¿Estás creciendo en tu iglesia local? ¿Estás siendo edificado a través de los cultos, ministerios y compañerismo de la iglesia local? Si reflexionas sobre el último año de tu vida en la iglesia, ¿podrías decir que has avanzado en tu entendimiento? ¿has avanzado en tu conformidad a Cristo? ¿has logrado mayor victoria sobre el pecado? ¿has llegado a amar más al Señor y su pueblo?
Una iglesia verdadera tiene la misión de edificarse mutuamente en amor (cf. Efe 4:11–16), pero ¿cómo puedes sacar mayor provecho de tu iglesia local? En este nuevo año, ¿qué puedes hacer para crecer más que lo que creciste en el año pasado?
En este artículo quiero presentarte los siguientes tres consejos que te puedan ayudar a sacar mayor provecho de tu propia iglesia local en este nuevo año 2025. El artículo pasado vimos unos aspectos preliminares y también los primeros tres consejos que te recomiendo leer antes de seguir aquí.
Te quiero animar a que una de tus resoluciones para este nuevo año sea: «Este año voy a involucrarme más, comprometerme más y participar más en la edificación mutua del cuerpo de Cristo del cual soy miembro».
Las seis ‘C’ para este año
La meta es crecer en nuestro caminar cristiano, y por eso he usado una aliteración con la letra ‘C’ para facilitar la memorización de estos consejos. En resumen, si quieres crecer en tu caminar cristiano, mi consejo es:
(1) congregarte fielmente,
(2) contentarte con cada medio de gracia,
(3) concentrarte en el sermón,
(4) cargarte el culto contigo,
(5) cultivar relaciones de compañerismo,
(6) contribuir a la edificación mutua.
Ya vimos, en el artículo pasado los primeros tres consejos, ahora seguiremos con los siguientes.
4. Cargarte el culto contigo
En cuarto lugar, aunque el culto se celebra cada día del Señor, el cual debe ser guardado con firmeza, no debe quedarse solo en el día del Señor o en el templo. Para sacar mayor provecho del culto, cárgatelo contigo. No se trata simplemente de venir al culto para ser alimentado, sino también tráete una bandeja para poder llevar una porción contigo a la casa. Toma esta bandeja contigo y en tu casa vuelve a ella para seguir disfrutando de la comida espiritual entre semana. Esto puede empezar en el mismo día del Señor mismo.
Otro consejo que podría agregar a esta lista es «Consagrar el Día del Señor». Hacer el Día del Señor un día de meditación y adoración, además del descanso físico que necesitamos. Lo que recomiendo aquí es, una vez que has participado activamente en los elementos del culto, especialmente el sermón, vuelve a meditar en esas cosas después con tu familia o con algunos hermanos. Para esto, los apuntes pueden servir de doble manera. No simplemente te ayudan a escuchar activamente en el sermón, sino también te dan una guía para un tiempo de culto familiar en la tarde. Resume el sermón con tus niños en una manera apropiada a sus edades. Canta juntos en familia uno de los himnos cantados en el culto. Esto también puede facilitar la mayor participación de los niños en los próximos cultos. Repite las peticiones de la oración corporativa con tu familia. Reflexiona sobre el texto leído en la lectura bíblica. Resume y medita en la verdad de la escuela dominical o estudio bíblico. Esto es una manera de seguir exprimiendo todo el jugo espiritual del culto, y también nos ayuda a usar todo el día del Señor para Él.
Otra manera de sacar mayor provecho del día del Señor es prepararte para su venida. Me gusta usar parte del sábado en la tarde para preparar algunas cosas en la casa y de mis niños para el día del Señor. Cuanto más podamos hacer antes, menos tiempo tenemos que usar en estas cosas en el Día del Señor. Lo que te diré a continuación no lo veas como leyes, sino como buenos consejos que quiero que consideres: escoger la ropa que vas a llevar el día anterior, poner los zapatos de los niños por la puerta, dejar la casa limpia el sábado, hacer planes para el desayuno y almuerzo e incluso preparar todo lo posible en la noche del sábado, tener tu Biblia y cuaderno y pluma listos por la puerta, tener el dinero de tu ofrenda puesto en un sobre junto con tu Biblia. Y, sobre todo, recomiendo que tengas un tiempo familiar para orar por el Día del Señor para que el Señor les ayude en el culto, en el tiempo con los hermanos, y que Él sea glorificado, los santos edificados y los perdidos alcanzados.
