La Hermenéutica en la Confesión de Fe de 1689

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Hace algún tiempo conversaba con una persona que titubeó ante una enseñanza que contradecía la ortodoxia cristiana, impartida por un visitante que fue a enseñar a su congregación. Lo terrible del caso es que esa enseñanza no fue cuestionada, y ningún líder hizo ninguna aclaración a la congregación, posterior a ese día. Lo más probable es que ni siquiera supiesen que esas declaraciones no eran opiniones alternativas o leves errores, sino que fueron condenadas por la iglesia de los primeros siglos como herejía. Es posible, que, ni siquiera el maestro que la impartió estuviese consciente de ello, pues se trataba de una conclusión aparentemente lógica a la que cualquiera, sin necesariamente tener malas intenciones, podría llegar a causa de la ignorancia.

La herejía enseñada en aquella ocasión fue el modalismo. Esta plantea la idea de que la trinidad de Dios puede explicarse afirmando que Dios se manifiesta de tres maneras diferentes en diferentes situaciones. Esto se opone a la realidad bíblica de que Padre, Hijo y Espíritu son personas o subsistencias que se pueden distinguir, pero que poseen una misma esencia divina, no meras manifestaciones temporales.

Ese tipo de confusiones vienen a raíz de la no confesionalidad. Donde no hay nada escrito y establecido de manera oficial, no hay forma de percibir cuándo el lenguaje se está moviendo hacia la herejía, aunque esté bañado de textos bíblicos. Pese a los prejuicios contra la misma, la confesionalidad es una necesidad imperante en nuestros días. El relativismo propio de nuestra época, el individualismo y el amor por la novedad se presentan como obstáculos a esta saludable e histórica práctica; sin embargo, debemos resistirlos por el bien de esta generación de cristianos y las próxima.

Pero, debemos aclarar que la confesionalidad no es apego ciego a documentos históricos. Ser confesionales no es dejar de ser bíblicos. No es poner un libro al mismo nivel que la Biblia. Es identificarnos con una postura definida acerca de lo que enseña la Biblia. Por ende, es también identificarnos con un sistema de interpretación bíblica. Esta es la motivación del tema de este artículo.

Al debatir con diferentes personas con relación al significado de textos bíblicos, puedo percibir que muchas veces no importan los argumentos que presentemos acerca del significado de una porción de las Escrituras, si la persona tiene una forma incorrecta de interpretar la Biblia, será imposible que nuestros argumentos le convenzan.

La hermenéutica trata con las reglas que guían nuestra interpretación de las Escrituras. Por tal motivo, conocer la hermenéutica de quienes confeccionaron nuestra confesión es de gran utilidad para aquellos que la hemos acogido. Si una confesión tiene una mala hermenéutica detrás, no es digna de que los creyentes e iglesias se adhieran a ella. Si, por el contrario, una confesión se basa en un sistema de interpretación bíblica correcto, quienes se identifican con ella van por buen camino. Esto valida la relevancia de este articulo acerca de la hermenéutica y la Confesión de fe Bautista de Londres de 1689. La idea no es profundizar en este tema, sino dar una guía general con relación al mismo.

Fundamentos hermenéuticos de la Confesión Bautista de Londres de 1689

El enfoque del presente artículo, es mostrar las normas generales que guiaban la interpretación bíblica de los teólogos que nos dieron este documento. Partiendo de declaraciones internas de la misma, veremos los fundamentos hermenéuticos de la Confesión de fe Bautista de Londres de 1689.

1. La objetividad del significado de los pasajes bíblicos

Existe en gran parte del movimiento evangélico contemporáneo lo que podríamos llamar una hermenéutica subjetiva. Conscientes o inconscientes, la idea de muchos es que la interpretación de un pasaje es asunto del individuo. Todo se reduce a la perspectiva del lector. Las discusiones teológicas se resuelven de la siguiente manera: Esta es la forma en que tú ves es ese tema, y esta es la forma en que yo lo veo. El método para escapar a cualquier confrontación es alegando que el confrontador tiene una posición doctrinal diferente al confrontado.

Si bien es cierto que por nuestras limitaciones es posible que ciertos pasajes queden fuera de nuestra capacidad de determinar su significado exacto y que en ciertos temas debemos reconocer que es casi imposible llegar a un consenso, eso no significa que los pasajes bíblicos carezcan de un sentido objetivo que nada tiene que ver con nuestras opiniones.

