Al considerar la enseñanza bíblica sobre este tema, quiero que medites junto a mí el propósito del amén, la prueba del amén y la práctica del amén.(1)
I. El propósito de él amén
¿Qué significa?
El Theological Wordbook of the Old Testament {trad. no oficial: Manual de teología del antiguo testamento} dice:
“El derivado ‘men’ “ciertamente” se traslada al Nuevo Testamento a la palabra amén la cual en nuestro inglés {y al español} es “amén”. Jesús uso esta palabra frecuentemente (Mat. 5:18, 26, etc.) para subrayar la certeza de un hecho o tema. En las formas hebreas y griegas aparecen al final de las oraciones y los himnos de alabanza (Sal. 41:13; Sal. 106:48; 2 Tim. 4:18; Apo. 22:20, etc.) Esto indica que este término muy usado en nuestras oraciones debe expresar certeza y seguridad en el Señor, que es a quien oramos…
‘men’. Ciertamente, verdaderamente, amén. (Generalmente, es lo mismo en el ASV, RSV). La palabra expresa una cierta afirmación en respuesta a lo que se ha dicho. Se usa después de declaraciones de maldiciones solemnes (Núm. 5:22; Deut. 27:15; Neh. 5:13; Jer. 11:5) y después de las oraciones e himnos de alabanza (1 Cró. 16:36; Neh. 8:6; Sal. 41:13, etc.). Dos veces este término ha sido usado para describir el Señor (Isa. 65:16), y una vez simplemente para aprobar las palabras de un hombre (1 Re. 1:36). Por último, Jeremías usa una vez este término sarcásticamente en respuesta a los falsos profetas (Jer. 28:6)”.
¿Cuándo fue dicho?
Después de las maldiciones: Núm. 5:22; Deut. 27:15-26; Neh. 5:1; Jer. 11:15. Nehemías 5:13 es ejemplo: “También sacudí los pliegues de mi manto y dije: Así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta promesa; así sea sacudido y despojado. Y toda la asamblea dijo: ¡Amén! Y alabaron al Señor. Entonces el pueblo hizo conforme a esta promesa”.
Después de las oraciones: Sal. 41:13, 72:19; 89:52; 106:48; 1 Cor. 16:14. Salmos 41:13 afirma: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad. Amén y amén”.
Después de los anuncios: Jer. 28:6; Apo. 1:7, 22:20. Apocalipsis 1:7 anuncia “He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él; sí. Amén”.
Después de las bendiciones: 1 Cor. 16:24; Gál. 6:18. Gálatas 6:18 dice: “Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén”.
Después de las doxologías: Rom. 1:25, 9:5, 11:36, 16:27; Gál. 1:5; Efe. 3:21; Flp. 4:20; 1 Tim. 1:17, 6:16; 2 Tim. 4:18; Heb. 13:21; 1 Ped. 4:11, 5:11; 2 Ped. 3:18; Jud. 1:25; Apo. 1:6 (15 veces en el nuevo testamento la doxología concluye con amén). Romanos 16:27 dice: “Al único y sabio Dios, por medio de Jesucristo, sea la gloria para siempre. Amén”.
Esta lista de la cantidad de veces en el que el “amén” se usa en la biblia explica por qué nosotros lo decimos cuando realizamos nuestros servicios. Decimos amén en forma de respuesta a la palabra que fue leída o predicada. Lo decimos en respuesta a las oraciones cuando se pide, agradece o se bendice a Dios; también cuando cantamos para alabar el nombre de Dios. Y lo deberíamos de decir en respuesta a una bendición. Decimos amén, y debemos decir amén, en estos momentos. Esto es bíblico.
¿Por qué se decía?
Esta palabra expresa un acuerdo sincero con lo que se acaba de decir. Este acuerdo puede tomar varias formas y el amén puede tener varios significados ligeramente diferentes dependiendo de la naturaleza de lo que se ha dicho. Ante la verdad divina, este {amén} responde: Así es; ante las promesas divinas, responde: Que así sea; y ante las profecías divinas, responde: Así será. En resumen, el amén representa la respuesta del corazón de fe ante la Palabra de Dios.
II. La prueba del Amén
Uno está luchando tanto con las tradiciones humanas y los efectos entorpecedores del pecado cuando se llama a las personas a decir el amén en la adoración. Aquí, quiero probarles que, por orden divina, {el amén} debe tener lugar en la adoración corporativa. Tengo tres argumentos.
El decir “amén” fue parte de la adoración corporativa del Antiguo Testamento. Ahora bien, sé que, al exponer este argumento, yo mismo me hice preguntas. Y te estarás preguntando: ¿No está regulada nuestra adoración por las ordenanzas del Nuevo Testamento? Es cierto que hay un cambio en las formas externas de la adoración corporativa en el Nuevo Pacto, pero no es cierto que el Antiguo Testamento no tenga nada que enseñarnos acerca de cómo debemos adorar a Dios.
