¿Estás creciendo en tu iglesia local? ¿Estás siendo edificado a través de los cultos, ministerios y compañerismo de la iglesia local? Si reflexionas sobre el último año de tu vida en la iglesia, ¿podrías decir que has avanzado en tu entendimiento? ¿has avanzado en tu conformidad a Cristo? ¿has logrado mayor victoria sobre el pecado? ¿has llegado a amar más al Señor y su pueblo?
Una iglesia verdadera tiene la misión de edificarse mutuamente en amor (cf. Efe 4:11–16), pero ¿cómo puedes sacar mayor provecho de tu iglesia local? En este nuevo año, ¿qué puedes hacer para crecer más que lo que creciste en el año pasado?
En este artículo (y en el siguiente) quiero presentarte seis consejos que te puedan ayudar a sacar mayor provecho de tu propia iglesia local en este nuevo año 2025. Te quiero animar a que una de tus resoluciones para este nuevo año sea: «Este año voy a involucrarme más, comprometerme más y participar más en la edificación mutua del cuerpo de Cristo del cual soy miembro».
Tres consideraciones importantes
Antes de empezar, es importante considerar tres cosas preliminares. Aunque siempre hay algo que puedes hacer para sacar mayor provecho de la iglesia local, hay tres otras cosas que quiero que consideres conmigo y que puedan ayudarte en este viaje.
Primero, antes de poder esperar sacar provecho espiritual de la iglesia local en el sentido de madurez y crecimiento, debes haber creído en Cristo. La conversión es un prerrequisito para disfrutar de la vida en la iglesia. La iglesia es, principalmente, para los santos y para su edificación. La iglesia es un cuerpo, y la vida beneficia a los miembros de ese cuerpo al estar conectados entre sí a través de la Cabeza, que es Cristo. Entonces, considera empezar este año creyendo verdaderamente en el Señor y arrepintiéndote de tus pecados.
Segundo, no toda iglesia es sana. Una iglesia verdadera que predica la palabra tiene mucho que ofrecer el cristiano, aunque no tenga mucha profundidad, la mejor eclesiología, la mejor doctrina, etc. Pero, hay algunas iglesias que, debido a falsa enseñanza, el perder el enfoque en Cristo y el evangelio, o el abuso espiritual en su liderazgo producen mejor un estorbo para el crecimiento de las ovejas, incluso pueden producir un retroceso. Por esto, quizás necesitas considerar la iglesia donde eres miembro y ver si es una iglesia sana donde una oveja puede ser alimentada y los plantíos del Señor regados. Si no, debes considerar con mucha oración y prudencia la posibilidad de buscar otra congregación en una manera ordenada y pacífica.
Tercero, aun los cristianos más fieles pueden pasar temporadas difíciles. Quizás has estado creciendo mucho, pero ahora tienes dos niños pequeños en casa y estás ajustándote a este nuevo estilo de vida. Quizás estás pasando un periodo de enfermedad que te impide de asistir tan regularmente a los cultos y otras actividades. Quizás tu trabajo te ha puesto más demandas que antes y estás luchando con la nueva carga. Hay mucha gracia para cristianos en estas temporadas y Dios nos promete acompañar en medio de todo momento y valle, pero quizás algunos de los consejos dados aquí van a ser difíciles de cumplir. La meta no es dar una carga adicional, sino de dar consejos prácticos para que puedas seguir creciendo y madurando, aunque algunos van a poder aprovecharlos mejor que otros.
El máximo provecho posible vendrá de escuchar todos los consejos, pero a veces el máximo provecho en tu caso particular requiere una dedicación especial a solo algunos de ellos. Eso está bien, mientras oras que el Señor te ayude en esta temporada difícil.
Las seis ‘C’ para este año
Ahora, habiendo dado estos primeros puntos, entramos a los seis consejos. La meta es crecer en nuestro caminar cristiano, y por eso he usado una aliteración con la letra ‘C’ para facilitar la memorización de estos consejos. En resumen, si quieres crecer en tu caminar cristiano, mi consejo es:
(1) congregarte fielmente,
(2) contentarte con cada medio de gracia,
(3) concentrarte en el sermón,
(4) cargarte el culto contigo,
(5) cultivar relaciones de compañerismo,
(6) contribuir a la edificación mutua.
Vamos con el primer consejo que tengo para ti.