Nuestra confesión expresa, en el párrafo 9 del tema De las Santas Escrituras, hablando acerca del significado de los textos bíblicos: “… significado que no es múltiple, sino uno solo”.(1) Los redactores de la confesión querían dejar claro que no existen distintas lecturas del texto bíblico adaptadas al tipo de lector o a su contexto. Sino que el significado de las Escrituras es uno. Los lectores, por ende, no construimos el significado de un texto, sino que lo descubrimos.

Dios ha hablado una vez por todas y nos ha dejado un registro de su mensaje. Nuestra única responsabilidad es comprender cuál es el significado de lo que se dijo. Este primer fundamento hermenéutico nos revela por qué los Bautistas Particulares del siglo XVII se aferraron con tanta firmeza a la confesionalidad. Si el significado del texto bíblico es uno solo, entonces, después de descubrir ese significado, podemos formular documentos donde expresemos con firmeza lo que creemos que los textos bíblicos enseñan.

Si la interpretación bíblica es algo subjetivo, entonces, es un error fatal formular credos y confesiones; pero si es de naturaleza objetiva, entonces no es solo correcto sino necesario.

2. La perspicuidad de las Escrituras

Perspicuidad es la propiedad de aquello que puede ser entendido con claridad. Si las Escrituras no fueran claras, o sea, hubiese dificultad para comprender su significado, entonces, a pesar de que poseen un significado único, este significado estaría oculto a nosotros. Pero este no es el caso. Podemos llegar a conclusiones certeras acerca del significado de un texto, y por ello, formular credos y confesiones, porque de manera general las Escrituras son claras. Es cierto que existen en ella asuntos difíciles de entender (2 Pedro 3:16), sin embargo, sus verdades centrales y todo lo necesario para la vida que agrada a Dios, puede ser comprendido por el ser humano, aún desde la niñez (2 Timoteo 3:15-17).

En el párrafo 7 del tema De las Santas Escrituras, la confesión declara:

No todas las cosas en la Escritura son igualmente claras en sí mismas, ni son igualmente claras para todos; sin embargo, aquellas cosas que es necesario saber, creer y obedecer para salvación se proponen y exponen tan claramente en uno u otro lugar de la Escritura que no solo los eruditos, sino también los que no lo son, pueden adquirir un entendimiento suficiente de tales cosas mediante el debido uso de los medios ordinarios.(2)

3. La unidad de la Biblia

Los redactores de la confesión no veían a la Biblia como una compilación de textos sagrados desconectados. Más bien, la consideraban como una unidad. Esto evidente en la siguiente cita acerca del pacto de Dios:

Este pacto es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por medio de la simiente de la mujer, y después, mediante pasos adicionales hasta completarse su plena revelación en el Nuevo Testamento.(3)

Hay unidad en el plan de Dios revelado desde Adán hasta el Nuevo Testamento. Esta unidad obliga a que los textos no se interpreten de forma independiente sino como parte de un todo. No hay motivos para ver (a la manera de los dispensacionalistas(4)) dos planes distintos, uno con Israel y otro con la Iglesia, sino un mismo plan de salvación desde Adán hasta el Nuevo Testamento. De acuerdo a esto, la iglesia del Nuevo Testamento no es un paréntesis en el plan de Dios, sino el clímax del plan de Dios.

Los Bautistas Particulares del siglo XVII no podrían concebir esta idea de Dios con dos pueblos diferentes y dos planes diferentes. Esto es evidente cuando en el párrafo 1 del tema De la Iglesia, enseña que la iglesia de Cristo se compone por todos los elegidos de todos los tiempos.(5) Dios posee un solo pueblo: Su Iglesia.

4. La revelación progresiva

El párrafo citado con anterioridad no solo nos muestra que el mensaje de la Biblia es unificado, sino que además es revelado progresivamente. La plena revelación se completa en el Nuevo Testamento, después de varios pasos donde Dios va desvelando su voluntad al ser humano. Esto evita que lleguemos a conclusiones precipitadas basadas en textos del Antiguo Testamento, sin ver la plena revelación de Dios en el Nuevo.

Por ejemplo, en Jeremías 31 se observa que el Nuevo Pacto es hecho con el Israel natural. Sin embargo, a la luz de Efesios 3:4-6, Dios había ocultado que los gentiles gozarían de los mismos privilegios, junto a los judíos por medio del Evangelio. Esto, según Pablo, es revelado ahora, en la era del Nuevo Testamento, a los santos apóstoles y profetas por el Espíritu. He escuchado y leído a dispensacionalistas hablando acerca del principio de revelación progresiva, pero al mismo tiempo, negándolo en la manera en que interpretan textos como Jeremías 31.