También puedes cargarte el culto contigo entre semana. Puedes seguir reflexionando de manera personal o familiar sobre los elementos del culto. Por ejemplo, si tu pastor predica expositivamente por un libro de la Biblia, puedes leer varias veces la sección que se predicó o la que se predicará el próximo domingo. No solo meditamos en el sermón en el momento de escucharlo, sino que podemos hacerlo un asunto de meditación constante entre semana de manera personal y familiar. Si tu iglesia graba los sermones, puedes volver a escucharlo en otro momento entre semana para seguir profundizando.
En segundo lugar, debes hacer esto de manera personal en tu vida entre semana. Debes llevar la bandeja que llenaste el domingo contigo al trabajo, a la escuela, incluso al mercado. Medita en las verdades expuestas en el culto cuando tengas oportunidades, vuelve a escuchar el sermón en tu hora de almuerzo o en el viaje al trabajo, comparte esa verdad con uno de tus compañeros. Pero, sobre todo, piensa de cómo aplicar el sermón a tu vida práctica. No debes solamente pensar en estas aplicaciones el domingo, sino que debes implementarlas intencionadamente en tu trabajo los otros días y con tu familia. Si el sermón incluye un llamado a la acción —de compartir el evangelio, orar, leer la Biblia, servir a otros, amar como Cristo, ser humilde, ser paciente, etc.— busca las oportunidades para aplicar esas cosas de manera específica entre semana. Si solo buscas el beneficio exclusivamente en el Día del Señor, no vas a sacar el mayor provecho de tu iglesia local.
5. Cultivar relaciones de compañerismo
En quinto lugar, el crecimiento espiritual sucede más eficazmente en comunión con otros cristianos. Un cristiano solitario, separado de la vida del cuerpo, es muy deficiente. Es cierto que Dios acompaña a todo cristiano y nunca abandona a sus hijos, aunque sean los únicos en su ciudad. Pero, debemos tener un corazón que ama estar con otros cristianos. Si quieres sacar el máximo provecho de tu iglesia local, es importante cultivar relaciones de compañerismo espiritual.
Cuando vamos acompañados en la vida cristiana, podemos calentarnos en medio de momentos fríos, levantarnos en caídas, vendarnos cuando somos heridos, y animarnos cuando las cosas se ponen difíciles. Nos necesitamos unos a otros.
Lo esencial para tu crecimiento espiritual es estar conectado con Cristo. Pero, el conectarnos con Cristo conlleva natural y necesariamente el conectarnos con los otros miembros de su cuerpo. Otros cristianos tienen dones que pueden suplir nuestras falencias, fuerzas que pueden suplir nuestras debilidades, y a veces pueden ver más claramente esas áreas donde necesitamos crecer. No es suficiente solo estar los domingos si te desligas de la iglesia los otros días de la semana. Uno puede crecer con los medios de gracia en el Día del Señor, pero el máximo provecho viene de la comunión de los santos y la participación corporativa de estos medios.
No necesitamos meramente relaciones superficiales en que hablamos solo del trabajo, el clima, la política o el fútbol. Necesitamos relaciones de compañerismo cristiano. Estas relaciones incluyen esa vida de exhortación mutua. Necesitamos tener relaciones donde hablamos de las cosas del Señor, meditamos en la verdad juntos, leemos un libro espiritual juntos, nos animamos, oramos los unos por los otros, nos servimos mutuamente, e incluso nos reprendemos los unos a los otros. Debemos buscar relaciones así tanto para recibir como para dar. Para tener amigos en la iglesia, tenemos que mostrarnos amigables.
Otros cristianos tienen dones espirituales que pueden ayudarnos en nuestro crecimiento, pero también nosotros tenemos dones que podemos usar para el crecimiento de otros. Una relación de compañerismo sucede cuando dos (o más) cristianos están edificándose mutuamente y contribuyendo al crecimiento del otro. Necesitamos esas relaciones donde podemos ayudarnos a llevar las cargas los unos de los otros. Necesitamos esas relaciones fundadas en el amor y la verdad del evangelio.
