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¿Por qué deberías leer el libro «La fe y la vida para los Bautistas»?

LBC-Historia-Bautistas

«La fe y la vida» es una frase confesional (véase 2CBFL 1.6) que tiene la intención de expresar todo lo que un creyente debe creer y los principios por los que debe vivir. El Dr. James Renihan no pudo haber escogido un título más apropiado para este libro, pues se trata de una compilación de fuentes primarias que recogen la doctrina de los bautistas particulares, expresada en documentos como La Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres y El Catecismo Bautista (incluidos aquí), así como los informes narrativos de las asambleas que celebraron entre 1689 y 1694, un registro histórico de la forma en que vivieron su fe y procuraron aplicarla en su vida asociativa.

Sin lugar a duda, este libro ha sido uno de los proyectos más importantes que hemos desarrollado como editorial. Su traducción al español empezó el 29 de abril de 2020 y culminó el 23 de diciembre de 2021. Desde el primer día, se trabajó con mucha ilusión y esmero, tratando de ser cada vez más conscientes de la responsabilidad que asumimos cuando nos propusimos traerlo a nuestro idioma, y con el propósito de que estos documentos históricos de incalculable valor puedan ser puestos en la mano de todos nuestros lectores con excelencia y fidelidad, para que satisfaga el interés de los creyentes que quieran conocer más sobre la historia y la fe de los bautistas particulares, y el de los académicos que acudan a esta obra buscando una traducción fidedigna que les permita avanzar en sus investigaciones.

Todo este esfuerzo solamente evidencia la importancia de esta compilación. Sin embargo, ¿por qué es tan relevante para nosotros un libro que trata sobre documentos y personas que vivieron hace más de trecientos años? Porque hay cosas de la historia de los bautistas particulares que nos pueden enseñar aspectos muy necesarios para los días de avivamiento y reforma que el Señor tiernamente ha querido traer a nuestras tierras.

Aunque hay una barrera de separación de muchos años entre ellos y nosotros, así como una diferencia cultural e idiomática, aun así, hay mucho que podemos aprender de ellos, pues eran hombres en la misma condición que nosotros –i. e., pecadores perdonados por la gracia misericordiosa de Dios que anhelaban honrar al Señor en medio de la lucha que tenían contra su propio pecado y los obstáculos que había a su alrededor-, y proclamaban la misma fe bendita que nosotros, la cual plasmaron en La Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres, a la que nos subscribimos de buena gana y con limpia consciencia.

Por lo tanto, aunque hay diferencias, las coincidencias y circunstancias que vivimos hacen de estos documentos un reflejo que nos permite aprender de los esfuerzos y aciertos, así como de los fracasos, de estos cristianos con los que compartimos una misma fe. Déjame enumerarte algunas de las cosas que podemos aprender.

Considera sus corazones inquietos por honrar al Señor

En primer lugar, considera sus corazones inquietos por honrar al Señor. En la carta de convocatoria a la Asamblea General de 1689, puedes observar el anhelo de estos siete pastores por romper la apatía en la que las iglesias se estaban sumergiendo por causa de las duras persecuciones que tuvieron que enfrentar. Esta convocatoria es una invitación a la acción, a hacer las cosas de una manera diferente con el propósito de honrar más al Señor. Dios obra por medio de hombres con «corazones inquietos», que no se conforman con lo que han progresado, sino que siguen avanzando hacia la meta del supremo llamamiento. ¡Necesitamos hombres así en Latinoamérica!

Considera su disposición a trabajar con otros por el avance de la obra de Dios

En segundo lugar, su disposición a trabajar con otros por el avance de la obra de Dios. En el informe narrativo de la Asamblea General de 1689 se nos dice que más de cien iglesias asistieron o se comunicaron como respuesta a esta carta enviada por siete pastores. Eso nos habla de la disposición que estas iglesias tenían de caminar con otros en contra de la apatía y a favor del avance de la obra. Ese corazón de colectividad también es necesario en el progreso en nuestra América Latina.

Aunque el Señor ha usado a hombres fieles para traernos el conocimiento de nuestra fe, vivimos en un momento en que debemos asumir la responsabilidad de la enseñanza recibida y comenzar a hacer nuestra parte en este avance. Necesitamos tener la disposición de trabajar con otros. Esta disposición nos llama amorosamente a la humildad y a renunciar a cualquier intento de promoción personal. Cuando somos muchos, es probable que no se pueda distinguir quiénes somos los que formamos parte de esto, pero es imposible no ver el impacto y el avance que muchas iglesias juntas pueden lograr para la gloria de Dios.

