La definición de la libertad cristiana (Párr. 1)
1) La base de la libertad cristiana
La base fundamental de la libertad cristiana es lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. El párrafo 1 comienza diciendo: «La libertad que Cristo ha comprado para los creyentes bajo el evangelio» [2CBFL]. Chad Van Dixhoorn dice: «Nuestras libertades no son libertades superficiales. Vienen a nosotros porque Jesucristo sufrió y murió».(1) Cristo ha comprado la libertad para los creyentes bajo el evangelio. Cristo hizo un pago total y completo por nuestra libertad.
- Él fue profetizado para liberarnos. Isaías 61:1 dice: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros»
- Él dijo que nos liberaría. Juan 8:36 dice: «Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres».
- Él nos liberó. Apocalipsis 1:5 dice: «[Y] de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre».
Entonces, cuando pensamos en la libertad cristiana debemos pensar en la cruz. Debemos pensar en Cristo pagando el precio de nuestra libertad con su propia sangre preciosa.
2) Los componentes de la libertad cristiana
La Biblia dice que Cristo, en la cruz, nos redimió, nos rescató y nos liberó de todo tipo de cosas. Y estas libertades compradas con sangre son muy gloriosas. La Confesión enumera 12 de ellas que todos los santos a lo largo de la historia de la humanidad han disfrutado. Como veremos más adelante, no son libertades naturales o políticas, sino espirituales y celestiales. Martín Lutero comenta: «Esta libertad está muy por encima de todas las demás libertades exteriores, tan alta como lo está el cielo por encima de la tierra».(2)
Estas libertades se enumeran, primero, negativamente (de qué se nos libera), y luego positivamente (para qué somos liberados).
a. Descritas negativamente (de qué somos liberados)
i. «[C]onsiste en su liberación de la culpa del pecado». Apocalipsis 1:5 dice: «[Y] de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre».
Mateo 1:21 dice: «Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados».
Tito 2:14 dice: «[Q]uien se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad […]».
ii. «[D]e la ira condenatoria de Dios». Romanos 8:1-2 dice: «Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte».
iii. «[D]el rigor y de la maldición de la ley». Romanos 7:6 dice: «Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra».
Gálatas 3:13 dice: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero)».
iv. «[Y] en ser librados de este presente siglo malo». Gálatas 1:4 dice: «[Q]ue se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre».
v. «[De] la esclavitud a Satanás». Colosenses 1:13-14 dice: «Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados».
vi. «[Y] el dominio del pecado». Romanos 6:12-14 dice: «Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia».
vii. «[D]el mal de las aflicciones». Romanos 8:28 dice: «Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito».
No somos librados de las aflicciones propias en esta vida, sino del mal de las aflicciones. El veneno de las aflicciones ha sido succionado y reemplazado con amor. Las pruebas no son varas para castigarnos por el pecado sino una medicina para curarnos del pecado. Como dice en Hebreos 12:10: «Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad».
viii. «[D]el temor a la muerte y del aguijón de la muerte». Hebreos 2:14-15 dice: «Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida».
ix. «[De] la victoria del sepulcro». 1 Corintios 15:54-57 dice: «Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley; pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo».
x. «[Y] de la condenación eterna». 1 Tesalonicenses 1:10 dice: «[Y] esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera».
No sólo seremos resucitados de entre los muertos; ¡saldremos de nuestras tumbas a la resurrección de vida y gloria y no a la resurrección de juicio y muerte!
b. Descrita positivamente (para qué somos liberados)
Chad Van Dixhoorn señala que nuestra libertad no sólo se refiere a aquello de lo que hemos sido liberados, sino también a aquello para lo que hemos sido liberados: «Por gloriosas que sean estas realidades, no sólo fuimos emancipados del mal, sino que se nos otorga plena licencia para el bien».(3)
La Confesión enumera a continuación dos libertades positivas que Cristo nos ha comprado en la cruz.
xi. «[T]ambién consiste en su libre acceso a Dios». Hebreos 10:19-20 dice: «Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne».
xii. «[Y] en rendir su obediencia a Él, no por un temor servil, sino por un amor filial y una mente dispuesta». Lucas 1:74-75 dice: «[C]oncedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días». Y en 2 Corintios 5:14 dice: «Pues el amor de Cristo nos controla […]».