Puede haber cosas que te mantienen lejos de otros cristianos —trasfondo personal, contexto socioeconómico, o incluso cultura—, pero en Cristo tenemos lo más importante y fundamental en común: Los dos somos partícipes de Cristo; y eso es una buena base para una amistad. Siempre es bueno tener una relación donde exista cierta sintonía y compatibilidad, pero los cristianos ya tenemos una ventaja en estas relaciones porque lo que nos define más básicamente es lo mismo que define a nuestros amigos. Y, unidos al cuerpo de Cristo, somos miembros los unos de los otros. Por eso, debemos llorar con los que lloran, y regocijarnos con los que se gozan. Esto es un pequeño retrato de cómo se ve una relación de compañerismo sana.
Espero que puedas ver la necesidad de esto, pero te preguntarás: ¿Cómo lo logro? Pues, en primer lugar, repetimos el primer consejo, congrégate fielmente. El tiempo de comunión antes del culto, entre la escuela dominical y el culto, o después del culto, o en un tiempo de almuerzo en la iglesia, son perfectos para dar inicio a estas relaciones. No te vayas muy rápidamente después del culto; quédate para hablar con los hermanos, preguntar de la vida de otros, expresar tus luchas con alguien más y pedir oración, etc.
Es lamentable que a veces el abrir nuestro corazón con otros lleva a heridas, pero el compañerismo cristiano requiere la cultivación de confianza y apertura. Una relación de compañerismo incluye el poder hablar honestamente de nuestras luchas y esperar escuchar las palabras de consuelo y exhortación del evangelio. Tus amigos son pecadores, pero el evangelio es suficiente para perdonar todo pecado y es poderoso para mortificar todo pecado librándonos de su dominio.
Además, aprovecha las otras reuniones de grupos en la iglesia. Puede ser una reunión de hombres, mujeres, jóvenes, matrimonios, o una salida como iglesia, etc. Incluso puede ser un tiempo en que los hombres salen a jugar al fútbol. Estos momentos deben ser aprovechados al máximo con intencionalidad y el deseo de formar estas relaciones.
Después de formar una relación eclesiástica con un hermano o algunos en la iglesia o sus reuniones, invítalos a la casa para cenar, para tomar un café, o para salir al parque para que los niños jueguen juntos. Esto requiere intencionalidad. Esto es parte de la práctica cristiana de la hospitalidad. No temas tenerlos en tu casa, o de ir a su casa. Esto es una manera hermosa en que podemos desplegar la obra del evangelio en nuestras almas, y también podemos entrar en mayor intimidad con otro hermano.
Debes tener este tipo de relación activa e intencional con todos los hermanos, pero está bien tener mayor intimidad con uno o dos. Una manera bíblica en que esto puede suceder es también de parte de los hermanos y hermanas maduros (cf. Tit 2). Los más maduros deben buscar hermanos más jóvenes para invertir en sus vidas.
Si eres una madre con niños ya grandes, acércate a una mamá que recién empieza y acompáñala con amor, compasión, comprensión, servicio y consejo. Si eres un hermano mayor, busca a los hermanos jóvenes para salir con ellos, enseñarles la importancia de responsabilidad, diligencia y los valores de un esposo y padre.
En cualquier caso, puedes modelar estas cosas invitándolos a tu casa, pero también pueden salir juntos a una cafetería para hablar de las luchas y necesidades de otros.
Misteriosamente, nuestro mayor crecimiento espiritual no viene cuando nos preocupamos solo por nuestros propios intereses e ignoramos a los demás. El mayor fruto espiritual muchas veces viene cuando nos preocupamos por el crecimiento de otros. Por ejemplo, hay algunos árboles que producen buenos frutos, pero cuando reciben un injerto de otra especie se produce una mezcla hermosa que produce un fruto aún más dulce. En Ecuador, esto pasa mucho con el cacao.
Algo parecido sucede en la vida cristiana. Tú puedes producir buenos frutos solo porque el Espíritu está en ti, pero cuando otro hermano es injertado en tu vida los dos ahora pueden producir un mejor fruto.