1. Congregarte fielmente
En primer lugar, el consejo más obvio para sacar mayor provecho de la iglesia local es congregarte fielmente. No puedes esperar recibir mucho beneficio de la iglesia si no te congregas en sus cultos de manera regular. El culto, sobre todo el del Día del Señor, es el gran banquete puesto por los pastores para las ovejas; pero si nunca vienes a comer de este banquete vas a pasar hambre. Por supuesto que hay un rol importante para disfrutar de las visitas pastorales y tiempos personales con los líderes de la iglesia, e incluso lo hay para la práctica importante de nuestra devoción personal; pero el culto público es el medio principal por el cual Dios nos ayuda a crecer.
Antes de servir en el ministerio a tiempo completo, tuve el privilegio de trabajar en varias áreas. Por varios años estuve sirviendo en los ranchos de ganadería de algunos hermanos. Parte de mi trabajo era salir a darles grano para una dieta balanceada en un momento específico en la semana. Siempre buscábamos ser consistentes en este horario para poder controlar bien su alimento, pero era un horario que las vacas mismas habían aprendido. Cuando vieron desde el prado nuestra camioneta, venían corriendo a los lugares donde poníamos la comida porque estaban listas para la comida especial que les dábamos. En muchas ocasiones, ya habían aprendido el horario y estaban allí esperándonos. Ellas conocían el horario, se deleitaban en la comida que les dábamos, y por esto venían corriendo y saltando para comer.
El culto público es, salvando las diferencias, como este momento. Los cristianos deben ir preparados para el alimento espiritual que reciben en el Día del Señor. Deben estar allí esperando y anticipando las delicias que van a disfrutar de la palabra de Dios en ese día.
La palabra ‘fielmente’ que uso aquí es muy intencional. Al usar esta palabra, mi meta es incluir dos cosas a la vez: una asistencia fiel es tanto ‘regular’ como ‘activa’. No debes ser solamente consistente, porque alguien puede ser consistente en asistir una vez al mes. No debes ser solamente regular en estar allí todos los domingos. Tampoco debes ser activo en los pocos cultos a los cuales vas. Por ejemplo: No vas mucho a los cultos, pero cuando estás allí estás activo hablando con los hermanos y ayudando en lo que se necesite. Esa no es la manera. La meta es unir estas dos cosas. Es decir, debes procurar asistir a todos los cultos, a menos que seas impedido providencialmente, y debes buscar ser activo.
Un texto frecuentemente citado en este punto es Hebreos 10:25 que dice «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca». La parte negativa de este texto—«no dejando de congregarnos»—enfatiza la necesidad de ser regulares. Es decir, no debemos tener la costumbre de faltar en los Días del Señor. Pero, el mandamiento de este texto no se guarda si solo estamos allí presentes cada domingo. El mandato positivo es «exhortándonos unos a otros». Es decir, no debemos conformarnos con estar allí. Lo que el autor realmente quiere no es tener edificios llenos de personas medio dormidas, sino de hermanos activos en animarse y exhortarse los unos a los otros.
Si queremos sacar provecho del culto público, tenemos que estar allí, pero aún más, tenemos que participar activamente. Tenemos que compartir con los otros hermanos, enseñarnos mutuamente en el canto congregacional, orar fervientemente en la oración corporativa, etc. Tenemos que ser activos. Estas dos cosas producen un congregante fiel: alguien que está allí ‘regularmente’ y ‘participa intencionada y activamente’ en la vida de los hermanos allí reunidos y con los elementos del culto de adoración.
Por lo tanto, si quieres crecer más este año en tu iglesia local, procura estar allí más regularmente y participar más activamente cuando estés allí. Esto no es solamente obediencia a este mandato bíblico, sino que también es un medio que Dios usa para administrar gracia a su pueblo para su crecimiento. De este modo, una oveja puede disfrutar del alimento espiritual y puede incluso contribuir en dar esa comida a otros en el tiempo de exhortación mutua cada reunión del culto.
2. Contentarte con cada medio de gracia
En segundo lugar, debes contentarte con cada medio de gracia. Lo que quiero decir con esto es que debes estimar y apreciar cada elemento del culto. Debes entender que los ‘medios de gracia’ que Dios nos ha dado: la predicación, la oración, la palabra leída, el canto congregacional, y las ordenanzas (bautismo y cena del Señor); todos estos son medios que Dios nos ha dado para administrar su gracia a nuestras almas. Estos son medios ordinarios que Dios usa.
Por supuesto, podemos disfrutar de estas cosas en nuestra devoción personal, especialmente el leer, orar y cantar; pero hay un beneficio especial cuando los disfrutamos con el cuerpo de Cristo reunido. No hacemos estas cosas simplemente por costumbre o tradición, sino porque son cosas que Dios nos ha mandado y que Dios usa para bendecir a su pueblo.
