciaba una revelación diferente a la anterior?

Para responder a estas preguntas veremos que la revelación no solo tiene un carácter progresivo, sino también orgánico. Al examinarlo, nos mostrará la naturaleza real del aumento de la revelación dentro de su progreso y nos librará de los errores que tienden a fragmentar su esencia. Y como resultado final, nos conducirá a una predicación Cristocéntrica sin importar cual sea la etapa de la revelación sobre la cual vayamos a predicar.

Definición del carácter orgánico de la Revelación

Al hablar del carácter orgánico de la revelación se quiere decir que la progresión de la revelación de Dios a lo largo de la historia es esencialmente la progresión de la misma promesa. No es como la evolución de un organismo unicelular transformándose en un organismo completamente diferente con ADN diferentes.

Génesis 3:15 marca un punto crucial en la historia de la revelación. Todo lo que sucede antes de Génesis 3:15 da lugar a la promesa que allí se anuncia. Y lo que sucede después es el desarrollo de esa promesa. En la medida en que la revelación va ocurriendo no se ofrece en ella algo diferente en esencia de lo que se anunció en Génesis 3:15, sino una nueva forma de anunciar la misma promesa con algo más de luz, hasta llegar a su plena revelación.

Es decir, la misma revelación en progreso. Bruce lo expresa correctamente al decir que la progresión de la revelación “no va de lo menos verdadero a lo más verdadero… La progresión va de la promesa a su cumplimiento…”.(1)

Esto puede ser ilustrado con el desarrollo orgánico de un ser humano. Un embrión en el vientre de su madre es esencialmente igual a lo que será en cada etapa de su desarrollo hasta el hombre adulto en que se convertirá en años subsiguientes.

En cada etapa será un ser humano. El embrión por ser pequeño y estar en sus etapas iniciales de vida no es esencialmente diferente al adulto en que se convertirá sino el mismo. Cualitativamente es el mismo.

1 Pedro 1:10-12 y el carácter orgánico de la Revelación como argumento para la interpretación Cristocéntrica del Antiguo Testamento

En su primera epístola, el apóstol Pedro describe maravillosamente el carácter orgánico de la revelación:

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.

A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles (1 Pedro 1:10-12).

Él dice a sus lectores que los profetas del pasado profetizaron de la gracia destinada a los creyentes neo-testamentarios e indagaron de la salvación que ahora se anuncia a los hombres. Con las frases “la gracia destinada a vosotros” y “esta salvación” se refiere a la promesa del redentor y su victoria que se había anunciado desde la antigüedad pero que debía cumplirse en el futuro.

Lo que significa que ofrecían por revelación de Dios, pistas y detalles acerca del Redentor y de la naturaleza de la redención. Ahora bien, Pedro continúa diciendo que los profetas del Antiguo Testamento escudriñaban “qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos” (1 Ped. 1:11).

Hay varios detalles aquí que muestran que la revelación del Antiguo Testamento es esencialmente la misma que la del Nuevo Testamento. Primero, trataban de descifrar quien sería el Redentor. Segundo, trataban de descifrar en que tiempo aparecería el Redentor, como claramente se ve que hizo el profeta Daniel (Dan 9). En tercer lugar, tal investigación de los profetas tenía como base la dirección que les daba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos.

¿Cómo ha de entenderse esto sino como que miraban lo que el Espíritu les revelaba a ellos y lo que se había revelado a otros antes que ellos? Ponían sus ojos en los tipos, las sombras y las profecías por las que se revelaba la promesa y juntando todo lo comparaban llenando un compendio para una mejor comprensión del cumplimiento de la promesa.

Pedro señala además que los profetas hablaron por el Espíritu acerca de los sufrimientos de Cristo y las glorias que le seguirían. Es muy probable que Isaías 53 fuera un texto básico en la investigación de los profetas. De cualquier forma, Cristo, el tiempo de su aparición, su obra y los resultados de la misma, constituían el objeto de estudio de los profetas del Antiguo Testamento.

Esto muestra que Pedro no encuentra una distinción esencial entre el mensaje de los profetas del Antiguo testamento y el Evangelio que se predica en el Nuevo Testamento. Pero sus palabras se vuelven más claras con la mención de que el Espíritu de Cristo estaba en los profetas antiguos anunciando desde aquel entonces los padecimientos que sufriría el Salvador y las glorias que seguirían a esos padecimientos.

De manera que, el mensaje del Antiguo Testamento es esencialmente el mismo que el del Nuevo Testamento. Este es el carácter orgánico de la revelación: que todo el Antiguo testamento tiene un hilo conductor, una promesa que partió desde Génesis 3:15 y atravesó toda la Escritura, Moisés, los profetas y los salmos hasta llegar a su cumplimiento en la persona de Jesucristo.

