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Acerca de ser bautista, reformado y católico

«Catolicidad» es una hermosa palabra. Esta palabra representa la verdad encontrada en el texto de Juan 17:20-23 y Efesios 4:1-6. Los primeros «servidores de la Palabra» de la Antigüedad tardía la consideraban unas de las notae [o marcas] de la iglesia (las otras marcas eran ‘unidad’, ‘santidad’ y ‘apostolicidad’). Esta palabra ha servido de ánimo para algunos de los mejores siervos de Dios, como Basilio de Cesarea y Juan Calvino. Y es profundamente necesaria en nuestros días.

Pero, me temo que esta palabra se la elogia mucho más de lo que se indaga activamente. Tomemos la tradición a la que pertenezco abiertamente: la de los bautistas particulares o calvinistas, que remonta sus raíces a hombres como Henry Jessey, Hanserd Knollys, Thomas Pantient, John Miles y, especialmente, William Kiffen, todos ellos del siglo XVII. Creo que ellos recuperaron acertadamente algunos énfasis apostólicos clave con respecto a la eclesiología en la que llegaron a diferir de otros que eran afines en su teología reformada. Sin embargo, mantuvieron estos rasgos distintivos con corazones moldeados por la catolicidad.

Estoy seguro que algo de esto tiene que ver con la influencia del irenista Henry Jessey en los primeros años entre finales de la década de 1630 y principios de la década de 1640. La persecución durante los reinados de Carlos II y Jacobo II, cuando estos bautistas se encontraron en prisión con disidentes de diversas tendencias, también contribuyó a crear este espíritu de catolicidad.

Cualesquiera que sean las causas, no se puede negar la marca de catolicidad que se encuentra entre estos bautistas a finales del siglo XVII (y eso a pesar de las enormes tensiones sobre ciertos asuntos eclesiales como el hecho de quiénes pueden participar en la Cena del Señor y sobre el asunto del canto de himnos). Y, a finales del siglo XVIII, la encontramos de nuevo ricamente manifestada y vivida.

Pensemos en Andrew Fuller. Sus desacuerdos con los hipercalvinistas, como Wiliam Button, no le impidieron mantener buenas relaciones con el ministerio de Londres y disfrutar de la comunión con él. No tardó en criticar el sandemanianismo de Archibald MacLean, pero, una vez más, Fuller y MacLean disfrutaron de momentos de rica comunión. Lo mismo puede decirse de Fuller y su amistad con Dan Tylor, el líder de la Nueva Conexión Bautista Arminiana. En Escocia tuvo comunión con varios presbiterianos y, en Inglaterra, se unió en oración con fieles evangélicos como John Berridge. Lo mismo ocurrió con varios bautistas particulares de la época de Fuller, hombres como: John Oulton de Liverpool, Anne Dutton, Andrew Gifford el joven, James Hinton de Oxford, Daniel Turner, John Fawceett, John Sutcliff de Olney, John Ryland hijo y su padre con el mismo nombre, John Collett Ryland.

En nuestros días, hemos visto una recuperación de la teología de estos padres de los siglos XVII y XVIII, pero no de esta notae [o marca] de su eclesiología. Los bautistas reformados, especialmente en Norteamérica, tienden a ser individuos pendencieros que se dividen por diversos temas. De hecho, cualquiera que conozca la fisura del fundamentalismo estadounidense podría concluir que los bautistas reformados ‘modernos’ pueden adherirse a la teología reformada en sí, pero su «ethos» procede de las disputas del fundamentalismo del siglo XX.

Cuando comencé a estudiar la herencia bautista particular y a sentir el llamado a comprometerme con un genuino ‘resurgimiento’ tanto de la teología como del ‘ethos’ de esta tradición, conocí a un ejemplo viviente de esta gloriosa tradición llamado Erroll Hulse. ¡Pero qué notable líder y autor cristiano llegó a ser! Especialmente en el ámbito de la unidad cristiana. Desempeñó un papel clave en la publicación de mi libro «One heart and one soul: John Sutcliff of Olney, his friends and his times» {trad. no oficial: Un corazón y un alma; John Sutcliff de Olney, sus amigos y su época} y también de mi otro libro: «Kiffin, Knollys and Keach».

En cierto modo, el pastor Hulse imprimió en mi alma su visión de la unidad cristiana, especialmente entre los bautistas que afirman pertenecer al campo reformado, por lo que me produjo una profunda insatisfacción con la práctica bautista reformada actual en lo que se refiere a esta nota vital de la iglesia.

¡Oh, que podamos preservar la unidad de todos los que aman al Señor Jesús con sinceridad!

Artículo tomado originalmente de:
On being Baptist, Reformed, and catholic | Michael Haykin

Michael A. G. Haykin
Nacido en Inglaterra de padres irlandeses y kurdos, Haykin es profesor de historia de la iglesia y espiritualidad bíblica. Tiene una licenciatura en Filosofía de la Universidad de Toronto (1974), una maestría en religión del Wycliffe College, la Universidad de Toronto (1977) y un doctorado en Historia de la Iglesia del Wycliffe College y la Universidad de Toronto (1982). Haykin y su esposa, Alison, tienen dos hijos adultos: Victoria y Nigel.
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