Samuel Bolton afirma: «Así como Cristo con su sangre nos redimió de ser esclavos, así también, con su obediencia y su Espíritu, nos ha redimido para ser hijos. Ahora somos atraídos a servirle, no con cuerdas de temor, sino con cuerdas de amor; no por compulsiones de la conciencia, sino por deseos naturales. Así como el amor de Dios hacia nosotros fue la fuente de todas Sus acciones hacia nosotros, así nuestro amor a Dios es la fuente de toda nuestra obediencia a Él».(4)
3) Los destinatarios de la libertad cristiana
a. Todos los creyentes, a lo largo de la historia de la humanidad, la reciben de manera general.
En la segunda mitad del párrafo 1, la Confesión nos dice que incluso los creyentes bajo la ley, es decir, los santos del Antiguo Testamento, poseían estas bendiciones de la libertad cristiana con estas palabras: «Todo lo cual era, en su substancia, común también a los creyentes bajo la ley».
b. Los creyentes del Nuevo Testamento la reciben de una manera especial.
Aunque todos los creyentes a lo largo de la historia de la humanidad han bebido del mismo pozo de libertad cristiana, algunos beben más profundamente que otros. La Confesión nos dice que los creyentes bajo el evangelio, es decir, los santos del NT, poseen estas libertades de una manera ampliada en comparación con los santos del AT, lo dice con estas palabras: «[P]ero bajo el Nuevo Testamento, la libertad de los cristianos se ensancha aún más». Nuestra libertad espiritual se amplía bajo el Nuevo Pacto de tres maneras.
i. El yugo de la ley ceremonial se quita: «[En] su liberación del yugo de la ley ceremonial, a la cual la iglesia judía estaba sujeta».
En Hechos 13:38-39 dice: «Por tanto, hermanos, sabed que por medio de Él os es anunciado el perdón de los pecados; y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados [o libertados] por la ley de Moisés, por medio de Él, todo aquel que cree es justificado [o libertado]».
En Hechos 15:10 dice: «Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?»
En Gálatas 4:3-5 dice: «Así también nosotros, mientras éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre bajo las cosas elementales del mundo. Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos».
ii. Se da mayor confianza en la oración: «[Y] en mayor confianza para acceder al trono de gracia».
Romanos 8:15 dice: «Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!».
Juan 16:23 dice: «En aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre, os lo dará en mi nombre».
Efesios 3:12 dice: «[En] quien tenemos libertad y acceso a Dios con confianza por medio de la fe en Él».
Hebreos 4:16 dice: «Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna».
Hebreos 10:19 dice: «Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús».
iii. Se derrama un suministro más pleno del Espíritu Santo: «[Y] en comunicaciones más plenas del libre Espíritu de Dios que aquellas de las que participaban ordinariamente los creyentes bajo la ley».
2 Corintios 3:17 dice: «Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad».
Juan 7:39 dice: «Pero Él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado».
Juan 16:7 dice: «Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré».
En Su identidad específica como Espíritu del Señor Jesucristo, el Espíritu Santo viene a nosotros como…
- El Espíritu de sabiduría y verdad, que nos enseña de qué nos ha liberado Cristo (Jua. 8:32, 14:16-17, 15:26).
- El Espíritu de libertad, que pone sobre nosotros el yugo fácil y ligero de nuestro manso y humilde Salvador (Mat. 11:30).
- El Espíritu de adopción, que nos asegura nuestra filiación como hijos (Rom. 8:15-16; Gal. 4:6) y es la garantía de nuestra herencia (Efe. 1:13-14; 2 Cor. 1:22; 5:5).
- El Espíritu de comunión (2 Cor. 13:14; Flp. 2:1), que derrama en nuestros corazones el amor de Dios el Padre (Rom. 5:5) y nos hace conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios (Efe. 3:14-19).