El crecimiento de un cristiano realmente viene a través de la palabra y de la obra del Espíritu. No viene del pastor y no viene de nuestra propia fuerza. Es Dios quien hace la obra y da el fruto en cada alma. El pastor solo siembra y riega, pero los medios de gracia son formas de administrar la palabra que van acompañadas con promesas especiales de la ayuda del Espíritu Santo.
En otras palabras, todos los medios de gracia son una forma de comunicar la Palabra de gracia de Dios. Predicamos la palabra, oramos la palabra, cantamos la palabra, leemos la palabra, y vemos la palabra en las ordenanzas. Por lo tanto, no te contentes con solo llegar para la hora de la predicación, no salgas antes de la Cena del Señor, no te quedes quieto en el tiempo de cantar, no te distraigas en las oraciones y participa en la lectura de una manera apropiada.
Cuando cantamos juntos, tenemos la oportunidad de «que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones» (Col 3:16). Este texto es importante porque nos ayuda a ver que el canto congregacional es el fruto de la Palabra de Dios en nosotros, y es una oportunidad de comunicarnos los unos a los otros las verdades de esa Palabra.
La predicación es la forma de enseñanza principal bajo la autoridad de los pastores, pero en el canto congregacional todo miembro participa en la enseñanza y amonestación. Pero, tienes que ser activo. Quiero que aprecies el valor espiritual de este elemento, pero que también seas activo en participar. Canta con gozo, aunque estés desafinado, y proclama las verdades bíblicas de las letras a todos y delante del Señor. Obviamente cantamos al Señor para adorarlo, pero también cantamos a nuestros hermanos para confesar nuestra fe, recordarnos del evangelio, consolarnos en pruebas, y fortalecernos en las tentaciones.
Cuando oramos, Dios realmente escucha y obra a favor de su pueblo. Si una persona hace una petición a un rey, puede ser escuchada. Sin embargo, cuando toda una multitud pone su firma a esa petición se convierte en algo aún más poderoso. La oración pública es precisamente así. No estamos orando cada uno su propia oración, sino que estamos unidos a través de la voz que uno que nos guía a una petición a la cual todos firmamos con nuestros nombres a través del ‘amén’. Dios suple necesidades, hace venir su reino, hace cumplir su voluntad, hace crecer a su pueblo, hace renacer a los perdidos, rescata a los caídos en pecado, y muchas otras cosas cuando su pueblo ora.
Participa en la oración. Esta no es una práctica religiosa vana; Dios realmente tiene su oído abierto a la oración de la iglesia reunida. Ora con la iglesia por medio de no distraerte, poniéndote en una posición reverente y diciendo ‘amén’ tanto en tu corazón como de manera audible.
Cuando leemos la Palabra (la Biblia), Dios nos habla. Es la palabra de Dios que leemos, inspirada por el Espíritu. Es esta Palabra que hace que el hombre sea bienaventurado como un árbol plantado junto a corrientes de agua. Es esta Palabra la que nos convierte, santifica, guarda, convence, instruye y nos equipa para toda buena obra. Escucha la Palabra leída como si Dios mismo te hablara, porque así es.
Si la congregación es incluida en la lectura pública en tu iglesia, entonces participa tú también. Lee, reflexiona y medita en las palabras. Presta atención a cualquier comentario, y busca entender la verdad de Dios expresada en su Palabra. En nuestra iglesia, leemos de manera antifonal (alternando las voces), con la congregación leyendo cada siguiente versículo y el versículo final del texto asignado. Participa activamente en esto. Dios administra gracia a los oyentes de Su Palabra cuando es recibida con fe. No te pierdas este medio de gracia por distraerte o tratarlo como simplemente una costumbre tradicional.
Cuando participamos de las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor, vemos la Palabra de Dios y, específicamente, el evangelio de Cristo siendo ilustrados. Las ordenanzas toman la misma palabra del evangelio que se predica al oído, y se la presenta a los dedos, o incluso todo el cuerpo en el bautismo, los ojos, la nariz y la boca del creyente. Estas ordenanzas son medios de gracia. Dios opera en una manera especial cuando estas ordenanzas son recibidas con fe. Cristo está presente con nosotros en estos elementos de manera espiritual para alimentarnos espiritualmente.
Nuestra fe en la obra pasada de Cristo se aumenta, nuestro disfrute de la comunión presente se profundiza, nuestro compromiso con Cristo y su iglesia en esta vida se energiza y nuestra esperanza de la resurrección y las bodas del Cordero se fortalece. Estos medios son especiales. No son tampoco ritos religiosos vacíos, sino que son medios de gracia para fortalecer a los cristianos.