Otra manera en que podemos hacer esto es considerando a aquellos que mencionamos antes, las familias de niños pequeños, los enfermos, los que pasan dificultad. Considera cómo puedes involucrarte en las vidas de estas personas para poder ayudarles a crecer en medio de su temporada difícil. El crecimiento de los miembros individuales de la iglesia depende mucho del crecimiento de los otros miembros. Una cadena es solo tan fuerte como su eslabón más débil, y así es con la iglesia.
Por esto, si quieres crecer más y ver a tu iglesia crecer más, debes preocuparte por aquellos que están en momentos difíciles. Ofrece sentarte con los niños de esa madre soltera en el culto para que pueda concentrase mejor. Aunque pierdas algo del sermón, tu hermano más débil está recibiendo alimento, y tú puedes volver a escuchar la grabación después. Visita a los enfermos y repasa tus apuntes del sermón con ellos. Anima al hermano pasando necesidad y ve la manera de ayudarlo. De esta forma, el que recoge mucho no tiene de más, y el que recoge poco no tiene de menos.
6. Contribuir a la edificación mutua
En el último lugar, debes considerar la manera en que el Espíritu te ha equipado con dones espirituales que pueden servir para la edificación del cuerpo. Como señalamos en el punto anterior, el crecimiento fluye más naturalmente del ‘dar’ que del ‘recibir’. El mundo piensa enriquecerse por recibir, pero la Biblia nos enseña que la verdadera riqueza viene por dar.
El antiguo presidente de los EE.UU. John F. Kennedy una vez dijo: «No preguntes lo que tu nación puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu nación». Creo que este consejo aplica bien a la vida de la iglesia —«No preguntes lo que tu iglesia puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu iglesia».
Si tu única preocupación en la iglesia es lo que puedes recibir, vas a recibir poco. Pero, si empiezas a pensar en cómo dar a otros, te vas a sorprender de cuánto has recibido. La vida de la iglesia debe ser recíproca. Nadie debe exclusivamente dar ni exclusivamente recibir. Hay algunos que dan más que otros, así como hay momentos cuando necesitamos recibir y no tenemos mucho para dar. Pero, conforme a lo que el Señor nos haya dado, debemos buscar ser buenos administradores de esa dádiva divina para el bien de otros.
Hay tres maneras principales en que podemos dar a nuestra iglesia. Primero, debemos orar por la iglesia de manera general y de manera individual. La oración realmente es poderosa y un medio por el cual la voluntad de Dios se cumple en la vida de su pueblo. Si quieres ver crecimiento en el cuerpo donde eres miembro, ora para que el Señor de la mies brinde más fruto. Ora por la iglesia, por los cultos, por los ministerios, por los pastores y diáconos, por las misiones, y ora por tus hermanos de manera específica. Pregúntales cómo puedes orar por ellos entre semana, y hacer seguimiento. Al orar por un tiempo o por algo específico, pregúntales después cómo están. Y, dependiendo del resultado, regocíjate con ellos o llora con ellos.
Ora por el sermón del domingo para que el Señor lo use en tu vida y en la vida de tus hermanos. Ora por los perdidos que asisten. Ora por la edificación de tu iglesia. Si tu iglesia es edificada, tú también serás edificado.
Segundo, debes ofrendar. Dios siempre da un retorno en nuestras inversiones en la iglesia. Pablo dice: «pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará» (Gal 6:7). «Pero esto digo: Él que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará» (2 Cor 9:6).
Por supuesto, rechazo la enseñanza de aquellos que usan esta idea para dar promesas de riqueza temporal en este mundo, pero es cierto que Dios recompensa a los que son fieles en dar. Es posible que haya una recompensa especial en términos materiales hoy, pero lo que más nos interesa es la recompensa espiritual ahora y eterna después.
Cuando damos a la iglesia un tesoro temporal, Dios nos da tesoros eternos en los cielos. Además, cuando damos lo temporal ahora, Dios muchas veces nos recompensa con lo espiritual ahora. Estas ofrendas pueden ayudarte en muchas maneras. Primero, porque Dios se complace en las ofrendas de su pueblo y las recompensa. Segundo, parte de las ofrendas de la iglesia van a apoyar a los pastores lo cual es ventajoso para tu alma porque ellos se pueden dedicar más tiempo al ministerio y a la preparación del sermón. Tercero, cuando tus hermanos necesitados son ayudados, Dios es glorificado y toda la iglesia se regocija. Cuarto, cuando el reino es extendido a través de las ofrendas de la iglesia en misiones, Dios es glorificado y los santos son animados.