- El Espíritu de oración, que nos enseña a orar e incluso nos ayuda cuando oramos (Rom. 8:26-27).
- El Espíritu de poder, que nos fortalece para vencer y mortificar nuestros pecados (Rom. 8:13).
- Y el Espíritu de gracia, que obra en nosotros los afectos fructíferos que vigorizan nuestras almas y bendicen a los demás (Hch. 9:31; Rom. 14:17, 15:13; Gal. 5:22-23).
Aplicaciones
1. ¡Llénate de asombro por la obra de Jesucristo hecha por ti!
William Gouge dijo: [Asómbrate] «en que Cristo salva del pecado, salva de la ira de Dios, de la maldición de la Ley, del veneno de todas las cruces exteriores, de la tiranía de Satanás, del aguijón de la muerte, del poder del sepulcro, de los tormentos del infierno, y ¿de qué otra no?…».(5)
Martín Lutero: «Por tanto, ¿quién puede comprender las riquezas y la gloria de la vida cristiana? Todo lo puede, todo lo tiene y nada le falta. Es señor del pecado, de la muerte y del infierno…».(6)
2. ¡Ten la seguridad de tu libertad en Cristo!
Juan 8:36 dice: «Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres».
3. ¡Sé agradecido de ser un santo del Nuevo Pacto!
Juan 8:56 dice: «Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró».
Hebreos 11:39-40 dice: «Y todos estos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa, porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros».
4. Comprométete al servicio de Cristo, porque te ha liberado para hacerte suyo.
Tito 2:14 dice: «[Q]uien se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para si un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras».
La libertad cristiana delimitada (Párr. 2)
El párrafo 2 pasa de la libertad cristiana hacia la libertad de conciencia. ¿Por qué? Porque está íntimamente relacionada con la libertad que tenemos en Cristo. La libertad de conciencia es una de las bendiciones que provienen de la libertad cristiana. Es consecuencia y resultado natural de la libertad que Cristo ha comprado para los creyentes bajo el evangelio. Fluye de la cruz.
Específicamente, esta tiene que ver con la libertad que tenemos de las opiniones, convicciones, tradiciones y mandamientos de los hombres.
1 Corintios 10:29 dice: «Quiero decir, no vuestra conciencia, sino la del otro; pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia ajena?».
Y esto es muy importante. James Renihan observa: «Esta ‘libertad’ es la libertad más básica, porque sin ella, ninguna otra es digna de mención».(7)
Por lo tanto, este párrafo amplía la libertad que tenemos en Cristo Jesús y esboza cómo se ve en nuestras relaciones con los demás, especialmente con aquellos que están en autoridad sobre nosotros. En esto, quiero seguir el bosquejo de Sam Waldron de este párrafo en su libro A Modern Exposition [trad. oficial: Exposición de la Confesión de Fe de 1689]:
- El principio fundamental
- Las implicaciones básicas
- Los requisitos generales
1. El principio fundamental: «Sólo Dios es el Señor de la conciencia».
Podemos tener muchos amos de nuestra carne, pero la Biblia es clara en que sólo tenemos un Amo de nuestra alma.
Isaías 33:12 dice: «Porque el Señor es nuestro juez, el Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey; Él nos salvará».
Mateo 23:8-10 dice: «Pero vosotros no dejéis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni dejéis que os llamen preceptores [o maestros]; porque uno es vuestro Preceptor, Cristo».
Romanos 14:4 dice: «¿Quién eres tú para juzgar al criado [o siervo] de otro? Para su propio amo [o señor] está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie».
Santiago 4:12 dice: «Solo hay un dador de la ley y juez, que es poderoso para salvar y para destruir; pero tú, ¿quién eres que juzgas a tu prójimo?».
2) Las implicaciones básicas: «[Y] la ha dejado libre de las doctrinas y mandamientos de los hombres que sean en cualquier cosa contrarios a Su Palabra o que no estén contenidos en esta».
Por la obra de Cristo, nuestras conciencias han sido liberadas de someterse servilmente a las doctrinas y mandamientos de los hombres (es decir, cosas que deben creer y cosas que deben obedecer) que están en contra de la Palabra de Dios o que no se encuentran en la Palabra de Dios.