5. La no unificación de los pactos

Los principios de interpretación que rigieron a los Bautistas Particulares no eran exclusivos. Los compartían con sus hermanos paidobautistas. Como es sabido, la Confesión Bautista de Londres no trata de ser original, sino que reconoce la común fe que levanta en alto junto a su predecesora y madre: La Confesión de Westminster.

Sin embargo, aunque quienes redactaron nuestra confesión creían en la unidad de la Biblia al igual que aquellos que redactaron la Confesión de Westminster, existe un aspecto en el que difiere la forma en que veían esa unidad. Para los de Westminster no solo hay unidad en el plan de Dios, sino también unidad en los pactos. Su idea es que tanto el Antiguo como el Nuevo Pacto son versiones distintas del mismo pacto.

Hablando del Pacto de Gracia, en el párrafo 5 del tema Del Pacto de Dios, la confesión de Westminster dice:

Este pacto era ministrado de un modo diferente en el tiempo de la ley y en el del Evangelio. Bajo la ley se ministraba por promesas, profecías, sacrificios, la circuncisión, el cordero pascal y otros tipos y ordenanzas entregados al pueblo judío; y todos señalaban al Cristo que había de venir, y eran suficientes y eficaces en aquel tiempo por la operación del Espíritu Santo, para instruir y edificar a los elegidos en fe en el Mesías prometido, por quien tenían plena remisión de pecado y salvación eterna. A este pacto se le llama el Antiguo Testamento.(6)

A esto, el párrafo 6 le añade:

Bajo el Evangelio, cuando Cristo la sustancia fue manifestado, las ordenanzas por las cuales se ministra este pacto son: la predicación de la Palabra, la administración de los sacramentos del Bautismo y de la Cena del Señor; y aún cuando son menos en número y ministradas con más sencillez y menos gloria exterior, sin embargo, en ellas el pacto se muestra a todas las naciones, así a los judíos como a los gentiles, con más plenitud, evidencia y eficacia espiritual, y se le llama el Nuevo Testamento. Con todo, no hay dos pactos de gracia diferentes en sustancia, sino uno y el mismo bajo diversas dispensaciones.(7)

Para los paidobautistas el Pacto de Gracia fue administrado de dos maneras distintas: bajo la ley, y bajo el evangelio. Esta es la razón por la cual ellos deben ver señales equivalentes en ambos pactos. De ahí su manera de considerar el bautismo como la circuncisión del Nuevo Testamento y a los hijos de los cristianos como participantes del pacto de igual manera que los hijos de los israelitas eran participantes del pacto.

Es interesante que los párrafos citados anteriormente no se incluyen en la Confesión Bautista. Considerando el anhelo de los Bautistas Particulares de confesar la misma fe reformada que sus hermanos paidobautistas, es evidente que la no inclusión de este párrafo es intencional. Ellos no consideraban que el Nuevo Pacto era simplemente una versión del pacto de gracia, sino el pacto de gracia mismo. Por lo cual, desde su perspectiva, existen diferencias notables entre ambos pactos. No son uno y el mismo pacto en sustancia. Dios tiene un solo plan, pero hizo diferentes pactos. Basados en esa visión, no veían en los textos que mandaban a circuncidar a los niños, como un llamado a bautizar a los hijos de creyentes.

De ahí esta manera de ver el bautismo:

El bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento, instituida por Jesucristo, a fin de que sea para el bautizado una señal de su comunión con Él en Su muerte y resurrección, una señal de estar injertado en Él, del perdón de pecados, y de darse a sí mismo a Dios por medio de Jesucristo para vivir y andar en novedad de vida.(8)

La diferencia que veían los Bautistas Particulares entre el Antiguo Pacto y el Nuevo se convertía en lentes a través de los cuales interpretaban la Escritura, haciendo distinciones sin la necesidad de violentar la unidad de la Biblia.

6. La analogía de la Escritura

La forma en que, según el fundamento numero 4, interpretamos Jeremías 31 a la luz de Efesios 3, nos conduce también a lo que se conoce como analogía de la Escritura. Se le llama de esta manera al principio de que un pasaje de las Escrituras se puede interpretar a la luz de otro pasaje de las Escrituras. Es  decir, la Biblia se interpreta a sí misma.

