Es preocupante leer afirmaciones que sostienen o insinúan que existe algún tipo de diferencia teológica entre estas dos grandes confesiones. Algunos parecen pensar que la Confesión de 1644/46 [1CBFL] es más auténticamente bautista, mientras que la Segunda Confesión [2CBFL] lo es en menor media. Con mayor frecuencia lo afirman quienes no simpatizan con la teología del pacto, que se encuentra desarrollada más explícitamente en la Segunda Confesión que en la Primera. Esto es especialmente cierto en quienes han adoptado la llamada «teología del Nuevo Pacto». Entonces, la pregunta que me gustaría hacer a quienes afirman esta diferencia es: ¿En qué se basan para hacer tal afirmación?
Demasiado a menudo, esta supuesta distinción la sostienen personas que tienen poco o ningún conocimiento del trasfondo histórico y teológico de ambas confesiones. Como buenos posmodernos, proyectan sobre las Confesiones el tipo de teología que esperan encontrar allí, sin hacer una investigación seria del pensamiento teológico de los hombres que las redactaron. Como cualquier otro documento histórico, nuestras confesiones necesitan ser sometidas a una exégesis histórica y gramatical. No podemos simplemente leer en ellas lo que creemos que podríamos encontrar allí. En cambio, debemos plantearnos y responder: «¿Cómo entendían la teología de la Confesión los hombres que originalmente la adoptaron? ¿Sus escritos respaldan la idea de que existen diferencias teológicas significativas entre ambas?». Un examen de este tipo puede ser un ejercicio muy fructífero para aclarar esta cuestión.
Hay varias cosas que debemos decir:
Primero: El método de edición de estas Confesiones fue el mismo
Ambas confesiones se basaron en documentos paidobautistas existentes, que se adaptaron no para resaltar las diferencias, sino para enfatizar los puntos en común. Los editores de ambas Confesiones utilizaron el mismo método: eligieron las mejores confesiones paidobautistas existentes y las «bautizaron»[1]. Además, es importante recordar que la 1CBFL fue revisada en 1646 (específicamente, y como respuesta directa, a las críticas de Daniel Featley) para hacerla más aceptable a la oposición paidobautista. A lo largo del siglo XVII, los bautistas calvinistas intentaron demostrar su ortodoxia frente a sus contrapartes paidobautistas.
Segundo: Los escritos de los hombres que publicaron la 1CBFL demuestran que estaban comprometidos con el mismo tipo de teología pactual que se articula de manera más explícita en la 2CBFL.
John Spilsbury, a veces mencionado como autor de la 1CBFL, escribió en su libro escrito en 1643, titulado A Treatise Concerning the Lawful Subject of Baptisme [trad.: Un tratado sobre los sujetos adecuados del bautismo], en la primera página:
En cuanto a que las Escrituras son una regla perfecta de todas las cosas, tanto para la fe como para el orden, confieso que esto es una verdad. Y en cuanto a las consecuencias justas y verdaderas de las Escrituras, no las niego. Tampoco rechazo el pacto de vida establecido entre Dios y Cristo para todos sus elegidos; ni negaré que la profesión externa de dicho Pacto ha diferido en varios periodos.
William Kiffin, cuyo nombre encabeza la lista de quienes publicaron la 1CBFL 1644, escribió en su libro publicado en 1642, titulado Certain Observations upon Hosea the Second the 7. & 8. Verses [trad. Ciertas observaciones sobre Oseas, capítulo 2, versículos 7 y 8]: «En las Escrituras se dice que los hombres abandonan a Dios cuando abandonan la Ley de Dios, los Mandamientos de Dios o el culto a Dios…» (p. 4); «aferrarse a Dios es aferrarse a la Ley de Dios, a los Mandamientos de Dios… es lo correcto tanto para personas como para iglesias, cuando así lo hacen» (p. 16).
Hanserd Knollys, quien firmó la segunda edición de la 1CBFL en 1646, escribió en su libro de ese mismo año, titulado Christ Exalted: A Lost Sinner sought and saved by Christ [trad. El Cristo exaltado: Un pecador perdido a quien Cristo encontró y salvó]: «La diferencia entre estos dos maestros, la Ley y Cristo, es esta: Moisés, en la Ley, manda a sus discípulos hacer esto y abstenerse de aquello, pero no da poder, ni comunica habilidad para cumplir nada; Cristo manda a sus discípulos hacer los mismos deberes morales y abstenerse de los mismos males, pero con su mandato da el poder y la sabiduría, “porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” [Flp 2:13]» (p. 24).
Y más adelante en el mismo libro, comentando sobre los pecados de lo que él llama profesantes carnales, él dice: «Se han apartado tanto de la Fe que alguna vez profesaron y parecían tener (1 Tim. 4:1), que terminan cuestionando si las Escrituras de verdad son la Palabra de Dios, si Cristo es el Hijo de Dios y si el primer día de la semana es el día de reposo del Señor» (p. 34). Knollys pone el dudar sobre la validez del día de reposo del primer día al mismo nivel que dudar de la inspiración de las Escrituras y de la divinidad de Cristo. No sería difícil multiplicar más de estas evidencias.
Al considerar los escritos teológicos de los hombres que se suscribieron a la 1CBFL de 1644/46, se confirma que creían las mismas cosas que luego fueron articuladas con mayor claridad en la 2CBFL de 1689. La diferencia no es de creencia, sino de expresión.