Samuel Bolton afirmó: «… El creyente no sólo es liberado de Satanás, del pecado y de la ley; también es liberado de la obediencia a los hombres. No tenemos señores sobre nosotros; los hombres son nuestros hermanos; y nuestro Señor y Maestro está en el cielo. … No hemos de reconocer a nadie como nuestro señor supremo, ni hemos de entregar nuestra fe y nuestras conciencias, ni entronizar nuestros juicios, a las sentencias, definiciones o determinaciones de ningún hombre u hombres de la tierra, porque esto sería hacer a los hombres señores de nuestra fe… Sería una gran usurpación que alguien lo exigiera y sería transgredir la prerrogativa real de Cristo. Y no sería menos inicuo el hecho de que nosotros lo hiciéramos».(8)
3) Los requisitos generales
a. Para los seguidores/subordinados: «Así que creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos por conciencia es traicionar la verdadera libertad de conciencia».
b. Para los dirigentes/superiores: «[Y] exigir una fe implícita y una obediencia absoluta y ciega es destruir la libertad de conciencia y también la razón».
Sam Waldron afirma: «‘Fe implícita’ es exigir que alguien crea que lo que enseñamos es la Palabra de Dios sin pruebas de la Palabra. ‘Obediencia absoluta y ciega’ es requerir que alguien obedezca nuestros mandatos como si fueran los mandatos de Dios mismo (absolutamente) y sin prueba escritural de que lo son (ciegamente)».(9)
Cuando se trata de asuntos religiosos, ¡todas las enseñanzas antibíblicas y extrabíblicas de los hombres no deben ser obedecidas!
Antibíblico: «¡Se os ordena postraros y adorar la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado!» (Daniel 3).
Extrabíblico: «¡Camina según la tradición de los ancianos y lávate las manos cuando comas!» (Mateo 15; Marcos 7).
Por el contrario, ¡debemos ser cristianos Sola Scriptura en nuestras creencias y prácticas! Debemos llevar cautivo todo pensamiento, no para obedecer las falibles palabras de los hombres, sino para obedecer a la infalible Palabra de Cristo (2 Cor. 10:5). Debemos ser oidores y hacedores de la ley de la libertad (Stg. 1:25; 2:12) y no de las esclavizantes leyes de los hombres. Como dijo Martín Lutero: «Una cosa, y sólo una cosa, es necesaria para la vida, la justicia y la libertad cristianas, y es la santísima palabra de Dios, el Evangelio de Cristo».(10)
Esto no significa que descuidemos la enseñanza de nuestros pastores o que hagamos la vista gorda ante el progreso de la doctrina a lo largo de la historia de la Iglesia o que no prestemos atención a los antiguos credos y confesiones de la fe. Aunque son documentos y enseñanzas falibles, si estos explican y aplican correctamente la Palabra de Dios, entonces debemos someternos a ellos. Como afirma la Segunda Confesión Helvética: «La [correcta] predicación [y enseñanza] de la Palabra de Dios es la Palabra de Dios».
Por otro lado, esto sí significa que la única regla y norma infalible de nuestras creencias y práctica es la Palabra de Dios. Si lo que se nos pide que creamos o hagamos no está arraigado y fundamentado en las Sagradas Escrituras, si no se nos remite a la ley y al testimonio, ¡no corresponde someternos de ninguna manera! Debemos ser buenos ‘bereanos’ y examinar todo lo que se nos dice, incluso de hombres que respetamos mucho, a la luz de la Palabra de Dios (Hch. 17:11).
R.C. Sproul hace esta importante observación con respecto a la postura de Martín Lutero en la Dieta de Worms: «Muchos de nosotros estamos familiarizados con la heroica declaración de Martín Lutero en la Dieta de Worms cuando se le pidió que se retractara de sus enseñanzas. “A menos que me convenza la Sagrada Escritura, o una razón evidente, no puedo retractarme, porque mi conciencia está cautiva de la palabra de Dios, y actuar en contra de la conciencia no es ni correcto ni seguro…”.