Este principio está edificado, en primer lugar, sobre la autoridad suprema que posee la Escritura sobre ella misma. Si la Biblia es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16), solo ella en este mundo es autoritaria sobre ella misma y solo ella puede determinar su propio significado. En palabras de nuestra confesión:

La regla infalible de interpretación de la Escritura es la propia Escritura; por lo tanto, cuando surge alguna duda acerca del verdadero y pleno significado de cualquier pasaje bíblico (significado que no es múltiple, sino uno solo), debe buscarse en otros pasajes que hablen más claramente.(9)

Este párrafo contradice por completo la idea de que la interpretación correcta de la Biblia descansa en la autoridad del magisterio de la iglesia, como creía y cree la Iglesia Católica Romana. Nada ni nadie en esta tierra tiene autoridad sobre la Biblia, solo ella misma. Los Bautistas Particulares del siglo XVII, junto a los redactores de Westminster, enfrentaban un contexto plagado por la enseñanza de la Iglesia de Roma (la cual sostenía su autoridad sobre el sentido de la Biblia), donde era necesario establecer dónde se encontraba la base firme para la correcta interpretación bíblica.

Este principio está edificado, en segundo lugar, sobre uno de los fundamentos anteriores: La perspicuidad de las Escrituras. Si de manera general, la Biblia habla con claridad, entonces, los pasajes oscuros, como bien enseña el párrafo citado, encuentran en los pasajes más claros su fuente de significado. Por ejemplo: No debo ir al libro de Apocalipsis para desarrollar desde allí esquemas escatológicos, sino permitir que pasajes claros de los evangelios y las epístolas nos develen el significado de un libro como este.

Aunque el concepto analogía de las Escrituras se centra en la interpretación de un pasaje a partir de otro, la realidad de que la Biblia se interpreta a sí misma es también un arma contra aquellos que pretenden buscar en el contexto histórico pasado o en el lenguaje actual, el sentido de textos cuyo significado se encuentran explícitos en el pasaje mismo.

Por ejemplo, la idea de que Pablo en 1 Timoteo 2:11,12 limita la función de las mujeres en la iglesia por causa de situaciones históricas, se cae cuando dejamos que el mismo pasaje nos de las razones del mandamiento del apóstol (vv. 13, 14). Por otro lado, la idea de que la expresión primogénito de la creación de Colosenses 1:15 significa que Cristo es el primer ser creado, según la idea herética de los Testigos de Jehová, ignora que el mismo texto nos explica por qué Pablo llama a Cristo de esta manera.

7. El Nuevo Testamento como intérprete del Antiguo

Si la biblia es su propio interprete como vimos en el fundamento 4, entonces la revelación más completa es en el Nuevo Testamento. Es decir, el Nuevo Testamento nos provee la interpretación del Antiguo. La mayoría de errores dispensacionalistas vienen de su intento de interpretar pasajes del Antiguo Testamento de manera independiente al Nuevo Testamento. Por ejemplo, si a la luz del Nuevo Testamento no es judío aquel que lo es en el exterior, sino en el interior (Romanos 2:28,29), entonces esta verdad debe moldear la manera en que interpreto las promesas de Dios en el Antiguo Testamento hechas a los judíos.

Otro ejemplo: Si según Pedro en Hechos 3: 21, los profetas, no solo Isaías, hablaron del tiempo de la renovación de todas las cosas (La Nueva Creación), entonces esta declaración debe moldear la manera en que interpreto los pasajes que hablan de la herencia futura y eterna de Israel en el Antiguo Testamento. Solo Isaías menciona los cielos nuevos y la tierra nueva explícitamente, pero según Pedro es algo común a los demás profetas, señalando que ellos, sin utilizar este lenguaje, hablaron, no de un futuro glorioso para el Israel terrenal, sino del estado eterno de la iglesia, solo que a través de sombras.

Es por ello que Zacarías 14:11 puede decir junto a Apocalipsis 22:23 que en Jerusalén no habrá más maldición. Aunque Zacarías 14 parece hablar de la Jerusalén terrenal, es obvio por las palabras de Pedro, y por la naturaleza de la promesa que envuelve que este texto, al igual que otros textos similares en los profetas, no habla de un futuro para el estado de Israel, sino de La Nueva Jerusalén en la Nueva Creación.

El hecho de que, en estos postreros tiempos, Dios haya hablado de una vez por todas por medio del Hijo (Hebreos 1:1, 2), debe moldear la manera en que leemos toda la Biblia. Cristo y su obra proveen nuevos lentes para leer el Antiguo Testamento. Por ejemplo, si Cristo y su iglesia constituyen el verdadero templo de Dios (Juan 2: 21, Efesios 2:21), no podemos esperar un futuro templo terrenal, aunque pasajes del A.T. parezcan hablar de ello. Si la obra de Cristo eliminó por completo los sacrificios de animales, no podemos esperar que Zacarías 14:21 nos esté hablando de sacrificios futuros después de la venida de Cristo. Cristo, su cruz, y los resultados de esta se convierten en una llave para la interpretación bíblica.