Tercero: Hay que recordar que quienes redactaron ambas Confesiones fueron las mismas iglesias y varios de los mismos hombres
Siete congregaciones de Londres publicaron la 1CBFL (1644/46). Para 1689, representantes de 4 de esas mismas iglesias también firmaron públicamente la 2CBFL. ¿Qué pasó con las otras 3? O bien dejaron de existir o se habían fusionado con otras. Además, varios hombres clave firmaron ambas confesiones: William Kiffin, Hanserd Knollys, y Henry Forty, así como el dúo padre-hijo Benjamin y Nehemiah Coxe. Si la teología de las dos confesiones hubiese sido diferente, se tendría que demostrar que estas iglesias, y estos hombres, pasaron por un cambio teológico. Pero no existe evidencia de ello.
Cuarto: Debemos prestar atención a las palabras de los autores de la 2CBFL en el prólogo de la edición de 1677:
Cortés lector:
Hace ya muchos años que varios de nosotros (con otros cristianos sobrios que por aquel entonces estaban vivos y andaban en el camino del Señor que profesamos) concebimos que nos era impuesta la necesidad de publicar una Confesión de nuestra fe, para conocimiento y satisfacción de aquellos que no entendían completamente cuáles eran nuestros principios o habían albergado prejuicios en contra de nuestra profesión, por causa de la extraña representación que de estos principios hicieron algunos hombres notables, quienes habían juzgado muy mal, y en consecuencia, condujeron a que otros tuvieran percepciones desacertadas de nosotros y de estos:
esta Confesión fue presentada por primera vez en torno al año 1644, en nombre de siete congregaciones que se reunían en ese entonces en Londres; desde aquel tiempo, diferentes ediciones de la misma han sido diseminadas ampliamente, y el fin que nos habíamos propuesto fue alcanzado en buena medida, ya que muchos (incluyendo a algunos de aquellos hombres eminentes, tanto por su piedad como por su instrucción) quedaron satisfechos por ello de que no éramos culpables, de ninguna manera, de aquellas heterodoxias y errores fundamentales, de los cuales habíamos sido acusados con demasiada frecuencia sin pruebas, o sin que se diera motivo por nuestra parte.
Y puesto que ahora no es común que se tenga una copia de aquella Confesión, y también muchos otros desde aquel entonces han abrazado la misma verdad que en esta se reconoce, juzgamos que era necesario reunirnos para dar testimonio al mundo de nuestro firme apego a aquellos sanos principios mediante la publicación de esta Confesión que ahora está en vuestras manos.
Ya que nuestro método y forma de expresar nuestro sentir en esta Confesión sí se diferencia de la anterior (aunque la sustancia del asunto es la misma), les impartiremos libremente la razón y ocasión de la presente.
No debemos pasar por alto estas palabras. Estos hombres afirman que, aunque el «método y forma de expresar» son distintos entre ambas confesiones, sin embargo «la sustancia del asunto es la misma». Ahora bien, si las confesiones tuvieran una perspectiva teológica diferente, estos hombres estarían faltando a la verdad. Pero pensemos lo improbable que es eso:
- Algunos de ellos eran los mismos hombres que sabían lo que creían durante todos esos años.
- Algunas de las iglesias eran las mismas en las que no es improbable que algunos miembros y líderes fueran las mismas personas.
- Había un registro público que podía consultarse para verificar esta afirmación.
Todo indica que esta afirmación es veraz. Entonces. ¿no sería más lógico creerles y reconocer que la doctrina de ambas confesiones es la misma? Tanto la de 1644/46 como la de 1677/89 ―según fueron entendidas por sus autores originales― enseñan la teología pactual, la vigencia permanente de la Ley de Dios y, por implicación, la obligación del reposo en el primer día. Cualquier otra explicación es, en el mejor de los casos, un malentendido, y en el peor, una tergiversación de la teología bautista calvinista del siglo XVII. La 1CBFL 1644/46 no respalda a quienes desean socavar la identidad esencialmente ‘reformada’ y pactual de la teología bautista.
Quinto: Debemos recordar que la Confesión de 1644/46 fue examinada y criticada públicamente por algunos de los teólogos opositores más cautelosos de la época.
Thomas «Gangreana» Edwards, Robert Baylie y el Dr. Daniel Featley no dejaron piedra sin remover para intentar probar que los bautistas particulares eran heréticos. Y, sin embargo, nunca indicaron que los bautistas o su Confesión fueran heterodoxos en cuanto a la teología pactual, la perpetuidad de la ley moral o la vigencia continua del día de reposo cristiano. No cabe duda de que habrían enfatizado esas cosas si hubieran estado presentes, pero no lo estaban. Si los mejores cazadores de herejías de la época no encontraron diferencias en esos temas, ¿cómo podríamos hacerlo nosotros?
Es un error afirmar que existen variaciones teológicas entre estas confesiones. El hecho de que la 1CBFL ―junto con los hombres e iglesias que la redactaron― no destaque ni enfatice ciertos aspectos no significa que sostuviera una visión distinta a la de la 2CBFL. Las diferencias pueden explicarse fácilmente en términos de los documentos usados para redactar las declaraciones bautistas. Si uno examina la True Confession de 1596 encontrará que no resalta la teología del pacto, sino la doctrina de la Iglesia. Eso explica la dirección y el énfasis de la Confesión Bautista. No se necesita más explicación. La teología de ambas confesiones es la misma.
NOTAS:
[1] Nota del traductor: «bautizaron», en alusión al proceso de adaptación de ciertas doctrinas a los distintivos bautistas.
Traducido por Juan Ospina
Tomado de: No Substantial Theological Difference between
the First and Second London Baptist Confessions – Founders Ministries