En resumen, mi consejo en este segundo punto es: Aprecia estos elementos por lo que son, y participa en ellos activamente. Prepara tu corazón para cada celebración; no te vayas del culto antes de participar de la Cena, ni la trates como algo opcional o superflua. Considera la Cena específicamente como una parte regular y necesaria de tu vida cristiana. Mírala con el deleite de disfrutar realmente de la comunión íntima con Cristo y su pueblo a través de su presencia espiritual con nosotros al comer y beber.
Podríamos seguir también con en el medio de gracia de ‘la predicación’, pero he separado este medio de gracia como su propio punto en estos consejos.
3. Concentrarte en el sermón
El sermón preparado por los pastores de tu iglesia en los cultos públicos del Día del Señor son un medio especial para ayudarte a crecer. Los sermones te enseñan cosas nuevas, te dan aplicaciones para la vida, te recuerdan cosas importantes, te llaman a renovar tu obediencia, te exponen los pecados, te animan y te consuelan, te ilustran cómo estudiar la Biblia para tu devoción personal, te muestran cómo presentar el evangelio a otros y, sobre todo y en todo, esto te ayudan a crecer.
El sermón es la manera principal en el que el pastor te alimenta espiritualmente. Por supuesto, las visitas, estudios bíblicos de los hombres, etc., son importantes y forman una parte de la dieta de una oveja; pero la comida principal que tu pastor te prepara es el sermón. Debes estimar altamente la Palabra predicada, pero también debes entender que el escuchar un sermón no es un acto solamente pasivo. Hay un elemento activo en acto de escuchar un sermón.
Cuando digo «concentrarte en el sermón», resumo estos tres consejos que debes considerar: (1) preparar tu corazón, (2) evitar las distracciones, (3) escuchar activamente.
En primer lugar, debes preparar tu corazón. El culto de adoración normalmente está estructurado para preparar nuestros corazones para el sermón. Por esto, normalmente viene hacia el final y casi siempre viene acompañado con un tiempo de oración. Pero, debes prepararte aún desde antes. Debes orar por tu pastor entre semana para que Dios lo ayude en su preparación. Debes pedirle a Dios que te dé oídos para escuchar y un corazón para recibir y aplicar lo que escuchas. Pide la iluminación del Espíritu para que puedas entender las verdades profundas que se van a exponer (Efe 1:15–18).
En segundo lugar, debes evitar las distracciones. En una ocasión Cristo enseñó, por medio de una parábola, que hay pájaros que buscan arrancar la semilla de la palabra que es sembrada en nuestras almas. Usando esta misma ilustración, quisiera alertar de los varios pájaros que puedan arrancar la semilla de nuestros corazones.
Primero, están los pájaros de la preocupación. Podemos fácilmente distraernos en el culto pensando en las cosas que vamos a hacer después del culto, ¿qué vamos a almorzar? ¿qué tengo que hacer esta semana en el trabajo? ¿cómo voy a pagar esta cuenta? A veces las ansiedades que tenemos fuera del culto buscan entrar en medio del culto para arrancarnos la semilla sembrada. Entonces, debemos evitar estos peligros por medio de hacer buenos preparativos para las actividades después del culto y así poder entregar esas, y otras, preocupaciones al Señor antes del culto, pidiendo que el Señor no permita que nos distraigan en ese tiempo.
Segundo, están los pájaros críticos. Debemos escuchar activamente, comparando la enseñanza del pastor con la Palabra de Dios para tener una limpia conciencia de lo predicado. Es decir, debemos ser como los ‘bereanos’ que no simplemente recibieron ciegamente la enseñanza de Pablo, sino que la escuchaban con un corazón sometido a la Palabra de Dios.
Sin embargo, una actitud muy crítica puede distraernos. Si quizás hemos tenido un roce con el pastor o un hermano, o no estamos de acuerdo con cierta afirmación o interpretación, etc. podemos terminar perdiendo todo el sermón por estas cosas y con esto perder también el beneficio espiritual. Si vas a una iglesia donde los sermones tienen más hueso que botar que carne para digerir, debes analizar la salud de tu iglesia y tu membresía allí. Pero, incluso en las buenas iglesias, un corazón crítico nos puede distraer. Aunque no estemos de acuerdo en todo, debemos evitar que esos puntos secundarios nos hagan perder todo el sermón.
Tercero, están los pájaros teológicos. Estos pájaros parecen ser muy útiles, pero pueden dañar la semilla. Yo lucho mucho con estos pájaros. Estos pájaros nos distraen por desviarnos en nuestro propio estudio teológico en medio del sermón. A veces un sermón nos recuerda de otro texto o punto teológico, y empezamos a estudiar y pensar en esta otra doctrina; y ya para cuando nos damos cuenta, el pastor está en su siguiente punto o en la conclusión y perdemos la mitad del sermón. Podemos anotar estas cosas en un cuaderno para estudiarlos luego entre semana o en la tarde, y así mantener nuestras mentes concentradas en el sermón.