Las iglesias que abrazan la confesión de Londres de 1689, desechan inmediatamente la perspectiva dispensacionalista del Antiguo Testamento, aunque la confesión misma, al ser anterior a este movimiento, no dice nada acerca de estas cosas. El motivo es que la interpretación dispensacionalista se aleja de la interpretación de Cristo y sus apóstoles acerca de las promesas dadas a Israel. Lo cual contradice el principio de la revelación progresiva y la analogía de la Escritura.

La posición bautista confesional se considera por algunos como una mera espiritualización, cuando en realidad esta posición se toma con seriedad la revelación plena de Dios en Cristo. El ultraliteralismo de los dispensacionalistas se parece a la actitud de los discípulos, de Nicodemo, y de la mujer Samaritana al no comprender el lenguaje de Cristo, por estar concentrados en asuntos de esta vida y no en las bendiciones del Nuevo Pacto.

El temor a una excesiva espiritualización del texto bíblico se puede curar al tomar a Cristo y sus apóstoles como nuestros intérpretes. No debemos ser arbitrarios en nuestra interpretación dando sentido espiritual a todo, según nuestro antojo. Pero tampoco debemos ser ultraliteralistas que no permitan a la Biblia misma interpretarse a sí misma. Donde Cristo y sus apóstoles dan un sentido a un texto bíblico, mis opiniones acerca de cómo debe cumplirse, sobran.

Conclusión

La hermenéutica que sirvió como fundamento para las interpretaciones que dieron a luz las declaraciones que componen la Confesión de fe Bautista de Londres de 1689, tiene la particularidad de que, en resumidas cuentas, se sustenta en la autoridad de la Biblia misma y en la persona de Cristo. Por ende, no se fundamenta en las percepciones subjetivas, en nuestro conocimiento limitado de los contextos históricos, en la autoridad humana, en la espiritualización arbitraria o en el literalismo extremo. Si bien, la confesión no es un documento perfecto, y nuestra interpretación de la Biblia jamás será perfecta en esta tierra, podemos estar seguros de que nos encontramos en terreno seguro mientras fundamentemos nuestra interpretación en los principios antes mencionados. También, quienes adoptamos esta confesión, podemos tener la tranquilidad de que confesamos aquello que es acorde a una sana interpretación de la Palabra de Dios, según el fundamento apostólico.

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(1) Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, Edición de Lectura. (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2021), pág. 14.

(2) Ibid. págs. 12, 13.

(3) Ibid. Cap. 7, párrafo 3. Pág. 30.

(4) Dispensacionalismo: es un sistema teológico que plantea que Israel (como nación) y la Iglesia (como cuerpo de Cristo), no forman un único pueblo de Dios, sino dos pueblos con profecías, promesas y destinos diferentes.

(5) Declara: La Iglesia católica o universal, que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible, se compone del número completo de los elegidos que han sido, son o serán reunidos en uno bajo Cristo. Ibid. Pág. 79.

(6) Confesión de Westminster. Iglesiareformada.com.

(7) Ibid.

(8) Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689, Edición de Lectura (Santo Domingo, Ecuador: Legado Bautista Confesional, 2021), Cap. 29: Del Bautismo, párrafo 1. Pág. 88.

(9) Ibid. Cap. 1: De las Santas Escrituras, párrafo 9. Pág. 14.

Gensy Severino

Sirve como pastor en la Iglesia Bíblica Gracia y Verdad en República Dominicana. Como parte de su ministerio en dicha iglesia, enseña en el Instituto de Formación Teológica Gracia y Verdad, un programa local, cuyo objetivo es la formación básica tanto bíblica como ministerial de quienes colaboran o buscan colaborar en el ministerio de la iglesia. Es autor del libro: La puerta al final de la Decepción: La búsqueda incesante de Esteban Fuentes. Actualmente cursa una Maestría en Artes en Teología Bautista Reformada en el Covenant Baptist Theological Seminary, a través del Seminario Bautista Confesional del Ecuador. Reside en el Municipio Consuelo en la provincia San Pedro de Macoris, junto a su esposa Raida, y sus niñas: Sarah y Valeria.
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