El carácter orgánico de la Revelación en las palabras de Jesús

Jesús mismo hizo claras aseveraciones de que la Escritura tenía un tema central y afirmó que Él era ese tema. En Lucas 24:13 en adelante, Él se apareció después de resucitado a dos de sus discípulos en el camino a Emaús. Aprovechando la conversación que los discípulos tenían y la angustia de sus rostros, Él introdujo el tema del Mesías. Después de que sus discípulos expresaran la frustración e incredulidad que tenían a causa de la muerte de Jesús, Él los reprendió por no creer todo lo que los profetas habían dicho. (Luc 24:25).

Pero, ¿qué es lo que los profetas habían dicho? Jesús lo dice con una pregunta retórica. “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Luc 24:26). Lo que les estaba diciendo era que los profetas ya habían anunciado de antemano sus padecimientos y las glorias que vendrían tras ellos (1 Ped 1:11) y no lo habían creído.

Entonces Lucas hace una declaración maravillosa de lo que les habló Jesús: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc 24:27). Es imposible saber que textos específicos de Moisés y los profetas Jesús usó para mostrar esto a los dos discípulos. Sin embargo, con esta declaración Lucas señala que Jesús entendía que la progresión de la revelación tenía un carácter orgánico, es decir, su persona y su obra como tema unificador, como tema principal.

Luego, en el mismo capítulo 24 del Evangelio de Lucas Jesús se apareció a los discípulos mientras escuchaban el testimonio de los dos que habían conversado con Él en el camino a Emaús. En el verso 44 el Señor volvió a decir que lo que le aconteció era el cumplimiento de todo lo que está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Es importante señalar que bajo la designación de “ley de Moisés, profetas, y salmos”, al igual que la de “Moisés y todos los profetas” que aparecen en el versículo 27, Jesús encerró todo el Antiguo Testamento.(2)

Esto pone en evidencia la manera en la que Jesús interpreta el Antiguo Testamento y como concibe la revelación de Dios en la historia. Al recorrer toda la Escritura y mostrar a los atónitos discípulos que lo que le había ocurrido no era otra cosa que lo que se anunciaba en las páginas de del Antiguo Testamento, estaba presentando la unidad de la Revelación y su progresión hasta Él mismo, lo cual no es otra cosa que el carácter orgánico de la progresión de la revelación.(3) Robertson dice lo siguiente:

Jesús era también consciente de su personalidad mesiánica y tuvo la autoridad suprema para interpretar las Escrituras veterotestamntarias con un enfoque cristo-céntrico y lineamientos cristológicos.(4)

En palabras de Matthew Henry: “Un hilo de oro en la gracia del Evangelio enhebra toda la trama del Antiguo Testamento»,(5) y ese hilo de oro es Cristo mismo. Si como dijo David Helm, “el evangelio, al menos para Jesús, se encuentra en todas las partes de la Biblia”,(6) entonces el evangelio ciertamente debe estar en todas las páginas de la Biblia.

Las causas del carácter progresivo y orgánico de la Revelación

La progresión orgánica de la revelación está estrechamente relacionada con dos causas importantes. La causa primaria es el autor de la revelación. El escritor a los Hebreos afirma que tanto la revelación progresiva del Antiguo Testamento como la revelación definitiva del Nuevo Testamento tienen a Dios por autor. El mismo Dios que habló muchas veces y de muchas maneras a los padres por los profetas es el mismo Dios que ha hablado por el Hijo (Heb 1:1-2).

Pedro afirma lo mismo cuando dice que el Espíritu por medio del cual los Apóstoles anunciaron el Evangelio es el mismo que estaba en los profetas del Antiguo Testamento mientras profetizaban de los sufrimientos y la victoria de Cristo (1Ped 1:10-12).

Este es un asunto determinante porque la revelación, es la revelación que Dios da de la redención a través de Cristo, como se ha descrito anteriormente, y no se puede esperar que su progresión sea de otra manera que orgánica.

Es decir, no se puede concebir que Cristo no sea el centro de la revelación en algún momento de la progresión. Porque siendo Dios, que no cambia (Stg 1:17), quien revela al hombre el modo en que lo redimirá, debía entonces permanecer la esencia de ese modo de manera inalterable desde el principio de la revelación de la redención.

Su progreso no podía ser de otra manera que orgánico, porque si en la primera promesa de redención Dios anunció que su voluntad era llevarla a cabo por medio de un redentor, entonces no se puede concebir un cambio de voluntad en el Dios que no cambia.