¿Deberíamos ignorar los primeros cuatro mandamientos, de los diez, para entender como deberíamos adorar al Señor? ¡Claro que no! Las ceremonias y los tipos y sombras del Antiguo Testamento han sido abolidos, pero, ¿esto significa que la enseñanza del Antiguo Testamento es irrelevante para nosotros? Por supuesto no. Gran parte del Antiguo Testamento es relevante. La pregunta es simplemente esta:
¿Es el decir “amén” una parte de las sombras ceremoniales del Antiguo Testamento? Podemos ver cómo el sacerdocio levítico lo es y cómo los sacrificios de sangre son tipológicos, ceremoniales y sombras. Pero, ¿el decir “amén” es tipológico, ceremonial y una sombra? No creo que lo sea. Considere los siguientes pasajes de apoyo: Deuteronomio 27:15-26; 1 Crónicas 16-36; Nehemías 8:6; y Salmos 106:48.
El decir “amén” es parte de la obra corporativa del cielo. Las adoraciones de la iglesia deben ser, y son en gran medida, la anticipación de la adoración del cielo y de la nueva era. Sabemos claramente que el “amén” se oye en la adoración del cielo. Considera Apocalipsis 5:14; 7:12, y 19:4.
El decir “amén” era parte de la adoración corporativa de la iglesia apostólica. El pasaje clave aquí es 1 Corintios 14:16, que dice: “De otra manera, si bendices solo en el espíritu, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del que no tiene ese don, puesto que no sabe lo que dices?”. Este versículo se encuentra en un pasaje que tiene como tema principal el establecimiento de normas generales para la celebración del culto de la iglesia.
Los versículos del 1 al 26 exponen la regla de la edificación y concluyen con la exhortación: Que todo se haga para edificación. Los versículos del 27 al 40 exponen la regla del orden y concluyen con una exhortación: Pero que todo se haga decentemente y con orden. El versículo 16 presupone que decir “amén” en respuesta a la adoración del pueblo de Dios cuando bendecían y agradecían a Dios era una parte normal, e incluso obligatoria, en su adoración.
Pablo usa el hecho de que se suponía que la gente dijera “amén” como la premisa misma de su argumento contra la gente que hablaba en lenguas sin traducción en la adoración publica. Decir el “amén” era una parte tan normal, natural y necesaria de la adoración corporativa de la iglesia apostólica que Pablo podía presuponerlo como la premisa misma de su argumento en este capítulo. Decir “amén” era, y es claramente, parte de la adoración de la iglesia del Nuevo Testamento. Algunos tradicionalistas se sienten muy incomodos cuando alguien rompe el silencio sepulcral de su culto tradicional. Son propensos a decir que alguien que diga “amén” no está edificando o está rompiendo el orden.
Usted puede ver lo que Pablo habría pensado de esta idea. En el mismo capítulo en el que enfatiza la importancia de las reglas de edificación y el orden en el culto corporativo, él presupone que habrá, y debe haber, varios “amén” vocales acentuando la alabanza de Dios.
III. La práctica del amén
¿Cuáles son implicaciones prácticas de todo esto? Primero, es el deber corporativo del pueblo de Dios responder con varios “amén” vocales a todas las expresiones públicas apropiadas de: alabanzas, peticiones y proclamaciones en la adoración de Dios.
Segundo, todo este asunto nos instruye en cuanto a la naturaleza de la verdadera adoración bíblica: (1) La verdadera adoración en la iglesia debe ser una expresión de unidad corporativa. (2) La verdadera adoración pública debe manifestar una participación sagrada. (3) La verdadera adoración implica una respuesta emocional a la verdad. (4) La verdadera adoración exige un corazón de fe y santa confianza.
Tercero, el decir “amén”, o la incapacidad de decirlo apropiadamente, desde el corazón es una indicación de nuestra condición espiritual ante Dios. Richard Sibbes comentó:
“El amén es una palabra corta, pero maravillosamente preñada, llena de sentido y llena de espíritu. Es una palabra que sella todas las verdades de Dios; es una palabra que sella todas las verdades de las promesas de Dios y sella cada promesa particular de Dios. Nunca es probable que surja en el alma a menos que primero haya un poder todopoderoso del cielo que se apodere de los poderes del alma para someternos y hacerla decir “amén”. Existe tal exaltación interna del corazón y tal rebelión innata contra la bendita verdad de Dios, que a menos que Dios con su brazo fuerte derribe el corazón, éste nunca, dirá ni podrá decir, amén”.
Artículo tomado originalmente de:
Saying “amen” in public worship | Sam Waldron
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(1) Nota de los editores (original en inglés): Este artículo fue originalmente escrito y publicado en el blog del CBTS en el 2015. Debido a su utilidad, se volvió a publicar ahora (2024).