Hay otras maneras también, pero quiero animarte a considerar esta contribución en tu iglesia local. El dar regularmente es una manera de comprometerte e involucrarte más en la iglesia. Cuando das regularmente, tienes un mayor interés en el crecimiento de la iglesia. Al dar, va a ser un objeto de mayor atención en la oración para poder ver esas inversiones administradas fielmente. El ofrendar es una parte importante de poder sacar mayor provecho de la vida en la iglesia.
Finalmente, debes servir. Todo miembro tiene una función, y cuando todo miembro hace su parte el cuerpo total puede crecer en amor y en la plenitud de la estatura del varón perfecto. El ministerio pastoral es un servicio importante, pero no es el único servicio que Cristo reconoce. Cristo dice que incluso dar un vaso de agua fría a alguien en su nombre recibe una recompensa eterna (Mat 10:42). Cristo también dice que cuando uno da comida a un hambriento, da de beber a un sediento, visita a un enfermo, anima a alguien en soledad es como si se lo hubiera hecho a Cristo mismo (Mat 25:40).
El servicio en la iglesia no es siempre hacer grandes obras, sino muchas veces son las cosas pequeñas e invisibles que Dios recompensa más. Puedes barrer el piso, recoger las sillas, servir en la escuela dominical de niños, dar una comida a un enfermo, visitar a un hermano en medio de sus luchas, enviar un mensaje de ánimo a un hermano, ayudar con los niños de una madre soltera, compartir el evangelio con alguien más e invitarlo a la iglesia, traer un postre para compartir en el tiempo de comunión, entre muchas otras cosas. Cada iglesia es diferente, pero en toda iglesia hay maneras de servir.
Para discernir mejor cómo servir, primero, ora que el Señor te use como su siervo en la iglesia y que Él reciba toda la gloria. El servicio activo empieza con una disposición espiritual que el Señor obra en nosotros. Segundo, presta atención a los hermanos y las necesidades que ves en ellos. Pregunta a los pastores o diáconos si hay una manera en que puedes servir. Tercero, cumple tu servicio con diligencia y humildad. No busques la recompensa temporal sino la eterna. Si lo hacemos por la recompensa temporal del elogio de los hombres, esa es la única recompensa que recibimos. Pero, cuando lo hacemos por el Señor, por amor a los hermanos, y para la gloria que Dios da, nunca perderemos nuestra recompensa.
Para repetir la idea, el sacar mayor provecho de la iglesia no se trata de ver cómo recibir más, no es venir a la iglesia con una actitud de derecho y egoísmo buscando que todos nos sirvan. Los que reciben mayor provecho y crecen más son aquellos que buscan los asuntos de otros y estiman dignos de mayor honor a los demás. Los que crecen más espiritualmente son aquellos que se conforman a Cristo por medio del amar a otros y dar de su propia vida, tiempo, esfuerzo, y dinero, para bendecir la vida de otros. Mientras demos a otros, Dios se ocupa de alimentar y bendecir el alma.
Conclusión
Todo miembro de la iglesia debe esperar encontrarla como un medio eficaz para su madurez y crecimiento, pero para sacar mayor provecho de la iglesia local debemos ser recíprocos, fieles y activos.
Mi anhelo es que estos consejos puedan ayudarte a ti a crecer más en tu iglesia local en este año y que el Señor pueda fortalecer a sus iglesias en este mundo. Debemos cultivar ser una iglesia que se edifique los unos a los otros en amor, donde cada miembro se preocupa por el estado y crecimiento de los demás, y cada uno usa sus dones para el beneficio espiritual de los otros cristianos.
Para resumir y concluir, te doy estos seis consejos: (1) congregarte fielmente, (2) contentarte con cada medio de gracia, (3) concentrarte en el sermón, (4) cargar el culto contigo, (5) cultivar relaciones de compañerismo, (6) contribuir a la edificación.