Considera el beneficio de trabajar con otros y la efectividad

En tercer lugar, el beneficio de trabajar con otros y la efectividad para suplir las necesidades. Según los informes narrativos, algunas de las carencias que se pudieron detectar en las iglesias tenían que ver con el sustento económico para enviar hombres a ciudades, o al campo, con el propósito de plantar iglesias, así como ayudar a iglesias que no podían sostener a su propio ministro. También era necesario seguir creciendo como iglesias en la claridad doctrinal, la crianza de los hijos en el hogar y la formación teológica de sus ministros. Las iglesias buscaron resolver estos problemas de manera efectiva con un fondo común de ofrendas voluntarias para suplir las necesidades económicas, y con la elaboración de una Confesión de Fe y un catecismo para niños.

Las necesidades que tenían en sus días sigue siendo una realidad para nosotros en América Latina. Seguimos necesitando apoyo para iglesias que no pueden sostener a sus pastores, la plantación de nuevas iglesias, la formación teológica de nuestros ministros y claridad doctrinal. Aunque hay una posibilidad de que podamos resolver estas cosas por nosotros mismos, nuestras soluciones individuales son vulnerables a la inestabilidad por la que puede atravesar toda iglesia local sola en este mundo caído, y son cada vez menos efectivas ante una necesidad que es cada vez mayor.

La única manera de ser fieles administradores de lo que Dios nos ha dado es uniendo nuestro corazón y nuestras fuerzas a otras iglesias de nuestra misma fe para buscar soluciones efectivas a nuestras necesidades. Lo que una iglesia puede hacer con mucho esfuerzo y en mucho tiempo, muchas iglesias lo pueden hacer de manera más efectiva, equilibrada y duradera. Es legítimo que iglesias de la misma fe se unan para formar a sus ministros.

Es legítimo que iglesias de la misma fe cooperen en el sustento de hombres de Dios en iglesias que no pueden sostenerlos, así como en la plantación de nuevas iglesias. No obstante, debemos ser conscientes de que esta cooperación es contraria a cualquier búsqueda del bienestar personal por encima de los demás; requiere que esté dispuesto a sentir las necesidades de los demás como mías, mientras otros sienten las mías como suyas.

Considera su equilibrio para resolver sus diferencias

En cuarto lugar, su equilibrio para resolver sus diferencias. En estas páginas también podrás ver la realidad inevitable de las diferencias que hay cuando caminamos con otros y la necesidad de seguir creciendo en santidad. Aunque infelizmente la Asociación de Londres terminó disolviéndose, en la historia retratada en este libro podrás encontrar enseñanzas muy importantes sobre cómo resolver las diferencias con otros hermanos, lo cual incluye la necesidad de hacer diferencia entre aquello que pertenece a la esencia de la comunión (lo que hace posible la existencia de una iglesia local) y aquellas cosas que son para su bienestar o, en palabras de Benjamin Keach: «para que su existencia sea más confortable».

El equilibrio es resultado de dos cosas vitales: discernimiento y madurez. Si se niega a toda costa la distinción entre doctrinas y se suma a esto una actitud pecaminosa e incorrecta, la unidad jamás será posible entre nuestras iglesias. Necesitamos urgentemente creer en estas dos cosas en nuestra América Latina, y anhelamos que este libro contribuya a satisfacer tal necesidad. Que el Señor sea exaltado con esta obra y quiera darnos el privilegio de ver a pastores e iglesias que se identifican con la fe de los bautistas particulares caminando juntos en humildad y madurez, uniendo sus fuerzas para la extensión de Su reino.


Tomado del «Prólogo a la publicación de este libro en español» del libro
La fe y la vida para los bautistas: Los documentos de las Asambleas Generales
bautistas particulares en Londres (1689-1694)

Jorge A. Rodriguez V.

Es uno de los pastores de la Iglesia Bautista Reformada Gracia Soberana en Santo Domingo, Ecuador. Recibió una maestría en divinidad del Covenant Baptist Theological Seminary. Es el director del Seminario Bautista Confesional del Ecuador y miembro de la Junta de Directores del Covenant Baptist Theological Seminary en Owensboro, Kentucky. Ha estado involucrado en la educación teológica por más de quince años en Ecuador, así como en otros países de Latinoamérica. Está casado hace 15 años con su amada esposa Lady y tienen tres hijos: Natalia, Jorge Esteban y Sofía.
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