En la Dieta de Worms, Lutero no dijo: «Mi conciencia está cautiva por mi cultura contemporánea, por la última encuesta Gallup y por la última encuesta que describe lo que todo el mundo está haciendo». Tampoco dijo: «Mi conciencia está influenciada por la palabra de Dios». En esencia, él dijo: «Estoy sometido a las Escrituras. Por eso no puedo retractarme». Si su conciencia no hubiera estado cautiva a la palabra de Dios, se habría retractado inmediatamente. Por eso es que dijo: «Actuar contra la conciencia no es correcto ni seguro».(11)
La Libertad Cristiana Destruida (Párr. 2-3)
El objetivo de la libertad cristiana se enuncia en la última frase del párrafo 3: «… [El] propósito de la libertad cristiana que es, que siendo librados de las manos de todos nuestros enemigos, sirvamos al Señor sin temor, en santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días». Esto es casi una cita palabra por palabra de Lucas 1:74-75 que nos dice el propósito de la venida de Cristo a este mundo: «[Para] concedernos que, librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días».
Pero, hay dos errores que amenazan con erosionar y destruir la libertad cristiana. El primero es el legalismo, que nos llevaría a servir a los hombres. El segundo es el antinomianismo, que nos llevaría a servir al pecado.
1) El legalismo
El párrafo 2 lleva implícita una advertencia contra el legalismo. El legalismo puede significar diferentes cosas, pero el tipo de legalismo que se señala aquí tiene que ver con autoridades que exigen a los que están a su cargo que crean doctrinas y obedezcan mandamientos que no están contenidos en la Palabra de Dios. Estas son cosas añadidas o anexadas a la Biblia. Pueden ser cosas como tradiciones (‘esto es lo que siempre hemos hecho’), sugerencias (‘quiero que hagas esto’), mandamientos (‘debes hacer esto’), o incluso declaraciones proféticas (‘¡El Señor dice que debes hacer esto!»’). Si seguimos a estas autoridades ‘por conciencia’ con una ‘fe implícita’ y una ‘obediencia ciega’, traicionamos y destruimos la libertad que Cristo nos ha comprado y nos esclavizamos a las imposiciones arbitrarias y antibíblicas de los hombres.
Samuel Bolton advierte: «Ciertamente es la mayor esclavitud y vasallaje del mundo ceder nuestras conciencias a la voluntad de cualquier hombre, o entregar nuestros juicios para que sean totalmente dispuestos según las sentencias y determinaciones de otros».(12)
R.C. Sproul afirma: «El tercer tipo de legalismo añade nuestras propias reglas a la ley de Dios y las trata como si fueran divinas. Es la forma más común y mortal de legalismo. Jesús reprendió a los fariseos en este mismo punto, diciendo: ‘Enseñan tradiciones humanas como si fueran palabra de Dios’. No tenemos derecho a amontonar restricciones sobre la gente donde Él no ha establecido ninguna restricción… Mucha gente piensa que la esencia del cristianismo es seguir las reglas correctas, incluso reglas que son extrabíblicas. Por ejemplo, la Biblia no dice que no podemos jugar a las cartas o tomar una copa de vino con la cena.
No podemos hacer de estos asuntos la prueba externa del cristianismo auténtico. Sería una violación mortal del Evangelio porque sustituiría los verdaderos frutos del Espíritu por la tradición humana. Al tergiversar a Cristo de esta manera nos acercamos peligrosamente a la blasfemia. Donde Dios ha dado libertad, nunca debemos esclavizar a la gente con reglas hechas por el hombre. Debemos tener cuidado para combatir esta forma de legalismo».(13)
Esa es la razón por la que la Escritura nos advierte de los legalistas:
Mateo 15:6-9 dice: «[…] Y así invalidasteis la palabra de Dios por causa de vuestra tradición. ¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros cuando dijo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres”».
Mateo 23:4 dice: «Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas».
Hechos 15:10 dice: «Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?»
Gálatas 2:4 dice: «Y esto fue por causa de los falsos hermanos introducidos secretamente, que se habían infiltrado para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud».