Si los Testamentos hubieran sido inspirados por autores diferentes habría razones suficientes para creer que el progreso de la revelación pudiera ser de otro modo, pero siendo inspirados todos los hombres que escribieron por el mismo Dios inmutable, cuya voluntad no va de un lado a otro (Mal 3:6), debe entonces esperarse que el progreso de su revelación sea orgánico.

La causa secundaria del carácter progresivo y orgánico de la revelación es su unidad con los hechos redentores. Geerhardus Vos dice que la revelación es “la interpretación de la redención”.(7)

Esto es acertado porque la revelación en momentos posteriores explica la revelación de momentos anteriores. Y no solo eso, la revelación misma, cuando ha alcanzado una mayor claridad, explica los tipos, las sobras y los hechos bajo los que se reveló la redención en momentos previos.

La liberación de Israel de Egipto fue uno de esos hechos en los que Dios reveló la redención, cosa que después confirma Mateo al asociar aquel hecho con Jesús (Mat 2:15), que a su vez está tomando las palabras de Oseas respecto a la liberación de los Israelitas de Egipto (Os 11:1). Si estos hechos redentores fueron ocurriendo de una época a otra, entonces era necesario que la revelación ocurriera de la misma manera.

Si la revelación es el develamiento e interpretación de la redención entonces debía ir progresando orgánicamente con la misma. Porque para que aquellos tipos, sombras y hechos, fueran interpretados como redentores se necesitaba que la revelación progresara a la par de los mismos y los explicara.

Ahora bien, esta unidad de la revelación con la redención es más bien con lo que Vos llama la parte objetiva y central de la redención. Con esto él se refiere a los actos redentores que Dios lleva en nombre de la humanidad y son los mismos para cada uno de los redimidos. Es decir, la encarnación, la expiación y la resurrección de Cristo.(8)

La unidad que tiene la revelación con estos actos objetivos y centrales es diferente a la relación que tiene con los actos que Vos nombra subjetivos e individuales. Estos son los que Dios lleva a cabo dentro del hombre y la experiencia de cada sujeto puede ser diferente entre sí. Estos actos son la regeneración, la justificación, la conversión, la santificación y la glorificación.

Esta diferencia en la relación de la revelación con estos actos se debe a que la revelación ocurrió a la par de los actos objetivos centrales, pero después de que la progresión llegara a su fin en la persona de Cristo, los actos redentores subjetivos individuales continúan ocurriendo debido a que Dios sigue regenerando, justificando, etc.

También es cierto que mientras que la revelación progresaba coincidió con los actos subjetivos individuales, pero estos continuaron cuando la progresión de la revelación llegó a su fin.(9) Debido a esto, la revelación está más intrínsecamente unida al aspecto objetivo y central de la redención.

Habiendo dicho todo lo anterior, es, por tanto, una gran ayuda que el Nuevo Testamento señale con su dedo hacia el pasado y le indique al predicador de hoy que el Cristo que es plenamente revelado en sus páginas era la promesa que se desarrollaba en las páginas del Antiguo Testamento.

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(1) Bruce, La Epístola a Los Hebreos, 2.

(2) J. C. Ryle, Meditaciones Sobre Los Evangelios. Lucas 11-24 (Moral de Calatrava (Ciudad Real), España: Peregrino, 2004), foot note about verse 44. 563.

(3) En Juan 5:39, 46 el Señor hizo referencia al mismo asunto mientras hablaba con los judíos.

(4) Robertson, El Antiguo Testamento En El Nuevo, 33.

(5) Matthew Henry and Fransisco Lacueva, Comentario Bíblico de Matthew Henry (Barcelona: Clie, 1999), 1345.

(6) David Helm, La Predicación Expositiva: Cómo Proclamar La Palabra de Dios Hoy, Edificando Iglesias Sanas (Washington D.C.: 9Marks, 2014), 71.

(7) Geerhardus Vos, Teología Bíblica Del Antiguo y Nuevo Testamento, Colección Geerhardus Vos (Lima, Perú: Teolología para Vivir, 2021), 44.

(8) Vos, Teología Bíblica Del Antiguo y Nuevo Testamento, 45.

(9) Vos, Teología Bíblica Del Antiguo y Nuevo Testamento, 45.

Yéremi Blanco

Es pastor en Iglesia Bíblica de la Gracia en la ciudad de Matanzas, Cuba. Recibió una Licenciatura en Teología y Biblia en el Seminario Evangélico de Cuba Los Pinos Nuevos y una Maestría en Estudios Teológicos de Carey International University of Theology. Yéremi vive en la ciudad de Matanzas con su esposa Adelys y juntos tienen tres hijos.
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