Cuarto, están los pájaros ambientales. Dependiendo del lugar donde se congrega tu iglesia, puede haber ruido de fondo de la calle, de un niño pequeño, o de tu propio teléfono. Debes procurar concentrarte de tal manera que este otro ruido no te distraiga. En cuanto a los niños, puedes considerar que es una bendición de tener niños pequeños en el culto y así tener paciencia con ellos mientras aprendan sentarse en el culto. Incluso, si viene de un niño de una familia joven, considera ayudarle de alguna manera para que ellos puedan sacar mayor provecho del culto.
Además, debes tener mucho cuidado del gran cuervo que consume mucha semilla que es tu teléfono. Muchos cristianos usan su teléfono como su Biblia, lo cual está bien, sin embargo, esto puede presentar una posible distracción. Si te suena el teléfono en el culto, puede distraerte a ti y a los demás, incluso en modo silencio puedes perderte en medio del sermón revisando un mensaje, un correo, o las redes sociales. No debes esperar mucho beneficio del sermón si pasas la mitad de este revisando las redes sociales. Si esto te es una distracción, entonces considera usar una Biblia física, o poner el teléfono en modo avión, o dejarlo en el carro. Algunos pueden evitar esta distracción mejor que otros, pero haz lo necesario para que tú puedas sacar mayor provecho del sermón.
En tercer lugar, con respecto a lo que me refiero con «concentrarte en el sermón», debes escuchar activamente. Obviamente, esto significa prestar atención, pero, es más que eso. Debes siempre acercarte al sermón buscando recibir algo. Incluso si es un sermón sobre un tema que dominas bien, el ‘recordar estos temas’ también es una parte importante de la vida cristiana. El recordar puede fortalecer nuestras mentes, expandirlas, ayudarnos a hacer conexiones con otras verdades o textos, o abrir nuevas áreas de aplicación de la misma verdad.
Debes buscar responder ciertas preguntas en cada sermón:
(1) ¿Cuál es el tema principal del sermón?
(2) ¿Cuáles son los puntos principales del sermón? O, ¿Cuál es el bosquejo?
(3) ¿Qué verdad acerca de Dios me enseña este sermón?
(4) ¿Cómo este sermón me hace amar más a Cristo?
(5) ¿Qué pecado mío es expuesto en este sermón?
(6) ¿Cómo puedo aplicar estas verdades a mi vida?
Debemos buscar siempre trazar el argumento del sermón y la manera en que el pastor desarrolla su tema y expone el texto. Debemos siempre buscar conocer más íntimamente a Cristo a través de cada verdad aprendida o recordada. Y, debemos siempre buscar vivir más fielmente a la luz de la verdad predicada.
Podemos pensar en estas tres categorías para ayudarnos: mente, corazón y vida. En cada sermón, podemos aprender o recordar una verdad en nuestras mentes. Debemos ser movidos en nuestro corazón. Esto puede variar dependiendo del sermón. Puede evocar varias emociones del corazón: gratitud, gozo, tristeza, arrepentimiento, resolución, fervor, valentía, consuelo, etc. Debemos escuchar con nuestras mentes y con nuestros corazones. Finalmente, debemos buscar ver nuestras vidas cambiadas y conformadas a la imagen de Cristo en cada sermón.
Para muchos cristianos, el tomar apuntes es una práctica útil para sacar mayor provecho del sermón. Estos apuntes te pueden servir en el próximo consejo, que veremos en el siguiente artículo. Estos apuntes pueden ser escritos, pero incluso algunos cristianos lo ilustran a través de una serie de dibujos que les ayudan. En esto, debes conocerte a ti mismo y cómo aprendes mejor, y tratar de implementar una manera de escuchar o tomar apunte que facilita ese aprendizaje. Si te ayudan los apuntes, prepara tu Biblia, un cuaderno, y una pluma para llevártelos a cada culto. Puedes también usar una aplicación en el teléfono que te ayuda a hacer esto, evitando los peligros antes mencionados.
Hasta aquí he compartido contigo estos primeros tres consejos, (1) congregarte fielmente, (2) contentarte con cada medio de gracia, (3) concentrarte en el sermón; y espero que te puedan ayudar a sacar mayor provecho de tu propia iglesia local en este nuevo año 2025. Recuerda que la meta es crecer en nuestro caminar cristiano. Seguiremos con los últimos tres consejos en el siguiente artículo.