Por esto mismo, las Escrituras nos exhortan a no ceder ante los legalistas:
Romanos 16:17-18 dice: «Y os ruego, hermanos, que vigiléis a los que causan disensiones y tropiezos contra las enseñanzas que vosotros aprendisteis, y que os apartéis de ellos. Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos».
1 Corintios 7:23 dice: «Comprados fuisteis por precio; no os hagáis esclavos de los hombres».
2 Corintios 11:20 dice: «Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno se aprovecha de vosotros, si alguno se exalta a sí mismo, si alguno os golpea en el rostro».
Gálatas 5:1 dice: «Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud».
Escuche las instrucciones de John Owen sobre cómo una iglesia debe tratar a los legalistas: «Un repudio común, con toda oposición evangélica, a cualquier persona o cosa que se esfuerce en tratar restringir cualquiera de las libertades y privilegios que Cristo ha ganado para la iglesia, [dicho esfuerzo que sea] en contra de la Palabra, y usando cualquier nombre con poder sobre la iglesia. No debemos someternos ni por un momento a los que quieren llevarnos cautivos».(14)
2) Antinomianismo
La Iglesia Católica Romana se opuso a esta enseñanza sobre la libertad cristiana porque pensaba que esta conduciría a una vida licenciosa y pecaminosa entre los cristianos profesantes. Martín Lutero resume la objeción en estas palabras: «Dicen: ‘Si la fe lo hace todo y basta por sí sola para la justicia, ¿por qué entonces se ordenan las buenas obras? Por lo tanto, nos contentaremos con la fe, descansaremos y no haremos ninguna obra’».(15) En otras palabras: «Si los cristianos tienen esta libertad sólo por la fe en Cristo, ¡se convertirán en libertinos!».
Tristemente, algunos han hecho esto mismo. En vez de añadir a la Palabra, como los legalistas, ellos le quitan a la Palabra o se oponen totalmente a la Palabra viviendo en contra de ella. Pervierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje (Judas 1:4).
Pero esto es un abuso de la doctrina de la libertad cristiana y no una implicación de ella. El párrafo 3 protege cuidadosamente la doctrina de la libertad cristiana contra tales formas de antinomianismo en estas palabras: «Los que bajo el pretexto de la libertad cristiana practican cualquier pecado o abrigan cualquier deseo pecaminoso, como pervierten por ello el propósito principal de la gracia del evangelio, para su propia destrucción, por tanto, destruyen completamente el propósito de la libertad cristiana, que es, que siendo librados de las manos de todos nuestros enemigos, sirvamos al Señor sin temor, en santidad y justicia delante de Él, todos nuestros días».
La libertad cristiana nunca debe ser usada como una puerta abierta al pecado, sino que siempre debe ser vista como una amplia avenida para el servicio. Cristo nos ha liberado de la esclavitud de la impureza y de la corrupción, del pecado y de la iniquidad, para hacernos siervos de Dios y siervos los unos de los otros. Él rompe el yugo del pecado de nuestros cuellos para poner sobre nosotros Su yugo de servicio. Nunca somos libres para pecar, ¡sino que siempre somos libres para servir!
1 Samuel 12:10 dice: «“… pero ahora, líbranos de la mano de nuestros enemigos, y te serviremos”».
Romanos 6:1-2 dice: «¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?»
Romanos 6:18 dice: «[Y] habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia».
Romanos 6:22 dice: «Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna».
1 Corintios 7:22 dice: «Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, liberto es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo».
Tito 2:11-12 dice: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente».
1 Pedro 2:16 dice: «Andad como libres, pero no uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de Dios».
Gálatas 5:13 dice: «Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros».
Escucha las palabras de Samuel Bolton, James Renihan y Samuel Waldron sobre cómo nuestra libertad no debe conducir a la anarquía sino a la legalidad:
Samuel Bolton: «Hacer un manto o pretexto para pecar o tomar ocasión para pecar por medio de la religión, la verdad de Dios y de la libertad cristiana tan costosamente comprada, es un pecado terrible».(16)
Samuel Bolton: «Nos liberó de las ataduras de la miseria para que pudiéramos asumir los compromisos del deber».(17)
Samuel Bolton: «La libertad de un creyente no reside en excluirlo del servicio, sino en el servicio mismo; y, ciertamente, está aún en esclavitud aquel hombre que no considere que el servicio es su libertad».(18)
James Renihan: «La doctrina de la libertad cristiana nunca permite a los creyentes entregarse al pecado en ningún momento o lugar y de ninguna forma o manera. El objetivo de la vida para el pueblo fiel de Cristo es siempre agradarle. Debido a que han sido justificados por la fe y perdonados sus pecados gratuitamente, deben vivir para honrar a su Redentor. No obedecen para ser salvos, sino que, debido a que han sido salvos, con gusto ordenan sus vidas según Su palabra. Cada vez que un seguidor profesante de Jesús busca usar la libertad cristiana como una excusa para pecar, esto se vuelve una perversión del ‘diseño principal de la gracia del evangelio’. El objetivo genuino de esta doctrina es el servicio al Señor en ‘santidad y justicia’ a lo largo de toda la vida».(19)
Sam Waldron: «La locura y la perversión de corromper la libertad cristiana para que se convierta en un vivero de nuestras lujurias se ilustra útilmente con el Éxodo. El Éxodo de Israel de Egipto fue un tipo de redención y liberación en el Antiguo Testamento. ¿Por qué liberó Dios a Israel de Egipto? El único propósito era para que pudieran servirle. Del mismo modo, nosotros somos liberados de la esclavitud del pecado, de Satanás y de los hombres, para que podamos servir a Dios sin temor. La libertad no es el bien supremo. Esta debe estar limitada por valores superiores. Hay una diferencia entre la libertad cristiana y el culto a la libertad. La libertad no es el derecho a hacer lo que me plazca. La libertad es el derecho a hacer lo que a Dios le agrada sin temor».(20)
Así que, como cristianos que son libres y del Señor, no debemos vivir según el lema de los Rolling Stones de «soy libre de hacer lo que quiera en cualquier momento». Somos libres, pero libres para hacer lo que Cristo quiere en cualquier momento. Somos esclavos y siervos de Cristo. Él nos compró y nos sacó de la esclavitud para servirle. En cambio, nuestro lema debe ser el del apóstol Pablo cuando dijo: «Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal. 2:20).
Tomado originalmente de:
The Doctrine of Christian Liberty | Ben Carlson
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Notas:
[1] Chad Van Dixhoorn, Confessing the Faith, 260.
[2] Martin Luther, The Freedom of a Christian, 32, [para. 114].
[3] Chad Van Dixhoorn, Confessing the Faith, 261.
[4] Samuel Bolton, The True Bounds of Christian Freedom, 49.
[5] William Gouge, Of Domestical Duties, 24.
[6] Martin Luther, The Freedom of a Christian, 29, [parr. 101].
[7] James Renihan, Baptist Symbolics Volume 1. For the Vindication of the Truth: A Brief Exposition of the First London Baptist Confession of Faith, Chapter 8.
[8] Samuel Bolton, The True Bounds of Christian Freedom, 45.
[9] Sam Waldron, Modern Exposition, 321.
[10] Martin Luther, The Freedom of a Christian, 11 [para. 26].
[11] R.C. Sproul, “Is Your Conscience Captive to God?”, https://www.desiringgod.org/articles/is-your-conscience-captive-to-god.
[12] Samuel Bolton, The True Bounds of Christian Freedom, 209.
[13] R.C. Sproul, How Can I Develop a Christian Conscience, https://www.ligonier.org/learn/articles/3-types-legalism.
[14] John Owen, Duties of Christian Fellowship, 42.
[15] Martin Luther, The Freedom of a Christian, 22, [para. 70].
[16] Samuel Bolton, The True Bounds of Christian Freedom, 20.
[17] Ibid., 48.
[18] Ibid., 224
[19] James Renihan, Reformation Today article entitled “Of Christian Liberty”.
[20] Sam Waldron, Modern Exposition, 323.









